Martes, 03 de Agosto del 2021
Martes, 20 Julio 2021 01:33

Espionaje e infamias desde el poder

Espionaje e infamias desde el poder Escrito Por :   Arturo Rueda

La lección de Moreno Valle, y su trágico final, están mediados por el escándalo del espionaje, porque si bien los audios pudieron convertirse de momento en una herramienta de control, a largo plazo pudieron convertirse en motivo de odio real. Tanto para desencadenar reacciones imprevisibles.


 

Los periodistas nacionales reviven el escándalo de las intervenciones telefónicas de 2015-2016 a través del software Pegassus derivado del reportaje de The Guardian que confirma que el escándalo de los escuchas ilegales ocurrió de manera global. Ningún gobierno en el mundo, al parecer, se resistió a oír lo que de manera privada decían reporteros y defensores de derechos humanos.

 

Como en muchas cosas corruptas, Moreno Valle fue un innovador porque sus intervenciones telefónicas comenzaron un año antes, desde 2014, y no solo abarcaron a periodistas y defensores de derechos humanos, sino incluso a sus aliados, amigos y a todos aquellos que políticamente, en la eventualidad, se convirtieran en un riesgo.

 

Armado con esos audios, que según la lista publicada por Rodolfo Ruiz en su momento abarcaron hasta al secretario de Gobernación Osorio Chong, armaron un imperio que fue fugaz, tan fugaz como la caída del helicóptero Agusta la tarde del 24 de diciembre de 2018.

 

Moreno Valle murió, Eukid sigue en la cárcel, el equipo responsable de operar el software se dispersó y algunos de los audios terminaron siendo vendidos en el mercado político por unos cuantos pesos allá por 2018.

 

Siete años después, sin embargo, la mayoría de los audios quedaron ignotos, en manos de quien sabe quién, y aunque su contenido pueda ser anecdótico tanto tiempo después, quizá haya algunos que sí sean trascendentes y detonaron consecuencias imprevisibles.

 

No es intrascendente saber si alguien se quedó como guardián de secretos que aun ahora pueden ser utilizados, aunque el contexto de los hechos se pierda.

 

Por supuesto que el espionaje siempre ha existido, e incluso una rama de la ciencia política acepta que el Estado pueda practicarlo siempre por razón de res publica, es decir, para prevenir un mal mayor de lo que significa vulnerar la esfera de los derechos humanos.

 

¿Alguien podría afirmar que es insano que el Estado practica el espionaje, por ejemplo, para detener un ataque terrorista o detener a un capo del narcotráfico?

 

En el año 2021, sin embargo, el problema es exponencial porque la forma de vulnerar esa privacidad cada vez es más sencillo con la tecnología y los softwares como Pegassus. Sabemos de ese, pero ¿cuántos más rondan por ahí en este momento?

 

¿Alguien de nosotros puede considerarse a salvo? ¿A quién no le llegan mensajes por Messenger de “checa si eres tú el que sale en la foto”?

 

La lección de Moreno Valle, y su trágico final, está mediado por el escándalo del espionaje, porque si bien los audios pudieron convertirse de momento en una herramienta de control, a largo plazo pudieron convertirse en motivo de odio real. Tanto para desencadenar reacciones imprevisibles.

 

Las malas artes existen y siempre existirán en la política. Pensar lo contrario es un acto de ingenuidad terrible. Y el peor enemigo, claro, es el Estado porque es el tenedor de todos los elementos de fuerza que son cárceles, impuestos y policías.

 

 

Según Ruiz, Moreno Valle llegó a captar 14 horas de intervención en 2014 de mis conversaciones durante la crisis de Chalchihuapan. ¿Dije algo?

 

Sin embargo, las malas artes de la política siempre tienen consecuencias. Y si no, que lo platiquen tanto Mario Marín Torres, Adolfo Karam y Kamel Nacif, sorprendidos en un concierto de autoridades para castigar a una periodista por el simple hecho de dar a conocer sus opiniones.

 

Y claro, Rafael Moreno Valle y Eukid Castañón, quienes se coludieron para espiar y grabar a muchos personajes. Uno terminó muerto y el otro se pudre en prisión.

 

Los abusos, las infamias desde el poder, no terminan bien ni siquiera para sus maquinadores. En política no todos los actores son visibles, pues siempre fuerzas invisibles acechan.

 

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