Lunes, 08 de Marzo del 2021
Martes, 16 Febrero 2021 01:34

El COVID se los llevó

El COVID se los llevó Escrito Por :   Irma Sánchez

El mortífero bicho nos está dejando huérfanos.


No sólo al perder padres y madres que ya suman miles, también nos ha arrebatado a personajes clave que proveían y movían a grupos de la sociedad en forma enriquecedora.

 

Si bien el COVID apareció en México unos días después del fallecimiento del gran promotor deportivo, el maestro Enrique Montero Ponce, también hay que reclamarle al ‘bicho’ de origen asiático que se llevó a otros dos promotores del deporte, al dinámico y entusiasta Rafa Moreno Valle Sánchez y al queridísimo “Pepe Grillo”

 

Los tres en tiempos coincidentes le dieron a Puebla deporte, orgullo, gloria y permitieron que la adrenalina de los poblanos corriera tanto en el béisbol como en el futbol.

 

Los tres nacieron en distintos años y se integraron desde distintos puntos para conformar un gran equipo con una gran afición.

 

Los tres se esmeraron y dejaron correr su pasión lo mismo en la cancha que en las gradas, movieron a miles de personas, sacudieron hasta al más apático cuando de orgullo se trataba.

 

El más reciente de los fallecidos, “Pepe Grillo” hombre entusiasta que desde que subió el Puebla en 1970 a la primera división, era el primero en llegar al Cuauhtémoc con la porra y con su emblema, una botarga que se paseaba como un camote con piernas. No solamente lo hacía en el Cuauhtémoc, porque cuando el Puebla era visitante, llevaba de 3 a 5 camiones a todas las plazas de la primera división. Espléndido siempre iba cargado de cajas de camotes que repartía entre las aficiones anfitrionas. Cargaba camotes de todos los sabores y los lanzaba a las tribunas, ante el regocijo de la gente.

 

Y hay que decirlo ahora con tono festivo, “Pepe Grillo”, dependiendo el marcador de cada partido, se llevaba afectuosos saludos para su progenitora.

 

Nunca perdió el humor y jamás se ofendió. Por el contrario, lo tomaba con una gran sonrisa. Y al terminar el partido, fuera cual fuera el resultado, nunca le faltó memoria para repetir chistes y anécdotas que hacían menos pesado el recorrido por las carreteras.

 

Fue un hombre siempre amable.

 

Los últimos días de su vida, a las puertas de su casa frente al Cenhch, cargado de años se sentaba en una silla para disfrutar de la vida viendo pasar a la gente. Cargado de ilusiones se reía a mandíbula batiente y saludaba a muchos y agradecía los gritos de ¡Pepe Pepito!

 

Poseía una extraordinaria memoria, siempre contestaba el saludo con nombre y apellido a su interlocutor.

 

Don Enrique Montero Ponce, Rafa Moreno Valle Sánchez y el gran “Pepe Grillo” de seguro gozan desde el cielo de los partidos de futbol entre ángeles y diablos.

 

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