Sábado, 04 de Abril del 2020
Lunes, 14 Agosto 2017 22:04

Si va Meade, ¿qué pasa con Puebla?

Si va Meade, ¿qué pasa con Puebla? Escrito Por :   Arturo Rueda

De esas nueve elecciones a gobernador, el PRI tiene todo para perder las cinco con mayor padrón electoral: CDMX, Guanajuato, Jalisco, Puebla y Veracruz. También puede perder Morelos y Tabasco, y solamente parece tener garantizadas victorias en Chiapas y Yucatán, los estados que menos votos dan.


Suponiendo sin conceder que el destapado candidato presidencial del PRI, como corean los fieles seguidores del dedazo tras la eliminación de los candados estatutarios, sea José Antonio Meade en virtud de su diluido colorante tricolor, la operación electoral para llevarlo a Los Pinos 2018 pasa por ganar las nueve elecciones a gobernador que se llevarán a cabo en Chiapas, CDMX, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Puebla, Tabasco, Veracruz y Yucatán.

 

Sin esas victorias, o por lo menos altas votaciones, Peña Nieto puede destapar a Meade, pero no lo verá presidente. ¿Por qué? Porque si la candidatura presidencial ya le fue secuestrada a los militantes duros que esperaban un Osorio Chong, designaciones semejantes en las nueve elecciones a gobernador llevarían a una desbanda de priistas que, mayoritariamente, acabarían alimentado la operación y votos a favor de López Obrador.

 

Pero hay malas noticias para Peña Nieto y sus operadores. De esas nueve elecciones a gobernador, el PRI tiene todo para perder las cinco con mayor padrón electoral: CDMX, Guanajuato, Jalisco, Puebla y Veracruz. También Morelos y Tabasco, y solamente parece tener garantizadas victorias en Chiapas y Yucatán, los estados que menos votos dan.

 

2018, además del agujero profundo en las encuestas y la imposición de un candidato sin arraigo priista, presenta un dilema geográfico importante: el tricolor sólo gobierna 15 de las 32 entidades federativas. Y si Coahuila se anula, perderá otro estado que quedará en impasse hasta que haya una nueva elección. Nunca antes el PRI había llegado en tal debilidad territorial a una elección presidencial.

 

Morena va que vuela para ganar la CDMX y dejar, otra vez, al PRI en tercer lugar ya que no tiene un aspirante visible o invisible para Jefe de Gobierno que pueda competir decorosamente. Pero las huestes de López han ganado dos veces el ex Distrito Federal y aun así no han llegado a Los Pinos. Entonces hay esperanza. ¿O no?

 

Se ve difícil: en 2012 Peña Nieto ganó con los votos de las gubernaturas conquistadas en Jalisco y Veracruz. Ahora, en el primero, Enrique Alfaro despunta con claridad en las encuestas sin rival priista claro y sin que Aristóteles Sandoval tenga un plan de contención. Tampoco nadie pinta por Morena, así que el edil de Guadalajara tiene el camino abierto y el PRI va a perder.

 

El desastre de ‘Javidú’ hará perder nuevamente al tricolor en Veracruz con la operación de Yunes para dejar la silla a su hijo. Aspirantes hay por el PRI, pero Cuitláhuac de Morena se perfila cuando menos para quedar en segundo lugar, aunque el empujón de López Obrador lo puede llevar a la gubernatura. El PRI fijo en tercer lugar.

 

El PAN no va a tener problemas para retener Guanajuato por quinta ocasión consecutiva porque Márquez ha sido un buen gobernador, sin escándalos ni excesos, así que el PRI en el mejor de los casos se va a quedar en tercer lugar.

 

El caso de Puebla luce confuso si Meade fuera el candidato presidencial del PRI. Moreno Valle es su amigo, Estefan también, al igual que Roberto Moya. Pero lejos de las amistades, necesita los votos y un buen candidato a la gubernatura que no es otro que Enrique Doger. En 2012 el peñanietismo pactó con Moreno Valle porque no había competencia por la gubernatura, y aun así el estado lo ganó López Obrador. ¿Qué ganarían con un nuevo pacto? ¿Ayudará el ex gobernador a ganar al PRI en desdoro del PAN, como ya ocurrió en 2012?

 

El dilema en Puebla es que necesitan votos, pero sin un candidato competitivo se van a ir a tercer lugar, y la pelea por la gubernatura se va a dar entre Morena y el PAN morenovallista. Difícil resolver la ecuación para el potencial candidato Meade.

 

A Morelos lo malgobierna el PRD con Graco quien intentará retenerlo, pero nadie duda que Cuauhtémoc Blanco pueda ganar ante el hartazgo de los morelenses y el desastre que han vivido. La popularidad del PRI es mínima después del caos provocado por las obras del Paso Exprés y la tragedia posterior con socavón incluido.

 

De Tabasco poco se sabe, aunque Arturo Núñez es un lobo de mar que pactará con alguien para que López Obrador no llegue a Los Pinos, pues sabe de las consecuencias al ser uno de los traidores. El peje, sin embargo, tiene la capacidad para ganar el estado como lo hizo contundente en 2012.

 

Para Yucatán se perfila el hijo de Gamboa y Ramírez Marín ya se hizo a la idea de que, otra vez, no le va a tocar, aunque el PRI no tiene problemas para retener ese estado. En el caso de Chiapas, sólo la ruptura de la coalición con el PVEM generaría problemas, y aunque todo indica que se trata de un berrinche para que Manuel Velasco pueda dejar sucesor, nunca se sabe.

 

Peña Niego ganó en 2012 por lo menos 18 entidades federativas, pero muchas de esas hoy están en manos de la oposición. No hay posibilidad de victoria sin una buena estrategia territorial.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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