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Jueves, 09 Noviembre 2017 03:16

PRI poblano: los años de la estructura perdida

PRI poblano: los años de la estructura perdida Escrito Por :   Javier Arellano Ramírez

La premisa es muy simple, elemental y sencilla. La política, la verdadera política no es la de los acuerdos en la cúpula, tampoco la de estrategias mediáticas. La base de la política está en el trabajo de campo, en la acera, en la colonia. A partir de ahí puede crearse una estructura. En contrario sensu, sin esa plataforma cualquier ejercicio político está destinado al fracaso.


En horas recientes la visita de Enrique Ochoa Reza levantó una polvareda en los parajes desérticos y desolados del priismo poblano. El dinosaurio anquilosado, de movimientos lentos y débiles tuvo unos minutos de fútil algarabía.

 

La realidad es que el priismo poblano tiene escasas y raquíticas posibilidades en la elección del 2018 y aquí vamos a explicar por qué.

 

Primero. El punto medular de la debilidad priista es que durante los años de Pablo Fernández del Campo, del mercenario Fernando Moreno Peña y de Ana Isabel Allende Cano el tricolor dejó morir su estructura estatal.

 

Después de la derrota del marinismo, debacle que arrastró a Javier López Zavala, el PRI poblano cayó en una depresión, se desmoralizó. Pero sobre todo el Comité Ejecutivo Nacional mostró una terrible frivolidad a la hora de elegir a Fernández del Campo y a Allende. Aunque debe subrayarse que el periodo de Jorge Estefan Chidiac ha sido igualmente banal.

 

Estos dirigentes sólo hicieron una labor de escritorio; nunca bajaron al ras del piso a supervisar y evaluar la situación de los comités municipales, de los seccionales y de los sectores tradicionales. Para el priismo que está en las bases, en las colonias y juntas auxiliares aquellas dirigencias partidistas fueron distantes y remotas, sin aportación alguna hacia sus regiones.

 

Los comités seccionales y municipales ya habían sido abandonados desde los tiempos de Valentín Meneses Rojas y Alejandro Armenta Mier.

 

Mientras el melquiadismo siempre mantuvo una política de cercanía y contacto con la base priista, el marinismo delegó esa tarea en manos de funcionarios simplistas y simplones que perdieron los hilos de esa comunicación.  

 

Pero en política no existen los vacíos. Muchos de los liderazgos priistas que fueron ignorados o soslayados por el marinismo, en el año 2010 fueron llamados por Rafael Moreno Valle.

 

Desde entonces, desde hace diez años el PRI poblano perdió el contacto con sus bases, con su auténtica estructura. Y ésta poco a poco se ha diluido o pulverizado. En algunos municipios aquella maquinaria tricolor incluso esta próxima a la desaparición.

 

Segundo. Los primeros priistas de los municipios son los primeros traidores.

 

Otro fenómeno que fue claramente visible en 2016 es la grotesca simulación de los presidentes municipales emanados del Revolucionario Institucional.

 

Luego de aquella fatídica elección en que Blanca Alcalá fue apaleada, Jorge Estefan declaró que los priistas traidores serían llevados ante la Comisión de Honor y Justicia. Pero todo quedó en una bravata callejera. Los auténticos simuladores del priismo que son los presidentes municipales, jamás fueron llevados ante un proceso interno.

 

La realidad es que el morenovallismo supo comprar las conciencias y las voluntades de los ediles. Primero a través del ‘Programa Peso sobre Peso’ que realizó una gigantesca obra pública en todo el estado, pero bajo el control absoluto del exgobernador. El referido programa convirtió en impunes a los alcaldes, quienes al firmar los documentos de la sometida obra pública, adquirieron una especie de ‘Inmunidad Diplomática’.

 

Todos esos hampones como Inés Saturnino, Juan Navarro e incluso el huachicolero Pablo Morales Ugalde en su momento firmaron el ‘Peso sobre Peso’ con lo que fueron impunes y algunos lo siguen siendo.

 

El segundo factor que tiene sometidos a los alcaldes es la Auditoría Superior del Estado que es la gran sala de negociaciones con los munícipes. No existe cuenta pública por desaseada que sea, que no pueda ser negociada.

 

Los ediles ya saben que por las buenas ahí está el ‘Programa Peso sobre Peso’ y por las malas deberán pasar por el filtro de la ASE.

 

Priistas de membrete como Gustavo Lara de Ajalpan o Luis Flores de Santiago Miahuatlán aunque fueron emanados del tricolor hoy son auténticos operadores al servicio del morenovallismo. Y en 2018 pondrán sus estructuras políticas y sus chequeras no al servicio del candidato del PRI, sino de quien resulta ungida o ungido por el dedo elector.   

 

Este es el verdadero escenario del priismo poblano. De aquella maquinaria que en 1998 llevó a Melquiades Morales a un triunfo apoteósico, hoy ya nada queda.

 

Hoy solo vemos dirigentes banales sobre un paredón en ruinas.

 

Como siempre quedo a sus órdenes en Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo., sin mx.

  

 

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