Sábado, 08 de Agosto del 2020
Viernes, 24 Noviembre 2017 03:07

No se despisten, espeta Peña a Videgaray-Meade

No se despisten, espeta Peña a Videgaray-Meade Escrito Por :   Arturo Rueda

Tanto polarizaron la sucesión Meade-Videgaray por un lado, y Osorio Chong por el otro, que a Peña Nieto no le quedará otro camino que ser el fiel de la balanza y elegir a uno de los dos que no polarizan: Aurelio Nuño o José Narro. Me inclino por el secretario de Educación Pública. Lo que era una sucesión in pectore terminó convertida en sucesión por descarte


Si José Antonio Meade ya no es destapado como candidato presidencial del PRI, su desgracia deberá agradecerla a Luis Videgaray quien con su inmenso egocentrismo reventó ayer la sucesión de Enrique Peña Nieto, la puso patas arriba, y probablemente hizo cambiar de decisión al Gran Elector.

 

El destape de Videgaray fue un acto grosero. Más que un madruguete, se trató de una intentona de golpe de Estado, un acto de deslealtad a su jefe Enrique Peña Nieto. Probablemente se trate de su gran consiglieri, su cerebro o su alter ego. Pero querer expropiarle el destape al presidente es algo fuera de norma en el sistema político.

 

El inmenso ego del canciller lo hizo meterse solito en la boca de lobo. No fueron raros los desmedidos elogios a su amigo Meade en la reunión con miembros del Servicio Exterior. De hecho, es lo lógico porque ambos trabajan para el PRIAN desde hace décadas. Lo que destapó la cólera de los priistas, y luego se reflejó de forma casi unánime en la prensa, fue la referencia a Plutarco Elías Calles para colocar al secretario de Hacienda en ese mismo nivel histórico.

 

Esa nivelación fue un error histórico de la misma altura que traer a Trump a México en el pico del resentimiento contra el entonces candidato republicano. En esa ocasión rodó su cabeza de Hacienda y quedó fuera de la sucesión. Ahora, todo indica que rodará la de Meade.

 

Para un presidente devoto de la liturgia ortodoxa como Peña Nieto es intransitable la idea histórica de que él no escogió a su sucesor sino su alter ego Videgaray. A nadie le gusta ser exhibido como marioneta, y así lo hizo el canciller: las decisiones del Estado las toma él desde hace años tras bambalinas, pero exhibir así al presidente es intolerable.

 

Videgaray se fue de boca y retembló el PRI. Horas después quiso corregirlo con un tuit retórico en el que afirmó que “las decisiones se toman donde se deben de tomar”. La simple aclaración es ofensiva, pero fue necesaria ante el terremoto político provocado.

 

Tanto tembló el PRI que un iracundo Peña Nieto salió a tratar de poner orden con un mensaje de dureza brutal: “andan despistados todos, yo creo que el PRI no habrá de elegir a su candidato, seguro estoy, a partir de elogios o aplausos”. ¡Madres!

 

Por si no fuera suficiente el mensaje apaciguador del Presidente hacia las bases, y censurador hacia los golpistas Meade-Videgaray, lo repitió al final de la entrevista banquetera: “Entonces, no se despisten, el PRI, repito, no elige a su candidato a partir de elogios o aplausos de entre los varios miembros que hay en sus filas”.

 

Ahora Meade es un problema. Si es el tapado, todo el país acusará la debilidad de Peña Nieto quien habría cedido al golpismo de Videgaray para que un grupo de interés económico se adueñe del PRI. Y si el secretario de Hacienda no es, todos los que apostaron por él en la bufalada se van a quedar en fuera de lugar, especialmente los que participaron de las humillaciones a Osorio Chong, el puntero de las encuestas.

 

Ahora todo puede pasar en el PRI, y lo menos probable es que destapen a Meade. Peña Nieto quedaría en un ridículo histórico, y lo que necesita ahora una fórmula de conciliación para tratar de unir los pedazos rotos del partidazo. Si sale Osorio Chong, el grupo económico de Meade-Videgaray hará lo necesario para destruirlo.

 

Tanto polarizaron la sucesión Meade-Videgaray por un lado, y Osorio Chong por el otro, que a Peña Nieto no le quedará más que ser el fiel de la balanza y elegir a uno de los dos que no polarizan: Aurelio Nuño o José Narro. Me inclino por el secretario de Educación Pública. Lo que era una sucesión in pectore terminó convertida en sucesión por descarte.

 

La sucesión de Peña Nieto quedará marcada por Videgaray, se resuelva en uno u otro sentido. Si el destapado es Meade parece que lo impuso él. Si no es Meade, porque provocó su caída. A veces es gato, a veces gata. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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