Friday, 13 de December de 2019


Buena suerte al PAN (sin sarcasmo).




Escrito por  Iván Galindo
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Desde su fundación en 1939, el Partido Acción Nacional se presentó ante la sociedad como la opción política más democrática en México; “los únicos” –decían ellos-

Esa aseveración, dejando a un lado la presunción y la jactancia, estaba un poco cercana a la realidad. En efecto, el PAN basaba su ideología en el respeto a la dignidad humana y la conformación de un Estado subsidiario, preceptos fundamentales para lograr el respeto a la ley por parte de las autoridades, el equilibrio de poderes, la racionalidad en el gasto público, etc. Tal era su convicción democrática, que incluso se llegaron a definir como “la conciencia crítica del gobierno…”

 

 

A diferencia del Partido en el gobierno, el PAN, no sólo estaba convencido de sus postulados, sino que además los llevaba a la práctica: lo mismo desde las pequeñas comunidades, hasta las esferas nacionales. Sus Asambleas para decidir su normativa interna, o para definir candidatos, eran verdaderas expresiones democráticas, donde se deliberaba y debatía con tenacidad. De la misma manera, era de reconocerse sus críticas sustentadas hacia los errores y excesos del régimen, y su lucha institucional (pacífica y paciente) por alcanzar el poder.

 

 

Así era el PAN del siglo pasado, muy distante al PAN de hoy. ¿Qué les pasó? Casi nada: se dejaron deslumbrar por los signos del poder, y cometieron los mismos errores que tanto criticaban. Es la naturaleza del poder (que muy pocos pueden controlar).

 

 

Como ciudadano, lamento que el PAN se haya alejado de sus principios democráticos; en verdad creo que aportaron mucho al proceso democrático en México. Creo que hubiera sido mejor que se quedaran siempre como oposición, y desde ahí seguir abonando a la cultura de la civilidad del país. Eran muy buenos (lo digo sin sarcasmo) como “conciencia crítica del gobierno…” Lamentablemente no pudieron transitar de los discursos a los hechos, en ese inter, el poder los transformó; no sé si no estaban preparados o no estaban diseñados para gobernar.

 

 

Pero si es triste ver el desvanecimiento del PAN, es más triste aún ver cómo otros actores externos -que no tuvieron nada que ver con el PAN del pasado, y que no participaron en las luchas por alcanzar el poder- se han apropiado de ese Instituto Político.

 

 

Hoy el PAN  se encuentra dominado por gente como Ernesto Cordero, Javier Lozano y Rafael Moreno Valle. Políticos tecnócratas, pragmáticos, sin una sola capa de idealismo humanista que tanto presumía (y cuidaba) Acción Nacional entre sus militantes.

 

 

Puebla es un buen ejemplo de la decadencia del PAN. El actual gobernador sedujo a muchos panistas con la idea de darles su primer triunfo electoral en el estado, de hacerles realidad el ansiado sueño de la gubernatura, les dijo que “él era el único que podía ganar”; y efectivamente, él fue el único que ganó

 

 

Ya iniciado su gobierno, comenzaron las primeras diferencias con el panismo puro de Puebla, ¿la razón? La casi nula participación de panistas genuinos en el gabinete morenovallista, y la intención del gobernador de apoderarse de las Dirigencias Estatal y Municipal del PAN.

 

 

El gobernador no les cumplió (al menos no en la medida que los panistas esperaban). Moreno Valle sólo utilizó al PAN porque necesitaba un Partido para llegar al poder. Sin embargo, los panistas desilusionados no quedaron en orfandad, encontraron cobijo en el Ayuntamiento presidido por un panista de raigambre: Eduardo Rivera, quien –dicho sea de paso- tuvo que soportar los malos tratos y la soberbia del mandatario estatal.

 

 

La mala noticia para los panistas es que a Eduardo Rivera le quedan escasos ocho días para dejar el Ayuntamiento, y con ello perderán el último reducto que les quedaba. Han perdido la Dirigencia Estatal, la Dirigencia Municipal, ahora se quedan sin Administración Municipal.

 

 

¿Hay algo más que puedan perder los panistas? Nada. Quizá deberían aprovechar estos momentos para tomar aire y reflexionar si valió la pena apoyar al gobernador en su proyecto de 2010, y más aún, si vale la pena volverlo a apoyar en su proyecto de 2018. Yo que ellos, lo pensaría dos veces…

 

 

Pobre de los panistas (lo digo sin sarcasmo). Por el bien de la democracia, ojalá recuperen su Partido y sus principios…

 

 

 

 

 

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