Miercoles, 26 de Enero del 2022
Jueves, 02 Diciembre 2021 03:12

Claro que sigue siendo un Honor estar con Obrador

Claro que sigue siendo un Honor estar con Obrador Escrito Por :   Arturo Rueda

En clave de ‘cotorrisa’, Roberto Palazuelos ―una de esas figuras huecas surgidas del ‘mirreynato’― narró en un programa de espectáculos sus andanzas con los hijos del presidente Miguel de la Madrid. Como cada fin de semana era una fiesta: escogían alguna casa playera del Fonatur, desplazaban al Estado Mayor Presidencial para cuidarlos, pagaba las francachelas de los juniors, su alcohol y diversiones. Y contó todo esto riendo a tambor batiente, orgulloso del despilfarro del dinero público. Incluso lo narró con cinismo, porque para ellos es natural: política es sinónimo del privilegio en la disposición de lo público. Privilegio de unos cuántos. Así fueron los 30 años del PRIAN. Y antes de eso, muchísimo antes.


Yo soy uno de esos que, tres años después, siguen creyendo que es un Honor estar con Obrador. Y cómo no, si yo fui de los que votaron por él en 2006, en 2012 y en 2018, por fin ganó. Y no ganó de cualquier manera: arrasó como 30 millones de votos, con la legitimidad arrolladora que no iba a tener en las dos primeras campañas.

 

¿Tuvimos la razón histórica aquellos que optamos por López Obrador desde el 2006?

 

Muy probablemente: tres años después de ejercer el cargo de Presidente, con una pandemia en medio y la peor crisis económica en un siglo, Andrés Manuel López Obrador mantiene una popularidad de entre el 65 y el 70 por ciento según diversas encuestas.

 

El pueblo, de manera mayoritaria, y a pesar de todas las contradicciones de su gobierno, incluso de su movimiento, sigue de manera decidida apoyando al tabasqueño.

 

Y yo con él. Así de claro.

 

Pero supuesto que ni su gobierno, ni su figura presidencial, son perfectas. Pero partiendo de que no hay nada perfecto, ni nadie, y que puede haber un amplio disenso respecto de algunas decisiones y programas, la mayoría de los mexicanos creen en AMLO. Y siguen creyendo pese al trabajo diario y constante de los medios de comunicación enemigos que buscan socavarlo.

 

¿Y por qué creemos en López Obrador?

 

Porque el diagnostico sigue siendo el correcto: México es un país devastado por una elite corrupta que abusó hasta el cansancio de los recursos públicos y privados del país. Nadie puede olvidar que hemos vivido un saqueo permanente y continuado.

 

En clave de ‘cotorrisa’, Roberto Palazuelos ―una de esas figuras huecas surgidas del ‘mirreynato’― narró en un programa de espectáculos sus andanzas con los hijos del presidente Miguel de la Madrid. Cómo cada fin de semana era una fiesta: escogían alguna casa playera del Fonatur, desplazaban al Estado Mayor Presidencial para cuidarlos, pagaba las francachelas de los juniors, su alcohol y diversiones.

 

Y contó todo esto riendo a ‘tambor batiente’, orgulloso del despilfarro del dinero público. Incluso lo narró con cinismo, porque para ellos es natural: política es sinónimo del privilegio en la disposición de lo público. Privilegio de unos cuántos. Así fueron los 30 años del PRIAN. Y antes de eso, muchísimo antes.

 

Andrés Manuel es una rara avis de la política mexicana, porque ve a los millones de pobres como algo tangible, real y doloroso, no un pretexto discursivo para el expolio de la corrupción. No son el pretexto para enriquecerse abusando de lo público.

 

Si su gobierno es lo suficientemente eficiente es para la discusión, así como la efectividad de sus subsidios. Pero con el sólo hecho de duplicar el salario mínimo en tres años, recuperar el poder adquisitivo perdido en 30, ha dado un avance superior en la economía.

 

Andrés es leal a su base de votantes, congruente con sus ideas y con quienes lo llevaron al poder. Y si un país defectuoso en 200 años no puede cambiarse en tres, se aprecia el esfuerzo de la congruencia. En su núcleo ético, ese que golpean sus enemigos del PRIAN, de los jefazos empresariales.

 

El escándalo de su hermano recibiendo dinero en efectivo, los señalamientos de que su hijo se beneficia del cacao que todavía no se produce de Sembrando Vida, buscan golpear precisamente ese núcleo ético del lópezobradorismo.

 

Por supuesto que hay discusión de qué viene para la 4T, si Sheinbaum, Ebrard o Monreal, pero significa precisamente lo opuesto a lo que nos decían los voceros del PRIAN: que AMLO iba a tratar de reelegirse y no sé cuántas ‘jaladas’.

 

AMLO es lo que es: un líder democrático, pacifista y que pone en el centro a los más pobres.

 

Reconociendo eso, pueden venir múltiples discusiones.

 

No creo haber entregado mal mi voto ni en 2006, ni en 2012 y mucho menos en 2018.

 

Por eso, tres años después, es un honor estar con Obrador.

 

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