Sociedad abierta


Violeta Lagunes


26/10/2010


Niños narcos … ¿Ficción, vocación o destino?


Hace unos días, mientras platicaba con algunas de mis amigas, veía cómo jugaban sus hijos. En algún momento, Pepe, uno de ellos, volteó a verme y me gritó: “¡Mira tía, el papalote que me regalaste el Día de Niño!”.


Este comentario no fue lo que llamó mi atención, sino que jugara con el papalote en medio de sus amiguitos armados; por eso le pregunté qué hacía con ese juguete. Él me contestó: “Soy el encargado de distraer a los enemigos, somos narcotraficantes”.


Todas las amigas reunidas (35-45 años) comenzamos a hablar del tema: los niños de hoy ya no quieren ser bomberos ni maestros ni policías, como en nuestros tiempos, ahora nos preguntan cómo se le hace para ser narcotraficantes.


Pero analicemos las razones. De entre los jóvenes de 16 y 18 años, sólo 4.2 de 6.5 millones estudian. Luego del bachillerato, la escuela ya no es la actividad principal, así que de 10.5 millones que tienen entre los 20 y 24 años, únicamente 2.5 están en alguna institución educativa, y alrededor de 5 millones trabajan, los restantes no hacen ni una cosa ni la otra (“ninis” —algunos organismos no gubernamentales señalan inclusive cifras hasta de 7 millones—). Al no encontrar un trabajo ni estudiar, varios de los jóvenes comienzan a delinquir.


Así, el año anterior, del total de homicidios 32.59 por ciento tuvo como responsables a personas entre los 18 y 24 años; en ese mismo rango de edad se concentró la comisión de 28.56 por ciento de las violaciones; 39.31 por ciento de los robos; 18.53 por ciento de los casos de posesión de armas prohibidas y 18.33 por ciento de los casos de abuso sexual. Se estima que un 30 por ciento del total de estos casos, los implicados tenían antecedentes de delincuencia juvenil; peor aún, el 14 de agosto de 2009 se publicó en el Diario Oficial de la Federación el decreto por el que se realizó una reforma complementaria al artículo 18 constitucional, en el cual se establece el sistema de justicia penal para niños y adolescentes, unificándose en todo México la edad de 18 años para ser sancionado conforme a las leyes punitivas, por lo que cada día va en aumento el número de niños menores de edad que se van convirtiendo en brazos ejecutores de la delincuencia organizada.


Nuestras niñas y niños perciben esta realidad, se dan cuenta de que actualmente aunque estudies o trabajes no hay futuro, que no existe brújula para las generaciones que vienen detrás de nosotros, que pareciera que a los únicos a los que les va bien es a los delincuentes, a los narcos. Por esta razón, no tienen confianza en el porvenir, además de que les aterra la extrema competencia que les tocó vivir, producto de la globalización.


Por otra parte, he visto cómo en los medios de comunicación señalan que debido al alto número de ejecuciones en México en los últimos años, los niños que quedan huérfanos no tienen otro camino que la delincuencia, pero si es verdad que la mayoría de esas muertes son originadas por ajustes de cuentas entre bandas delictivas, ¿ustedes creen que esos niños tendrían otro destino aun cuando sus padres estuvieran vivos?


Por ello, es necesario que como sociedad dejemos de esperar a que las cosas mejoren por arte de magia o por la intervención del Estado; a cada uno de nosotros, desde nuestras trincheras, corresponde lograr una reforma cultural que nos permita estar unidos en torno a la familia, a los ideales y tradiciones, y no sólo a gustos y aficiones, haciendo frente al consumismo, al resentimiento y a la violencia. Elevemos los valores supremos de la sociedad, como la solidaridad, la justicia y la tolerancia, busquemos que cambie la realidad de los menores de edad, y que el crimen organizado deje de ser el “gran empleador de los jóvenes” y una aspiración de nuestros niños.

 



 
 

 

 
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