Los Conjurados


Erika Rivero Almazán

 

Revolución en el PAN

 

Hoy como nunca, Acción Nacional se enfrenta a sus propios demonios.


No existe precedente en Puebla que una corriente con tanta fortaleza como la que representa Ángel Alonso Díaz Caneja y Roberto Grajales exigiera públicamente la guillotina para sus dirigentes, los responsabilizara de la derrota electoral y expusiera la ineptitud de sus líderes llamándolos por su nombre y apellido.


Lo que está haciendo el senador es romper con una de las reglas de oro del PAN: jamás ventilar los conflictos internos.


Por otra parte, y también de manera inédita, jamás el ala más conservadora de la derecha había manifestado a través de uno de sus fieles alguna traición llevaba a cabo por el líder moral del partido a nivel nacional, o sea, el presidente de la República.


Sin cortapisas, el diputado federal Alfonso Bello culpó a Felipe Calderón de vender la elección del pasado 11 de noviembre al gobernador Mario Marín.


La guerra es abierta, franca.


Y la descomposición del panismo está siendo registrada por todos los medios de comunicación.


Ante esta verdad evidente, ¿qué es lo que piensa y siente el militante panista?.


¿Cuál es la versión que está creyendo el panista poblano?


¿El PAN perdió por una negociación de Calderón con Marín o fue producto de las pésimas decisiones del grupo en el poder, empezando por el bunker de Toño Sánchez Díaz de Rivera?


Las entrañas del PAN son extrañas e impredecibles.


Pero a pesar de que guarda absoluta fidelidad a la figura del presidente del Comité Directivo Estatal y Municipal (Rafael Micalco y Jorge Ehlinger, respectivamente) y difícilmente pondrán a la obra alguna acción para destituirlos de manera oficial, el corazón panista está lleno de resentimientos contra sus dirigentes.


La versión de que Calderón se prestó a una concertación con Marín les suena ilógico y poco creíble.


Es más, consideran que existe una total cerrazón de sus líderes oficiales para reconocer sus errores, y peor tantito, para enmendarlos.


Ángel Alonso lo sabe y no está desaprovechando la oportunidad que se le ofrece.


No es casual el activismo del senador en el interior del estado: no para de reunirse con los grupos panistas hasta en los municipios más recónditos.


Díaz Caneja maneja un juego abierto y un discurso congruente: quiere la cabeza de Micalco y va por ella.
Pero no es ningún ingenuo. Conoce a la perfección el suelo que pisa y no dará un paso en falso. Sabe que es imposible destituir a Micalco. Al menos por ahora.


La intención real es alimentar el descontento de por sí existente entre la militancia, con miras a explotarlo en la renovación del Consejo Político Estatal, próximo a celebrarse en marzo del año entrante.


Ya para esas fechas, Manuel Espino habrá partido y la llegada de Germán Martínez a la dirigencia nacional revitalizará al grupo de Ángel.


Ojo: es cierto que no existe relación alguna entre Micalco y Germán Martínez y difícilmente la habrá. A la fecha, el próximo presidente del CEN no se ha tomado la molestia de contestar ninguna de las frecuentes llamadas de Micalco para solicitar un cercamiento.


Así las cosas, Ángel planea llevar a su gente a ocupar la mayoría de los 105 lugares que se renovarán en el Consejo, única instancia capaz de destituir al presidente del CDE si votan las dos terceras partes del mismo a favor.


Esa es la verdadera intención del senador: decapitar a Micalco para marzo, colocar a uno de sus cercanos en esta posición y desde ahí impulsar sus aspiraciones a la gubernatura.


Pero una cosa son los deseos y otra las posibilidades reales.


¿Hasta qué punto el senador y su gente podría concertar su proyecto político?
Difícil.


Las entrañas del PAN son extrañas e impredecibles: con todo y el descontento real que hay en la militancia, se percibe casi imposible tal atrevimiento: así es el PAN. Ortodoxo hasta la muerte.


Por tanto, se presume que las intenciones de Ángel lo lleven a enfrentar un nuevo fracaso, como aquel que enfrentó en la elección interna para dirigir al CDE: Roberto Grajales recibió una patiza de casi dos a uno cuando se enfrentó al candidato de la derecha, Rafael Micalco.


Tan seguro está el Yunque de imponer sus condiciones y jalar las riendas a los desbocados que, aún con la revolución en pleno, Jorge Ehlinger amenazó con la creación de una comisión interna para sancionar y expulsar a los traidores, o sea, a todos aquellos seres pensantes que manifestaron en su momento los errores estratégicos del partido y vaticinaron la derrota electoral.


Ya sabemos la identidad de algunos que ya forman parte de la lista negra: Jacqueline Littardi, la aspirante a la candidatura a diputada por el distrito 1 que se alió de última hora con el ahora diputado electo del PRI por el mismo distrito, Luis Alberto Arriaga.


Los otros nombres son: José María Iguíniz, Genaro Ramírez y Pedro Gutiérrez.
Es posible que haya más nombres.
Y se derramará más sangre.
La guerra está declarada.
Esto, apenas empieza.

 

Ruleta Rusa


A don Enrique Montoto, le mandamos un gran abrazo con mucho cariño y nuestros mejores deseos para su pronta recuperación. Ya se le extraña.

 

 




 
 

 

 
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