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Lunes, 02 Octubre 2017 21:54

Melquiades Morales: el sismo probable

Melquiades Morales: el sismo probable Escrito Por :   Javier Arellano Ramírez

Fue otro sismo. La sola mención sacudió, cimbró a la clase política; los pasillos se estremecieron, las paredes crujieron. La versión fue comentada una y otra vez. La sola cita del probable, el hipotético retorno de Melquiades Morales Flores a la arena electoral causó otro movimiento telúrico en Puebla.


El quintacolumnista Mario Alberto Mejía adelantó el probable regreso de Morales Flores a las faenas electorales en 2018. Aunque entre el gremio periodístico su versión no fue secundada, ni citada, la realidad es que sacudió los edificios tanto políticos como mediáticos. Estas son algunas lecturas que se desprenden de la conjetura:

 

Primero.- El retorno de Melquiades Morales representaría el interés de la cúpula priista por detener la hegemonía del morenovallismo.

 

Debe destacarse que la cúpula, la nomenklatura priista va más allá de la figura de Enrique Peña Nieto. El presidente de la República solo es la fachada, la figura, el rostro de una cofradía en la que están Carlos Salinas de Gortari, Pedro Aspe, la familia Hank, el Grupo Atlacomulco, el Grupo Hidalgo, entre otras élites del priismo tradicional.

 

Aunque algunas de estas fuerzas trabajaron de manera cercana con la pasada administración poblana, la realidad es que ven en Rafael Moreno Valle a un protagonista peligroso que fácilmente se puede desbordar. Por eso desde hace meses hemos visto claras embestidas para frenar su ascenso.

 

Si la cúpula nacional busca traer de regreso a Morales Flores es para apuntalar al alicaído y débil priismo poblano. Tienen que echar mano del activo más fuerte porque ya vieron que con la actual camada simplemente nunca van a salir del socavón.

 

Esa es la primera lectura: el hipotético retorno de Melquiades sería una manera de frenar la hegemonía de Rafael.

 

Segundo.- Melquiades, el exgobernador morenovallista, representaría otra oportunidad de Rafael para pactar (nuevamente) con la nomenklatura tricolor.

 

Esto no debe leerse como un agravio o denuesto alguno. El exgobernador Melquiades Morales es un consumado morenovallista. Sus pactos, negociaciones y acuerdos están ahí a la vista de todos los poblanos en los nombramientos de David Villanueva Lomelí, Fernando Morales Martínez y Jesús Morales Rodríguez.

 

El maridaje político entre Melquiades Morales y Rafael Moreno Valle debe leerse como un efecto y no como una descalificación. Esto fue provocado por la fractura radical que se dio entre el melquiadismo y el marinismo. Y de ahí fue capitalizado de manera magistral por Rafael.

 

Entonces, en este momento, la pregunta toral es: Si Melquiades fuera ungido como candidato a la presidencia municipal de Puebla ¿rompería con el morenovallismo?

 

De ninguna manera. En este momento ya no se daría otro rompimiento como aquel de 2006, cuando Morales y Moreno Valle se enfrentaron en la ruta rumbo al Senado de la República. 2006 fue la confrontación que nunca se repetirá.

 

Hoy ya no ocurriría lo mismo. Hace semanas apuntamos que ante la creación de un Frente Opositor la cúpula nacional del  PRI requiere urgentemente de mecanismos para controlar este órgano que en cualquier momento puede salirse de control, incluso para sus mismos creadores.

 

Ricardo Anaya Cortés intercambia favores con Alejandra Barrales Magdaleno. El primero ofrece a la segunda todo el apoyo para que llegue a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México a cambio del reciproco esfuerzo para alcanzar la presidencia de la República. En teoría el juego de favores parece muy simple. Pero las secuelas nacionales que puede generar este frente en cualquier momento se pueden salir de control y terminar en un galimatías sin pies, ni cabeza.

 

Sin duda alguna esta coalición representa un factor que incomoda y preocupa al PRI. Por esta razón la nomenklatura tricolor requiere interlocutores, operadores, aliados dentro del panismo y el perredismo. En este escenario es donde la alianza con Rafael Moreno Valle cobra una importancia medular.

 

En la cúpula nacional no quieren que Rafael siga creciendo, pero tampoco pueden prescindir de su esfera de influencia. Es el aliado imprescindible.

 

En este juego de presiones y amarres Moreno Valle tendría que dejar el paso libre a un candidato priista que sería un socio antes que un adversario. Rafael tendría que tender las condiciones para allanar la hipotética candidatura de Melquiades Morales en pos del Charlie Hall a cambio de seguir detentando el control de Casa Puebla.

 

Quid pro quo, Rafael.

 

Tercero.- El retorno de Melquiades representaría una ola de furor que ni él mismo podría imaginar.

 

El quehacer político es un océano donde las corrientes suelen salirse de control. Tanto las mareas a favor, como las que están en contra pueden alcanzar niveles impensables para sus navegantes.

 

Si Morales Flores retorna a las lides electorales esto representará una bocanada de oxígeno para el priismo poblano que está sometido, agazapado, anquilosado. El efecto político sería como un sismo que se sentiría desde Xicotepec de Juárez en la Sierra Norte hasta la lastimada Chiautla de Tapia en la Mixteca.

 

Melquiades trabajó toda una vida para lograr ese liderazgo estatal. Y hoy ni siquiera él mismo podría imaginar el furor que su retorno desataría.

 

Ya veremos si es que sucede o solo queda en una hipótesis.

 

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