Domingo, 28 de Noviembre del 2021
Jueves, 18 Febrero 2021 01:17

Campañas de enorme desgaste anticipan salvaje abstencionismo.

Campañas de enorme desgaste anticipan salvaje abstencionismo. Escrito Por :   Javier Arellano Ramí­rez

Lo que viene de ninguna forma será un día de campo. El encono, los resentimientos y fobias habrán de campear en los meses del proceso electoral. Y el mismo fenómeno veremos tanto en el PAN como en Morena.


 

Eduardo Rivera Pérez sabe perfectamente que las declaraciones de Genoveva Huerta son de dientes para afuera; en el fondo la dirigente estatal no acaba de digerir el manotazo que Marko Cortés dio en el escritorio y que la detuvo en seco.

 

Hace unas horas nuestro director Arturo Rueda entrevistó a Rivera Pérez; en la conversación se abordó el tema de la elección de 2007 cuando Antonio Sánchez Díaz de Rivera no perdió frente a Blanca Alcalá, sino ante la guerra sucia, el fuego amigo que los correligionarios desataron.

 

Hoy los discípulos preclaros del morenovallismo están dispuestos a recorrer la misma ruta de la falsa adhesión y la adúltera lealtad. Todo ese bloque que apenas hace unas horas firmó una carta contra Rivera jugarán un doble juego. Aparecerán en los actos, se sumarán a la campaña, pero por debajo de la mesa harán todo lo posible por descarrilar al abanderado albiazul.

 

El morenovallismo sigue siendo fiel a su esencia; ahí no hay ideología o principios, sólo tienen intereses; no hay lealtad y respeto, sólo pragmatismo y utilitarismo.

 

Para ellos sólo importa su proyecto de grupo, mismo que se debe traducir en beneficios constantes y sonantes.

 

Hoy Eduardo Rivera Pérez representa un enemigo para ese grupo y sus intereses. Saben perfectamente que si gana la alcaldía se coloca como el obligado, el imprescindible candidato para la gubernatura en el 2024. Por lo tanto harán lo que puedan para descarrilarlo.

 

En Morena los ánimos también están desbordados.

 

Claudia Rivera Vivanco no pelea por un anhelo político, sino por un acto de sobrevivencia. La señora sabe que cada día que Gabriel Biestro avance rumbo a la candidatura crecen las posibilidades de que se inicien procesos penales en su contra.  

 

Todo lo que hasta ahora son notas periodísticas se habrán de convertir en carpetas de investigación: los oscuros negocios de los bolardos y la señalética; las mini despensas; la turbia compra de ventiladores inservibles; los cobros a organizaciones de ambulantes.

 

La señora ha conducido una administración repleta de anomalías; a la par ha mostrado su enorme deslealtad y su capacidad para generar conflictos y fracturas.

 

En la otra esquina, Gabriel Biestro es un aspirante que no entiende la beligerancia de su oficio. Pese a que estuvo en primera fila en los agitados procesos electorales de 2018 y 2019, el suspirante no adquirió la malicia necesaria en estos quehaceres.

 

Queda claro que Claudia tampoco tiene conocimiento de la faena política, pero la señora es asesorada por estercoleros profesionales que desatarán una enorme campaña de lodo contra Gabriel.

 

Al final, si el diputado llega a la candidatura irremediablemente será bajo un enorme desgaste.

 

Este escenario de pugnas intestinas y puñaladas por la espalda, aunado a una sociedad agobiada por la pandemia, la crisis económica, el desempleo y el agotamiento, generará un enorme, un descomunal abstencionismo.

 

No hay figuras políticas, ni propuestas que atraigan a los grandes sectores del electorado. Estamos ante agentes fríos e inertes que no despiertan emociones sociales.

 

El desgaste de las pujas internas será salvaje y eso alejará aún más a los candidatos de la realidad de los hogares poblanos.

 

Dulcería poblana  

 

 

El triste espectáculo de un priismo abatido

 

En horas recientes el PRI de Néstor Camarillo e Isabel Merlo Talavera anunciaron que no presentarán candidato a la presidencia municipal de Puebla.

 

Estamos ante el espectáculo de la decadencia. En otros tiempos la candidatura a la alcaldía era la perla de la política poblana; el trampolín a la gubernatura; el ascenso a las ligas mayores.

 

Pero aquí está el efecto de las dirigencias de Pablo Fernández del Campo, de Fernando Moreno Peña, Ana Isabel Allende Cano y los actuales titulares. Todos dejaron de lado la política de acercamiento a las bases; olvidaron a sus grupos regionales y a los sectores; sepultaron los seccionales.

 

Hoy de aquel PRI ya nada queda; el tricolor es un cadáver.

 

Como siempre quedo a sus órdenes en  [email protected]

 

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