Martes, 03 de Agosto del 2021
Jueves, 08 Julio 2021 01:44

La polarización y sus riesgos

La polarización y sus riesgos Escrito Por :   Irma Sánchez

Qué pena que día a día se ahonde la polarización en todos los círculos de la sociedad.


 

Lejos de que después de más de un año de confinamiento, de aislamiento, los mexicanos que han podido salir adelante apoyándose unos con otros, hoy están enfrentados, polarizados desde las más altas esferas del poder, que no resuelven cerros de pendientes y buscan justificarse buscando culpables sobre los que arrojan todo el coraje de sus frustraciones.

 

Con esta estrategia solo queda decir “sálvese quien pueda”, en un contexto de crisis, hartazgo, coraje, frustración y retroceso.

 

Hay que destacar el papel de ese pueblo noble y bueno, que pese a todo, se confronta, desahoga y regresa a su cotidianidad.

 

¿Hay necesidad?

 

Lo peor de este estado es que quedan anuladas posibles expectativas que contribuyen a sumar esfuerzos y voluntades para reconstruir a una nación; como casi todas, víctima de un año de parálisis, sortea múltiples rezagos que para enfrentarlos obliga al replanteamiento de acciones conjuntas para apresurar un proceso de reconstrucción de la vida y de la nación.

 

Hoy hay que reprochar a los artífices de este saldo las condiciones en que se desenvuelve la nación y los riesgos que en cualquier momento pueden encender los ánimos y movimientos por parte de esos 71 millones de mexicanos declarados en pobreza extrema.

 

La pandemia y la nostalgia

 

La nostalgia se hace presente entre los poblanos de sepa, aquellos que han defendido de generación en generación las tradiciones inculcadas y que hoy con año y en medio de una pandemia y confinamiento, obliga a la cancelación de actividades de alta concentración.

 

Es el caso de las fiestas patronales que tradicionalmente congregan al barrio para homenajear a un santo.

 

Es el turno de la tradicional fiesta de Nuestra Señora del Carmen, que por segundo año consecutivo queda suspendida ante la nostalgia de los poblanos, quienes desde niños no faltaban cada 16 de julio a cumplir con la devoción y después con la fiesta.

 

“No es el momento aún” dijeron las autoridades al descartar la posibilidad de que se pudiera rescatar la fiesta que el año pasado también fue cancelada para prevenir más contagios.

 

Ante el anuncio, los poblanos han dado rienda suelta a los recuerdos de la fiesta que congrega a las familias, entre rayos de sol, amenazas de lluvia y torrenciales aguaceros que no alteran ni entorpecen la fiesta.

 

La tradición marca formarse en el interior del templo de El Carmen, uno de los más antiguos de Puebla, pasar por debajo del manto de la virgen de color café, a la que se llega en caminos formados por cientos de flores de color amarillo.

 

Tras el paso implorando su protección los asistentes adquieren los escapularios de la virgen, que son bendecidos por los religiosos que no se dan abasto a pronunciar las palabras sacramentales mientras esparcen el agua bendita a escapularios y asistentes.

 

En horas pico, las filas para subir al altar para pasar bajo el manto se vuelven interminables. Pacientemente los devotos hacen fila de más de una calle.

 

Tras el rito viene el gozo con docenas de puestos que ofrecen todos los antojitos poblanos, juguetes propios de feria, artesanías, juegos de aros, lotería, tiro de rifle, pesca, sin faltar los juegos mecánicos para chicos y grandes, y una carpa con animales y personajes insólitos que se convierten en atractivo especial.

 

Tal parece que el COVID llegó de Asia para sabotearlo todo, hasta lo que no cuesta y es de todos: las fiestas patronales son de todos, y forman parte del patrimonio de una ciudad, de una sociedad, de la idiosincrasia, de un pueblo devoto y con memoria sobre los valores religiosos y culturales que recibe de sus ancestros.

 

Dieta poblana

 

Estoy de acuerdo con Juan Ramón Álvarez Cuspinera que cita la lista de alimentos que dan identidad poblana: memela, taco de canasta, refresco de manzana de Zacatlán, torta de mole, chile en nogada, una pasita, tortita de Santa Clara, cemita, helado de rompope, taco árabe y un churro del centro. Pero Alberto Curiel enumera otras delicias más, con las cuales también estoy de acuerdo y todos disfrutamos: molotes del Congreso, cremitas de la California, nevados, chileatole, entre otros.

 

Usted ¿Qué añadiría?

 

Desde luego que se trata de disfrutar, olvidándose del peso y dietas para gozar una por una de las recetas que han salido de las cocinas tradicionales de Puebla y del gusto, talento y sazón de las poblanas.

 

Va de aclaración

 

En el reportaje de la semana pasada sobre los cien años de Farma Droguería Medina cité al fundador, don Antonio Medina, que heredó el gusto y amor por el negocio a su hijo Nicasio. Aclaro que don Nicasio no fue hijo de don Antonio, fue su sobrino.

 

Y hecha la aclaración, reitero el orgullo del centenario negocio, que ha sabido hacer frente a todos los altibajos y hoy a la más agresiva competencia que representan los grupos farmacéuticos que llegan decididos a arrasar en todas las plazas.    

 

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