Lunes, 21 de Octubre del 2019
Jueves, 11 Enero 2018 01:47

Javier Lozano a ninguna caca le hace fuchi

Javier Lozano a ninguna caca le hace fuchi Escrito Por :   Arturo Rueda

Entonces, o a Moreno Valle le creció el enano llamado Lozano Alarcón, o la ruptura es en realidad una farsa que le permite al ex gobernador poner un pie en la campaña presidencial del tricolor por si hay necesidad de hacer acuerdos con su candidato. Y eso si es que milagrosamente logra salir del tercer lugar de la carrera. Es decir, un acto de perversidad al que nos tiene muy acostumbrados


La noche del domingo 1° de julio del 2012 Javier Lozano Alarcón se fue a dormir con sabor a ceniza en la boca: impulsado por la ola lópezobradorista, Manuel Bartlett Díaz había quedado como segunda minoría y el ex secretario del Trabajo en tiempos de Calderón se iba a su casa. En ese trance entró en acción la alquimia morenovallista para voltear la tortilla. El alma le volvió al cuerpo a Lozano, quien con apenas 36 mil votos de diferencia se quedó con el escaño, pero al mismo tiempo le empeñó el alma a Moreno Valle.

 

Con la autoridad de haberlo llevado al Senado cuando en realidad había perdido la carrera, Moreno Valle en público y privado se manejó como dueño de ese escaño y a Lozano siempre le dio trato de empleado. Con ese antecedente resulta difícil creer en que, de golpe y porrazo, Lozano haya recobrado su autonomía para decidir su renuncia al PAN e irse a la campaña desfalleciente de Pepe Toño Meade.

 

Entonces, o a Moreno Valle le creció el enano llamado Lozano Alarcón, o la ruptura es en realidad una farsa que le permite al ex gobernador poner un pie en la campaña presidencial del tricolor por si hay necesidad de hacer acuerdos con el candidato tricolor. Y eso si es que milagrosamente logra salir del tercer lugar de la carrera. Es decir, un acto de perversidad al que nos tiene muy acostumbrados.

 

En este espacio lo advertimos desde finales de noviembre del año pasado: el senador ya avisaba que su tiempo se había agotado en Acción Nacional y prefería salirse antes de que lo expulsaran. Su única veladora era el ex gobernador poblano, pero luego que todos cerraron filas en el Frente alrededor de Anaya, sus posibilidades de conseguir una candidatura aunque sea a regidor se volvieron iguales a cero.

 

En los tiempos de la política sin ideología, Javier Lozano es uno de esos modelos perfectos de políticos saltimbanqui que a ninguna caca le hacen gestos y prácticamente nada les da asco. Para estos saltimbanquis lo importante es no alejarse de la ubre pública ni de la influencia de las posiciones de poder. Ni la causa ni el vehículo importan: todo sirve para enriquecerse y empoderarse.

 

Como origen es destino, Lozano Alarcón volvió a los brazos del PRI donde empezó su carrera como brillante prospecto en el sexenio de Zedillo, quien lo envió a Puebla como candidato a diputado federal en 2000… y perdió. Tras quedarse sin chamba, le aceptó a Melquiades Morales convertirse en Jefe de Oficina y luego representante del estado en el DF, cargo que mantuvo unas semanas con Mario Marín.

 

Acostumbrado a vivir del erario, cometió su primera traición cuando el PAN eligió a Felipe Calderón —compañero de banca de la Libre de Derecho— como candidato presidencial. Ni tardo ni perezoso renunció al PRI, se incorporó al PAN y con tan buena suerte que tras el robo a López Obrador, se integró al gabinete como secretario del Trabajo. Desde entonces, todo ha sido de bajada.

 

Se quiso candidatear como presidenciable en 2012 y nadie lo peló. Recuperó su vieja relación con Moreno Valle y se vendió como candidato a senador. Fue vocero de la campaña de Gali, dejó la Cámara Alta para construir un proyecto a la gubernatura, pero la frivolidad y su güeva natural le ganaron. Se dedicó a noviar, nunca coordinó al gabinete y menos construyó un proyecto. Al ex gobernador le daban arcadas de risa cada que alguien proponía el nombre de Lozano para algo. Se regresó al Senado con más pena que gloria, y luego de traicionar al PAN, le impusieron un proceso de expulsión.

 

Lozano Alarcón es indeseable hasta para su familia. Pero hasta ahora ha sabido colocarse gracias a la falta de escrúpulos. Y de asco. Todo con tal de seguir viviendo de la ubre pública, de tener conexiones para hacer favores de los que se pagan. Lo sorprendente es que con ese historial de traiciones, Pepe Toño lo haya aceptado, aunque sea para impulsar la idea de golpear a Anaya. Será, sin duda, el próximo en recibir su veneno.

 

Pero que nadie se crea eso del pleito con el morenovallismo. No tiene ni la valentía para enfrentar a Moreno Valle, ni la autonomía para hacer y deshacer con un escaño que compró con el alma. Se trata de una farsa que pronto será desmontada y de la que Anaya ya tomó nota.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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