Jueves, 21 de Enero del 2021
Martes, 05 Enero 2021 02:41

El fracaso quizá pueda ser la ausencia de definición de «Primero los pobres»

El fracaso quizá pueda ser la ausencia de definición de «Primero los pobres» Escrito Por :   Silvino Vergara

«Si hay un país en donde la democracia liberal está desacreditada, ese país es México. El drama más democrático es el drama de la falta de democracia […] el abandono al que se somete a los pueblos indígenas y la represión militar a la que son sometidos siempre que se resisten, todo esto revela una democracia de bajísima intensidad». Boaventura de Sousa Santos


 

Para esta administración pública federal, que está cerca de cumplir su tercer año, es de todos sabido que uno de sus estandartes es «primero los pobres»; sin embargo, pareciera que esto no sucede, sobre todo, si se tiene en cuenta la situación en la que se vive en los últimos meses en México por la pandemia. Por ello —aventurándose—, se podría decir que el problema principal y, por ende, el fracaso de esta declaración es que no se ha definido, ni menos aún, expuesto claramente qué se entiende por «primero los pobres». Para poder delimitar esa sentencia, lo primero que hay que saber es quiénes son los pobres para esta administración pública federal, pues, una vez definido esto, quedaría muy claro para la población en general qué es en lo que se enfoca esta administración pública federal para lo que resta del sexenio.

 

Antes de proponer las sentencias que regirían las políticas públicas, era necesario que éstas fueran lo más claras posibles; pero desafortunadamente, muchas veces el error es no delimitar claramente de lo que se habla. Un ejemplo claro es aquel enunciado que sostiene «primero los pobres»; el cual, no obstante, fue una de las razones por las cuales, en las elecciones de hace dos años y medio, la presidencia se resolvió con tan grande margen de diferencia.

 

Ahora bien, con esto se entendía que ahora era el momento, no exclusivamente de los más pobres de la nación, de aquellos a los que Eduardo Galeano denomina «el pobrerío» porque nadie se acuerda de ellos y ellos nunca están esperanzados en que se acuerden de ellos; no sólo de los que Zygmunt Bauman denominaba «el precariado» cuando decía que por debajo de la clase pobre hay una clase todavía más pobre (que es la que vive en condiciones lastimosamente precarias); sino el momento de «los más débiles» en las relaciones jurídicas, económicas y políticas de nuestra nación. Así se entendía porque estos son los que siempre están en situaciones desiguales, en plena y clara desventaja, principalmente: el ciudadano ante el servidor público, los miembros de los pueblos de origen ante las empresas depredadoras de sus tierras, el justiciable ante el juez, la víctima en la comisión del delito, el contribuyente ante la autoridad fiscal, el consumidor ante el comerciante, el campesino ante el latifundista, el delincuente en el momento del proceso, el usuario de la banca ante las instituciones bancarias, etc.

 

No ha resultado, pues, como se esperaba, ya que, por darle prioridad al pobre, se ha dejado al débil (incluyendo a ese pobrerío o precariado) a su verdadera suerte.

 

Si se analiza lo que ha sucedido en el transcurso de estos dos años de Gobierno federal, parece que los débiles, los que vivían esperanzados, han quedado en el olvido. Basta con observar que los campos están abandonados y que los campesinos convertidos (como en las administraciones públicas anteriores) en migrantes al extranjero o a las grandes ciudades de la nación; que el contribuyente está confiscado por las autoridades fiscales; el usuario de la banca saqueado por los bancos; los miembros de los pueblos de origen desplazados de sus tierras por las grandes empresas transnacionales o por la delincuencia organizada; el consumidor sigue siendo vituperado por las grandes empresas, como ha sucedido últimamente con la aerolínea Interjet, respecto de la que el sistema ni siquiera ha volteado la cabeza para mirar lo que está sucediendo con todos aquellos que, en esa relación del débil con el fuerte, se han visto afectados con la suspensión de los vuelos y servicios, pese a que el Estado cuenta con los medios suficientes para hacer frente a esa contingencia e, incluso, para revocar las autorizaciones correspondientes. Todo lo cual hace que, por ejemplo, una institución como la profeco se convierta en una especie de gatito que lo único que hace es justificar su existencia multando.

 

Es bien sabido para cualquiera que haya leído algo de las izquierdas, en qué consisten sus políticas públicas, cuya principal pretensión es la protección al débil sobre el más fuerte en cualquier relación que se presente entre ellos. Desde luego, tiene sus grandes fallas, como proteger al fuerte en el caso del aborto, que es la mujer, sobre el débil, que es el producto. Salvo esa excepción, muy extraña, por cierto, en las izquierdas, lo cierto es que la batalla de las izquierdas no es solamente para los pobres, sino que se abre el espacio para llevarla a cabo en cualquier lugar donde existan esas relaciones dispares. Por ende, es labor de un Estado de izquierda intervenir siempre en la protección del más débil.

 

Regresando a nuestra realidad, es evidente que el hecho de que la administración pública federal actual se enfoque exclusivamente en los pobres (en el pobrerío o el precariado), olvidándose de los débiles, indudablemente, significa que se ha gobernado sin considerar a su gran número de electores. Por ello, era necesario, desde el principio, delimitar qué se entendía por «primero los pobres» para que no nos hubiéramos confundido con «primero los débiles».

 

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