SIN RODEOS


Marcela Jiménez Avendaño

09/07/2009


ENTRE EL FUNERAL DE JACKSON Y EL TRINFO DEL PRI


Vaya título!  Esta semana hemos pasado entre el bombardeo de los funerales y homenajes del ídolo del pop Michael Jackson y los resultados de la elección del domingo pasado en que privó la información sobre el triunfo arrollador del PRI, calificado no menos que de una gran hazaña con la consecuente mitificación de sus principales dirigentes.

 

Como buena priista irredenta y crítica que soy, incluso de mi propio partido, me parece que se deben hacer algunas reflexiones para colocar estos triunfos en su exacta perspectiva.

 

El PRI logra ganar el 5 de julio no en función de votos nuevos con respecto a las elecciones federales del 2006, sino por la negación de los ciudadanos de volver a votar por el PAN (5 millones de votos menos) y el PRD (perdió 8 millones de votos), partidos a los que otorgó su voto hace tres años y que, dado estos resultados, muestran su desaprobación a lo hecho durante este tiempo.

 

De haberse operado un voto de castigo, tal como muchos analistas sugieren, estos ciudadanos habrían votado por el PRI, pero simplemente no acudieron a las urnas o votaron en blanco.  El abstencionismo y no el incremento de votos es lo que en realidad permitió que ganara el Revolucionario Institucional.

 

En el 2006, el PRI a nivel nacional obtuvo, en la elección de diputados federales, 11,619,679 votos, mientras que el pasado 5 de julio logró 12,663,292 de votos –ya sumados con los obtenidos en su coalición con el Partido Verde-, es decir, tan solo un millón más. En Puebla no fue la excepción: en el 2006 tuvo 566,468 votos y en el 2009  581,809, lo que significa tan solo quince mil votos extra. Cabe destacar que en nuestro estado el PAN obtuvo la mitad de votos que hace tres años y el PRD cinco veces menos.

 

Pero para que se entienda mejor, este año no votaron poco más de 42 millones de mexicanos, solo acudieron a las urnas cerca de 34 millones mientras que en el 2006 votaron 41 millones con 1 millón de votos nulos contra casi 2 de este año.  Ahí quedan entonces los votos perdidos de los partidos castigados en este proceso electoral.

 

Pero ¿de qué nos sirven estas cifras en la definición de lo que le espera a Puebla el próximo año en que se renueva la Gubernatura, las Alcaldías y el Congreso local?.

 

Por principio de cuentas, no podemos pensar que esta votación es un premio de los ciudadanos hacia el partido ganador, sino habrá que aceptar que el voto duro del PRI, que me gusta llamar fiel, se expresó, destacando nuestra incapacidad para convencer a nuevos votantes.  Y segundo, estos triunfos le exigen al partido un mayor compromiso con los ciudadanos, una mejor cultura del servicio público, honestidad y eficiencia en los cargos a desempeñar, a ser mejores líderes y gestores comunitarios. Ello porque seguramente en el 2010 no habrá el mismo nivel de abstencionismo y el votante indeciso definirá la elección.

 

En el año 2000, cuando el PRI perdió por primera vez la Presidencia de la República, quienes ahí militábamos sabíamos que se requería una renovación absoluta en nuestras formas de hacer política. Giraron en el aire palabras como democracia interna, transparencia, rendición de cuentas, relevación generacional, etc.  Después volvimos a ganar todo en la elección intermedia del 2003 y todo ese ánimo reformador se quedó en el cajón.  En el 2006 los ciudadanos nos volvieron a castigar en lo que sería nuestra peor derrota electoral, salieron a la luz las mismas palabras de cambio, y ahora en la elección intermedia del 2009 volvemos a ganar todo.  Lo grotesco de esto es que el PRI del siglo XXI que los mexicanos nos exigen continúa en el cajón y pintado en algunos muros de sus edificios y páginas web.

 

De ahí que al estilo del rey del pop, el antiguo rey político debe ser velado y enterrado para dar paso a uno nuevo y renovado. Mientras su dirigencia siga ciega por los triunfos coyunturales y se niegue a entender el significado de lo que la historia reciente nos muestra, estaremos condenados a repetirla.

 

Nunca como hoy el PRI esta obligado a ser un partido moderno y democrático, eficiente y transparente. Quienes asuman que México está muy a gusto con los políticos tradicionales volverán a echar a perder nuestra nueva oportunidad de ser mejores. No tendríamos excusas válidas si volvemos a cometer los errores de siempre.

 

En tanto, nos leemos la próxima semana.

 



 
 

 

 
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