Viernes, 30 de Julio del 2021
Jueves, 22 Julio 2021 01:57

La tercera ola se escribe contagio a contagio

La tercera ola se escribe contagio a contagio Escrito Por :   Arturo Rueda

Como sea, la decisión del Gobierno federal, así transmitida a los estados, es que no habrá cierre de la economía porque la gente está “muy cansada”, y tampoco restricciones en la movilidad como el turismo o las vacaciones. Si alguien quiere ir a Cancún o Los Cabos cuatro días, coger la variante Delta y diseminarla al regreso, es muy libre de hacerlo.


 

Hace una semana, previendo el tsunami de la tercera oleada, el gobierno barbosista decidió restringir los aforos en comercios y restaurantes para reducir la movilidad de los poblanos.

 

No resultó, pues según Google, el movimiento de los poblanos está desbordado. Sólo el tres por ciento respeta el “quédate en casa”, y en supermercados, farmacias, transporte público y lugares de trabajo es hasta 16% superior.

 

La movilidad de los poblanos hoy es mayor de la que había antes del arranque de la pandemia en marzo de 2020. Los meses de confinamiento están llevando a las personas a desconfinarse de manera cuasi salvaje, por no decir suicida.

 

No está fácil la manera en la que el Gobierno estatal debe actuar ante el abandono de los gobiernos municipales en la pandemia. El fin de semana se colocó la Feria del Carmen, con o sin aval del Ayuntamiento. Los puesteros se colocaron ahí, sin que nadie los molestara, y aunque no hubo muchedumbre, sí salieron cientos de poblanos a comerse sus antojitos.

 

Los ayuntamientos no ayudan en nada a Barbosa, que tiene por delante decisiones difíciles, otra vez. Difícil porque la lectura de los números es contradictoria. ¿Por qué?

 

El subidón de contagios activos es innegable, pero la hospitalización está lejos de desbordarse y los fallecimientos están en el límite de lo “aceptable”.

 

Ayer, por ejemplo, se reportaron 205 contagios, pero solamente cinco muertos. La hospitalización, sin embargo, sigue creciendo e incluso ya se planea reconvertir hospitales que ya habían sido desconvertidos.

 

Lo lógico sería volver a algún tipo de confinamiento: días solidarios, horarios de cierre, aforos restringidos, control del transporte público, como pasó en enero.

 

Pero parece que la política no sólo es nacional, sino mundial: las cuarentenas ya no son opción. Los confinamientos ya dejaron demasiadas secuelas económicas, sociales, psicológicas.

 

Y de cara al futuro, ninguna es tan costosa como las secuelas psicológicas en los menores, lo que lleva a la urgencia del restablecimiento presencial en las escuelas, aunque sea en un modelo híbrido.

 

Pero sin duda es una trampa. Ayer una familia contagiada completa me platicó que todo inició cuando un menor de la familia acudió al curso de verano del Acuario Michín en Parque Puebla. Ahí se desató el ‘contagiadero’.

 

Como ya quedó claro, la vacuna Cansino requiere un refuerzo, pues la inmunidad que otorga se debilita a los seis meses. Tomando en cuenta que a los profesores les aplicaron su dosis en mayo, para finales de noviembre tendrán que ser vacunados.

 

Como sea, la decisión del Gobierno federal, así transmitida a los estados, es que no habrá cierre de la economía porque la gente está “muy cansada” y tampoco restricciones en la movilidad, como el turismo o las vacaciones.

 

Si alguien quiere ir a Cancún o Los Cabos cuatro días, coger la variante Delta y diseminarla al regreso, es muy libre de hacerlo.

 

 

Tampoco se ordenarán cuarentenas o home office, y cada unidad económica deberá tomar las medidas para protegerse.

 

Hasta ahora, el regreso a clases presenciales se mantiene y pese a las resistencias, los docentes están siendo comenzados a llamar para papeleo y credencialización.

 

En materia de contagios, el ‘subidón’ es vertical, pero en mortalidad y hospitalización no.

 

La única apuesta del gobierno de AMLO es que las dos últimas variables se mantengan así, para poder decir que el Plan Nacional de Vacunación se trató de un éxito.

 

Pero la historia se escribe contagio a contagio.