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Martes, 08 Febrero 2022 01:16

Misión cumplida, descansa en paz “TaAda”

Misión cumplida, descansa en paz “TaAda” Escrito Por :   Irma Sánchez

La decisión la tomó después de un capítulo apasionante de una vida plena que comenzó en las aulas universitarias donde estudió la carrera de contaduría.


 

Casi 8 décadas de vida comprometida con la Iglesia, con convicciones filosóficas y políticas muy profundas, con los demás, terminaron en el fondo de un pozo, donde fue encontrada Adamina Catalina Montes González, en su rancho en La Mesa de Metlaltoyuca en la Sierra Norte.

 

Sobre su muerte, la Fiscalía General del Estado trabaja y dará a conocer sus pesquisas.

 

Lo único claro es que “La Tía Ada” como la referían, ya no está entre nosotros.

 

Ganadera de grandes ligas un día decidió cambiar las calles pavimentadas de la ciudad de Puebla por los caminos de terracería y exuberantes sembradíos, para cambiar su residencia y hacer familia con vaqueros, jornaleros y campesinos que trabajaban en su rancho.

 

La decisión la tomó después de un capítulo apasionante de una vida plena que comenzó en las aulas universitarias donde estudió la carrera de contaduría.

 

De ahí, gracias a las relaciones de su padre el coronel Erasto Montes, se incorporó al equipo de trabajo del coronel José García Valseca, propietario en ese momento de la poderosa cadena García Valseca que tiraba diariamente en toda la república mexicana 37 periódicos como El Sol de Puebla.

 

Adamina Montes la contadora personal del coronel, personaje de toda su confianza, con convicciones muy definidas, en el contexto de una sociedad polarizada entre izquierdas y derechas, muy pronto se involucró con el grupo identificado como el Frente Universitario Anticomunista que en 1973 decidió poner punto final a las disputas y crear la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla.

 

Su presencia fue decisiva, se convirtió en la primera mujer poblana en participar en foros políticos en los que se exponía la esencia filosófica y política del proyecto UPAEP.

 

En equipo, codo con codo trabajó y luchó para hacer una realidad la segunda universidad particular de Puebla con el licenciado Manuel Rodríguez Concha, el empresario Abelardo Sánchez Gutiérrez, el ingeniero José Antonio Quintana, el licenciado Manuel Díaz Cid, el administrador Gerardo Pellico Agüeros, el doctor Francisco Casas, entre muchos.

 

Una vez que tomó su curso la casa de estudios, que fue reconocida por la federación; Adamina consideró oportuno fundar una organización desde la que se luchara por los derechos cívicos de las mujeres y así fue como creó la Ancifem (Asociación Nacional Cívica Femenina).

 

Ésta la entregó para su liderazgo a Ana Teresa Aranda de Orea que sacó de sus casas, de su confort, a las mujeres para luchar por la seguridad, el enfoque y la calidad de la educación, la vertebración de la familia y su responsabilidad en la sociedad.

 

Desde su rancho en La Mesa de Metlaltoyuca ‘La Tía Ada’ siempre tuvo lista la chequera para apoyar obras de reconstrucción en templos y conventos.

 

Apoyaba a cuanta congregación religiosa la buscaba y convencía de una obra para apoyar a muchos en condición vulnerable.

 

Dio todo su apoyo decididamente a la orden de Los Cruzados de Cristo para que construyeran su casa en San José Vista Hermosa.

 

Todo su apoyo siempre con la precisión de “que tu mano izquierda no se entere de lo que hace la mano derecha”

 

Día a día desde su rancho hablaba con vehemencia de su vida en el campo y con la familia que había formado con sus trabajadores, por la bendición que tenía de trabajar a brazo partido con gente noble y leal.

 

A sus 80 años era común verla lo mismo a caballo que en su camioneta, recorrer carreteras sola, segura, confiada.

 

Su vida llegó a su fin uno de los primeros días de febrero, en forma sorprendente, inesperada, indeseada.

 

Descanse en paz, una gran dama, mujer comprometida que con su 1.80 metros de estatura se imponía con su talento y convicciones en todos los foros.

 

Hoy en la sierra, en los monasterios y congregaciones, ya la extrañan.

 

Con antelación ella todo lo tenía previsto, hasta su testamento que insistía una y otra vez “será para continuar las obras que en vida inicié”.

 

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