Domingo, 16 de Febrero del 2020
Martes, 29 Agosto 2017 21:52

El que da obra pública y la quita, con Mejía se desquita

El que da obra pública y la quita, con Mejía se desquita Escrito Por :   Arturo Rueda

Ahora, Mario Alberto Mejía es quizá el constructor que siempre quiso ser. La conversación entre Vega Rayet y Lastiri le quita el aura de impoluto, y como es lógico, eso le molesta. Pero aquí hay algo raro: #ElPoetaPeriodista no se enoja con quienes lo metieron en esta trama, Vega Rayet y Lastiri. Tampoco con los espías que lo grabaron. Su enojo es contra Arturo Rueda.


El 16 de julio del 2014, todavía como director general del periódico Sexenio, Mario Alberto Mejía publicó una columna titulada ‘El Caso Chalchihuapan en la Prensa Nacional’ en la que, entre muchos argumentos,  acusó al subsecretario Juan Carlos Lastiri de impulsar el tema que causaba estragos en el gobierno morenovallista y detonó su gran crisis política.

 

Ese día, Mario Alberto Mejía perdió una obra pública que el delegado de la Sedesol en la entidad, Juan Manuel Vega Rayet iba a entregarle como parte del programa ‘Becas de Apoyo a los Pobres Periodistas Poblanos’. Obrita de tres, cuatro millones de pesos.

 

El que da, quita, y al quintacolumnista se la quitó el jefe político de Vega Rayet, Juan Carlos Lastiri, molesto por meterle ‘grilla’ con el morenovallismo y con quienes el subsecretario andaba de queda bien.

 

Nos enteramos de esa pérdida millonaria de Mejía gracias a la difusión de uno de los miles de audios que Eukid Castañón recopiló a través de sus espías pagados con dinero del erario poblano y que se han convertido en una tormenta impecable que amenaza las carreras políticas de muchos.

 

A través de una cuenta de la plataforma SoundCloud a nombre de ‘Anonymusss Pueee’ fueron colgados tres audios. Uno, el diálogo entre Lastiri y Vega Rayet en el que detallan el funcionamiento del programa de ‘Becas de Apoyo a los Pobres Periodistas Poblanos’ del que sí alcanzaron a ser beneficiarios Fernando Maldonado e Iván Mercado.

 

Uno más de Lastiri poniéndose de acuerdo con otro subsecretario de la Sedesol, el mexiquense Ernesto Nemer, para arreglar las observaciones de la Auditoría Superior de la Federación al gobernador de Chiapas, Manuel Velasco, y quitarle preocupaciones futuras.

 

Finalmente, el de Fernando Manzanilla arreglándole reuniones en los oscurito a Tony Gali con los representantes de la ultraderecha poblana.

 

No sobra decir que esta entrega de Tiempos de Nigromante es una de las más difíciles que me ha tocado escribir. Todo Puebla conoce mi vínculo de años con el quintacolumnista que en algún momento de mi vida fue mi amigo, socio y compañero de batallas.

 

La conversación espiada entre Lastiri y Vega Rayet coloca a Mario Alberto Mejía en la posición que su biografía periodística siempre fustigó: bróker comisionista de obra pública.

 

Una y otra vez señaló con dedo flamígero a los periodistas poblanos que cobraron su apoyo a Mario Marín con obra pública. Los exhibió, ridiculizó, dijo sus nombres y les puso apodos. Una cruzada en contra de la corrupción periodística. ¿Y ahora?

 

Desde esa atalaya de la honestidad, con ese dedo flamígero, Mejía pasó por impoluto: el único periodista que no caía en la tentación pues Pound, Whitman y los altos poetas lo cuidaban de ello.

 

Ahora, Mario Alberto Mejía es quizá el constructor que siempre quiso ser. La conversación entre Vega Rayet y Lastiri le quita el aura de impoluto, y como es lógico, eso le enoja.

 

Pero aquí hay algo raro: #ElPoetaPeriodista no se enoja con quienes lo metieron en esta trama, Vega Rayet y Lastiri.

 

Tampoco con los espías que lo grabaron.

 

Su enojo es contra Arturo Rueda.

 

Con mucha ira, desde ayer por la noche, posteó una columna en la que refritea sin pudor ataques previos, desde el caso Estefan hasta el sin sentido del periodismo huachicolero así como la extraña fascinación por mis estudios de periodismo en el CIDE. Obsesiones todas a las que vuelve una y otra vez como la groupie que le da play repetidamente a las rolas de su cantante favorito.

 

Pero el audio es contundente e inclemente:

 

Lastiri: Perfecto, muy bien. ¿Ya leíste a Mejía (Mario Alberto)?

 

Vega: No, no lo he leído.

 

Lastiri: Ahí sale con una mamada que yo estoy detrás del asunto de la prensa y del niño.

 

Vega: No mames.

 

Lastiri: Dile a Luis (Banck), “oye, dile a Eukid que no mame cabrón, estamos trabajando bien”.

 

Vega: Es más yo le iba a dar una obra a Mejía de cuatro millones de pesos, tres millones.

 

Lastiri: Ahora se la pela el pendejo.

 

Vega: Se la quito.

 

Lastiri: Sí, quítasela al cabrón.

 

Vega: Pero díselo a Luis (Banck).

 

Lastiri: Sí se lo voy a decir.

 

Vega: Dile “oye hasta Vega le iba a dar una obra no mames cabrón”, para que veas que no tenemos nada, a mí no me importa ni me interesa nada.

 

Lastiri: A nosotros que nos interesa esa mamada.

 

Vega: Nosotros al contrario, que salga el gobernador adelante.

 

Lastiri: Que no saben que le está ayudando la PGR y que no se haga güey el Eukid.

 

Vega: Por eso, pero así díselo.

 

Lastiri: Se lo voy a decir y al otro no le des ni madres para que sienta el cabrón, no le vayas a dar nada al ojete.

 

Vega: No, no le voy a dar.

 

A sus sesenta años, Mario Alberto Mejía ya es el poeta-constructor que siempre quiso ser.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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