Lunes, 29 de Noviembre del 2021
Jueves, 25 Noviembre 2021 01:51

¿Quién recuerda cómo eran las cosas antes de la Revolución?

¿Quién recuerda cómo eran las cosas antes de la Revolución? Escrito Por :   Francisco Baeza Vega

Hoy, que la Revolución se encuentra en un momento crítico, cuando incluso sus más adictos miramos de reojo, intranquilos a Nicaragua, es preciso no olvidar su razón de ser para no traicionarla:


 

La vida en la Granja Animal es dura, durísima; 60 h a la semana, los animales sudan la gota gorda arando la tierra, extirpando maleza o acarreando piedras para reconstruir el viejo molino con paredes dos veces más gruesas que el anterior a fin de evitar que sea saboteado nuevamente. Últimamente, algunos de ellos tienen la idea de que trabajaban más y no comen mejor que antes pero es solo eso, una idea; en realidad, ninguno recuerda con exactitud cómo eran las cosas antes de su emancipación. La memoria es corta, se sabe; las penurias presentes suelen hacer olvidar las pasadas.

 

Es preciso repasar las páginas de su historia para recordar cómo eran las cosas antes de que las palomas de la Granja Manor descargaran su primer, apestoso bombardeo. Si no lo hiciéramos sería fácil olvidar que la vida de los animales que habitaban aquella quinta era triste, fatigosa y corta, y que a pesar de que los infelices trabajaban hasta su último día de sus vidas en condiciones semejantes a la esclavitud apenas disponían de lo justo para subsistir; y que Mr. Jones, al contrario, vivía espléndidamente, fumando los mejores habanos y bebiendo whiskey de gran calidad, y consumiendo alegremente… sin producir ni un huevo. Y peor: olvidaríamos que en tales circunstancias la única alternativa digna que tenían aquellos era rebelarse.

 

No me sorprende encontrar citado a George Orwell en el epígrafe de Los profetas del golpe, de Héctor Tenorio Muñoz-Cota, el cual, por cierto, estaremos comentando este jueves en compañía de Francisco Javier Arias Cárdenas, Luis Alberto Angulo y Alberto Peralta; La rebelión en la granja es una de las mejores críticas constructivas de las revoluciones socialistas que podemos hallar en las bibliotecas. Cita Héctor:

 

“Pasaron los años, las estaciones vinieron y se fueron; las cortas vidas de los animales pasaron volando. Llegó una época en que ya no hay ninguno que recuerde los viejos días anteriores a la Rebelión…”

 

A Orwell hay que citarlo con cuidado, sin embargo; a veces, sus líneas se tuercen decepcionantemente:

 

“…con excepción del viejo Benjamín, quien manifiesta recordar cada detalle de su larga vida y asegura que las cosas nunca fueron ni podrían ser mucho mejor o mucho peor; que el hambre, la opresión y el desengaño son la ley inalterable de la vida”.

 

A fin de comprender la naturaleza de la revolución que convulsiona Venezuela desde principios de los 90, en fin, este librito de lectura obligatoria nos remite a los viejos días anteriores de desesperanza que siguieron a la aplicación de una serie de medidas económicas de corte neoliberal por parte del corruptísimo gobierno de entonces (Gran viraje, Paquetazo económico) y que sentarían las bases del proceso revolucionario que comenzaría con los fallidos intentos de golpe de Estado del 4 de febrero y del 27 de noviembre de 1992 y alcanzaría su cénit con la llegada poder de Hugo Chávez, en 1999. El mismo cuento orwelliano, repetido:

 

“¿Es que, acaso, la tierra es tan pobre que no puede proporcionar una vida decorosa a todos sus habitantes? ¡No, camaradas! La tierra es fértil, es capaz de dar comida en abundancia a una cantidad mucho mayor de animales que la que actualmente lo habita […]¿Por qué, entonces, continuamos en esta mísera condición? ¡Porque los seres humanos nos arrebatan el futuro de nuestro trabajo! Ahí está la causa de nuestros males: el hombre”.

 

Hoy, que la Revolución se encuentra en un momento crítico, cuando incluso sus más adictos miramos de reojo, intranquilos a Nicaragua, es preciso no olvidar su razón de ser para no traicionarla:

 

“En la lucha contra el hombre no debemos asemejarnos a él; incluso cuando lo hayamos vencido, no debemos adoptar sus vicios”.

 

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