Sábado, 02 de Julio del 2022
Viernes, 04 Marzo 2022 03:32

Puebla, el estado más discriminador del país, dice Inegi

Puebla, el estado más discriminador del país, dice Inegi Escrito Por :   Gabriel Sánchez Andraca

En las costas les dicen ‘totolitos’, que son una especie de palomas de pequeño tamaño que adoptan poses como de humildad y a los negros se les llama ‘nitos’.


 

El Instituto Nacional de Geografía y Estadística, dio a conocer el resultado de una encuesta que dicho instituto llevó a cabo nacionalmente para saber el grado de discriminación que existe en cada entidad federativa y resultó que los tres estados donde más se da ese fenómeno son Puebla, Guerrero y Oaxaca, curiosamente los que más población indígena tienen.

 

        En lo personal no estamos de acuerdo en ese resultado, que en el caso de la entidad poblana, sólo sirve para alimentar la leyenda negra de los poblanos.

 

       Sí es cierto que hay poblanos discriminadores, pero son los menos, como existen en todo el país y no es que exista odio hacia indígenas y gente de otra  raza sino que como decía el maestro Luis Calderón Vega, padre del expresidente Felipe Calderón en sus clases de Sociología Mexicana en la Escuela de Periodismo Carlos  Septién García: “Lo que ocurre es que quienes se sienten discriminados están peleados con el jabón, y la gente de las ciudades, de clase media para arriba, ya acostumbran el baño diario”.

 

         Este columnista es nativo del estado de Guerrero, donde además de indígenas, está población negroide de origen africano más numerosa del país y ha tenido dos gobernadores de esa condición racial.

 

          En Puebla, un campesino de raza mixteca que en su casa habló su idioma original porque su mamá nunca aprendió español se hizo maestro de primaria, fue dirigente de la sección 23 del SNTE y fue diputado del Congreso local, y uno de sus cercanos amigos y colaboradores era indígena totonaco de la Sierra Norte y siempre vimos que los maestros a los que comandaban los traban con mucho respeto, igual que ellos.

 

          Sí hay, sobre todo en provincia, actitudes discriminatorias de comerciantes, camioneros, etc. Cuando el general guerrerense Juan Andrew Almazán salió con su familia de su natal Olinalá para venir a Puebla, se molestó, así lo dijo en sus memorias, porque al llegar a Chiautla  de Tapia en territorio poblano escuchó que algunos comerciantes llamaban ‘indios’ a los indígenas cuando en Guerrero los mestizos utilizamos el diminutivo ‘inditos’.

 

           En las costas les dicen ‘totolitos’, que son una especie de palomas de pequeño tamaño que adoptan poses como de humildad y a los negros se les llama ‘nitos’. Ellos mismos, en la Costa Chica, se dicen “Oye nito”, que quiere decir, abreviado, hermanito.

 

          ES DIFICIL DETERMINAR EL GRADO REAL DE discriminación que hay en alguna comunidad.

 

          Somos un pueblo mestizo en la mayor parte del país: fuimos discriminados durante 300 años por los conquistadores españoles y sometidos a la esclavitud. El mestizaje fue un fenómeno que tuvo como base la violación de las mujeres indígenas por los conquistadores, que generalmente nunca se hacían cargo del hijo que engendraban. Los mestizos se tuvieron que hacer solos, pues muchas veces eran discriminados por los indígenas y por los gachupines.

 

           Se dieron cuenta de que para sobrevivir y progresar en una sociedad tan cargada de prejuicios como la colonial tenían que hacer algo, y que la Iglesia Católica no ejercía discriminación abierta contra los que querían hacer carrera eclesiástica y así los seminarios se llenaron de mestizos y los conventos de monjas mestizas, y por eso la ciudad de México, que tendría unos cien mil habitantes, llegó a tener más de tres mil sacerdotes y 45 conventos de religiosas, entre ellas Sor Juana Inés de la Cruz.

 

          UN GRAN LIBERAL DE LOS TIEMPOS DE DON BENITO JUAREZ expresó una vez ante un grupo de amigos: “Estos surianos (así llamaban a los ahora guerrerenses, antes de que se creara ese estado) sólo sirven para pelear, sólo para eso se unen, pero nada bueno puede esperarse de ellos”.

 

          Los pleitos se daban generalmente entre negros, indígenas y mestizos cuando no había batalla y podían andar unos días de parranda. Este columnista, que admiraba mucho a ese liberal, empezó a dudar de sus cualidades cuando leyó esa anécdota, pero es explicable.                  

                                             

          Tengo más de medio siglo de haber llegado a Puebla con la preparatoria terminada en el Colegio del Estado, ahora Universidad Autónoma de Guerrero. Puedo decir que además de encontrar aquí entrañables amigos, nunca he visto que alguno de ellos haya discriminado a alguien por su raza o condición social; al contrario, he visto actos de solidaridad y lealtad muchas veces.

 

          Cada entidad de la república tiene características propias, los poblanos tienen comportamientos diferentes a los de los tlaxcaltecas, pese a su cercanía, al de los veracruzanos o al de los oaxaqueños: un día estaba yo en la Facultad  de  Filosofía y Letras y vi llegar a un desconocido y pregunté quién era y la respuesta de mi interlocutor fue: “Es un tabasqueño que dicen que está loco”.

 

          Y pensé: “No, no está loco: es tabasqueño”.

 

          Me acordé que cuando dejé de ser ‘pelón’ en la escuela de Derecho y ascendí a la categoría de ‘pachón’ hubo una comida en Los Pescaditos un gran patio que tenía un estanque con pescaditos en lo que ahora es Centro de Convenciones de San Francisco. Y estando en un festejo que se ofreció a los ‘pelones’, (alumnos de nuevo ingreso) al  toparme con un compañero de grupo, me dijo: “Oye Andraca, en primero está otro guerrerense que está más loco que tú”.

 

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