Jueves, 16 de Septiembre del 2021
Miércoles, 28 Julio 2021 01:31

Marín saldrá de la cárcel pero nadie devuelve lo perdido

Marín saldrá de la cárcel pero nadie devuelve lo perdido Escrito Por :   Arturo Rueda

No creo que le alcance la vida a Mario Marín Torres para arrepentirse de un complot contra una periodista en una acción que parecía inocua. Los complots son poderosos  cuando permanecen ocultos, pero en cuanto trascienden a la esfera pública, se debilitan. Es la historia de las conspiraciones. La infamia es exitosa cuando se oculta la mano que golpea, ¿cuándo ésta se hace pública?


 

Dice Lydia Cacho que la liberación de Mario Marín Torres es inminente luego del amparo exculpatorio que le dieron a Kamil Nacif y cierra, 16 años después, su participación en el escándalo de tortura a la periodista por medio de los instrumentos del gobierno de Puebla.

 

Desde la torre del poder marinista, la acción emprendida en ese lejano año de 2005 fue banal: le dieron su coscorrón a la periodista para ayudar a un amigo empresario. Lo hicieron porque pudieron y porque quisieron. Así de sencillo. Lo hicieron porque así es el poder.

 

No creo que le alcance la vida a Mario Marín Torres para arrepentirse de un complot contra una periodista en una acción que parecía inocua. Que era gratis y nadie iba a pagar consecuencias.

 

Los complots son poderosos cuando permanecen ocultos, pero en cuanto trascienden a la esfera pública, se debilitan. Es la historia de las conspiraciones. La infamia es exitosa cuando se oculta la mano que golpea, ¿cuándo ésta se hace pública?

 

Marín y Kamel hablaban en privado, pero alguien los escuchaba, porque alguien siempre escucha, reúne pruebas y las suelta en el momento adecuado. Porque alguien se amilana y cuenta a otro la verdad.

 

Siempre he afirmado que los contrafácticos no sirven para analizar la historia, pero ¿qué hubiera sido de Mario Marín Torres si no hubiera atacado a la periodista desde su altura como gobernador?

 

De entrada, no se habría convertido en el góber precioso.

 

No hubiera sido enjuiciado por la Suprema Corte de Justicia.

 

No se hubiera convertido en un lastre para la campaña presidencial de Roberto Madrazo, ni un indeseable para Enrique Peña Nieto.

 

Muy probablemente no hubiera sido forzado por Elba Esther Gordillo para entregarle la gubernatura a Rafael Moreno Valle en 2010.

 

Seguro, en 2012, Marín Torres hubiera sido senador o diputado federal. Le habría tomado años bajarse de la rueda del poder.

 

Ahora sería el patriarca de la clase política poblana, en vez de un paria.

 

Sobre todo, Marín no tendría que haberse ido prófugo ni pisar la cárcel.

 

Puede ser cierto que el ex gobernador, en unos dos meses, podrá abandonar la cárcel de Cancún que habita desde febrero, pero ¿quién le quita lo perdido en 16 años de escándalo?

 

¿Valió la pena ese exabrupto, ese impulso momentáneo de lastimar a alguien que sólo expresaba sus opiniones o investigaciones?

 

Yo creo que no.

 

Seguro Marín pasa sus días arrepentido de dar esas órdenes, de tomar esa llamada, de festinar el coscorrón, de ayudar a su “amigo” a darle un coscorrón a la “vieja cabrona”, por más que ahora dos magistradas interpreten que esa expresión no hace referencia a la periodista Cacho.

 

Sí, un nuevo fallo puede devolverle a Marín a las calles, pero no devolverle los últimos 16 años bajo asedio político, periodístico.

 

 

No, esas conspiraciones nunca salen bien. Ni en el corto ni en el largo plazo.

 

El pequeño gozo de la venganza instigada, desproporcionada, más tarde que temprano se acaba devolviendo.

 

Si no, que lo platique Eukid, el otro gran perpetrador de infamias.

 

O Moreno Valle, el otro gran instigador de encarcelamientos confeccionados desde el poder.

 

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