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Martes, 15 Febrero 2022 01:37

A veces por las malas, a veces por las peores

A veces por las malas, a veces por las peores Escrito Por :   Arturo Rueda

A Carlos Loret de Mola nadie lo ha silenciado, ni por las malas, ni por las peores. Nadie lo ha levantado, ni baleado —como a Buendía— y tampoco sufre un boicot financiero, pues ese medio tiene dinero de sobra para pautar en redes sociales. En radio nadie ha pedido su cabeza y sale al aire a diario con toda tranquilidad.


 

En un acto de desmemoria, insignes periodistas de la CDMX, comentócratas y políticos deleznables del PRIAN se rasgan las vestiduras por el ataque presidencial a Loret de Mola, calificándolo de atrocidad por divulgar –erróneamente— sus supuestos ingresos.

 

A esos insignes periodistas de la CDMX y comentócratas hay que recordarles otros tiempos y verdaderas atrocidades en un ejercicio de memoria. Digo, para comparar entre unos y otros.

 

En 1984 el PRI mató al notable periodista Manuel Buendía y el complot para asesinarlo salió desde las entrañas de la secretaría de Gobernación.

 

Antes, en 1975, el PRI maniobró para quitarle a Julio Scherer la dirección del periódico más influyente de la época. El Golpe a Excélsior fue un parteaguas del periodismo mexicano.

 

En 1988 el PRI volvió a matar. Ahora a Héctor ‘El Gato’ Félix Miranda, subdirector editorial del Semanario Zeta, y en 1997 se atentó contra Jesús Blancornelas.

 

En 2005, Mario Marín ordenó la detención de la periodista Lydia Cacho para hacerle un favor a su amigo y donante de campaña, Kamel Nacif.

 

Y en las dos últimas décadas de gobiernos del PRIAN, han muerto más de 300 periodistas y reporteros. Sangre regada por todo el país, asesinatos impunes, persecuciones y cierre de medios como Monitor de Sánchez Vivó.

 

Voces silenciadas, a veces por las malas, a veces por las peores.

 

Así ha sido el estilo del PRIAN para el periodismo mexicano, expresión de su autoritarismo.

 

A Carlos Loret de Mola nadie lo ha silenciado, ni por las malas, ni por las peores. Nadie lo ha levantado, ni baleado —como a Buendía— y tampoco sufre un boicot financiero, pues ese medio tiene dinero de sobra para pautar en redes sociales. En radio nadie ha pedido su cabeza y sale al aire a diario con toda tranquilidad.

 

El presidente hace pleito con él –de manera equivocada— pero sin repercusiones en su vida laboral o su integridad física. Ya no se diga en su vida o libertad. No hay censura ni plomo.

 

La verdad, yo prefiero un presidente que ataca con palabras que con balas.

 

Dos recuerdos más.

 

En 2006, resultado de la cobertura crítica de CAMBIO en el escándalo Cacho, Mario Marín ordenó silenciarnos a Mario Alberto Mejía y a mí. Apoyado por sus empresarios amigos, compró la estación 10.10 AM donde transmitíamos La Quintacolumna radio y nos sacó por la mala.

 

Hubo rumores de que quiso aplicarnos “la peor” pero por causas ajenas al ‘Gober Precioso’ no se concretó. Todo quedó en un caso escandaloso de censura, pero nadie en el gremio se inmutó porque tenía muy buenos convenios publicitarios.

 

En 2015, el entonces candidato a diputado federal del PRI, Jorge Estefan Chidiac, me denunció penalmente por el delito de extorsión y ofreció como prueba un video editado de tres minutos para incriminarme.

 

También pagó una brutal campaña de desprestigio a sus periodistas aliados, enemigos míos, y de cuando en cuando, reinicia sus esfuerzos para que la Fiscalía General del Estado reactive una denuncia que archivó por falta de elementos en 2016.

 

Hasta el día de hoy, Estefan maniobra con la misma denuncia… ¡7 años después de los hechos! Sólo falta que el fiscal Higuera Bernal le cumpla el capricho ahora que el priista es diputado local. Por ahí se dice que sí.

 

Así son los días de los periodistas en México.

 

El peor trato a la prensa lo ha dispensado el PRIAN, especialmente a los críticos.

 

Que no nos vengan con que alguien echa de menos lo que se vivió durante décadas: un trato de perros.

 

No me chinguen, tantita madre.

 

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