Política y Economía


Luis Antonio Godina Herrera


11/07/2011


Lecciones electorales


El fin de semana pasado se llevaron a cabo elecciones en 5 estados de la República: Coahuila, Estado de México, Hidalgo, Puebla y Nayarit. Los resultados para el partido del gobierno no fueron nada buenos: perdió las tres gubernaturas en juego, los municipios más importantes en Hidalgo y en nuestro estado hubo división de opiniones.


No obstante el resultado más espectacular fue el del Estado de México en donde el candidato del PRI Eruviel Ávila ganó por más de 40 puntos a dos personajes de la política nacional: Alejandro Encinas (exjefe de Gobierno del DF y excoordinador de la bancada del PRD en la Cámara de Diputados) y Luis Felipe Bravo Mena (expresidente del PAN y exsecretario Particular del presidente de la República), nada más y nada menos.


Los perdedores sobre todo Encinas, se quejó como siempre de una elección de Estado, nada más falso pues él contó con todo el apoyo del gobierno de Ebrard, y los programas federales apoyaron con todo a Bravo Mena. Los electores fueron inteligentes y votaron por alguien a quien ellos conocían pero que además realizó una campaña cercana a la gente. No solamente era al momento de la decisión el mejor posicionado, sino que al mismo tiempo supo armar una oferta de campaña creíble y se rodeó de toda la clase política priista, sin distingos, para llevarla adelante. Ante un candidato y una campaña así no hay coalición que venza al PRI (o a ningún partido que opere de manera similar).


Hace un año en Puebla lamentábamos la derrota del PRI a manos de la coalición encabezada por el hoy gobernador Moreno Valle. En política, como en la vida, el hubiera no existe, pero quizá otra sería la historia si el empecinamiento en el PRI no se hubiera impuesto. Al PRI en Puebla le faltó sentido común y sobre todo altura de miras. La lección del Estado de México es esa, debe ser candidato quien deba serlo, quien pueda ganar y articule una oferta de gobierno en donde se sumen todos. La experiencia poblana es la antípoda de estos supuestos.


En menos de un año iremos de nueva cuenta a las urnas para renovar el Poder Ejecutivo y el Legislativo, no será una elección sencilla. El PRI deberá trabajar mucho en los estados en donde no es gobierno, en Puebla los que no hemos tenido oportunidades en los últimos años, debemos exigirlas y cerrarle el paso a la cerrazón y sobre todo a los vicios y a los cuadros que deben ser ya superados. Tendremos que armar una oferta que se finque en lo nacional pero que tenga una base en las necesidades locales y regionales. Una agenda legislativa propia debe ser el eje que articule las campañas al Congreso. El debate como instrumento para determinar perfiles para cada candidatura. Nunca más la decisión cupular o a espaldas de la militancia. Eso fue. Ya  no debe repetirse.


No será una elección sencilla, lo reitero. El gobierno y su partido harán todo por conservar el poder y la izquierda buscará lo que se le arrebató en el 2006. El candidato hasta ahora mejor posicionado deberá hacer lo que se hizo en su estado, sumar a todos para ganar el 2012. El proyecto de país está en juego. La oferta de cada partido debe ser la base para que los votantes elijan. Julio de 2012 está empatado ya con julio de 2011.

 

Pie de página. Durante el fin de semana tres hechos nos consternaron: la muerte del filósofo y maestro Adolfo Sánchez Vázquez (Doctorado Honoris Causa de la BUAP),  el asesinato de Facundo Cabral y 98 muertos en 48 horas producto de la guerra de Calderón. Estos dos últimos acontecimientos están emparentados. Cabral tenía nombre y rostro, de los 98 muertos en nuestro territorio sería imposible pedir que tuvieran lo mismo. El alto a la sangre es una demanda que se tiene que escuchar más fuerte.

 

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