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Miércoles, 16 Marzo 2022 01:54

Errores fatales en la sucesión: El Bronco

Errores fatales en la sucesión: El Bronco Escrito Por :   Arturo Rueda

El Bronco’ se confió, pensó que se le había olvidado a Samuel la promesa de encarcelarlo. Se sentía protegido porque el Fiscal que impulsó al cargo le guardaba las espaldas, quien seguramente le juró la lealtad eterna de que en su momento borraría todo. Ya capturado por los elementos de la Agencia Estatal de Investigación, el Fiscal le mandó el mensaje a su amigo el ex gobernador: “no se pudo carnalito, me apretaron”.


 

En la detención de Jaime Rodríguez ‘El Bronco’, más que las razones, importan los quiénes. Por supuesto que la orden provino del actual gobernador de Nuevo León, Samuel García, pero fue ejecutada por quién…. por el Fiscal del Estado, Gustavo Adolfo Guerrero Gutiérrez, quien llegó al cargo en 2018, es decir, cuando ‘El Bronco’ era el mandamás del estado. O sea, su ‘cuate’ lo metió al ‘tanque’.

 

En efecto: las lealtades en la política son solubles en agua bajo presión. Simplemente no resisten. Se engaña el poderoso que cree que por una designación de tantos años, el beneficiario le guardará una lealtad inquebrantable a prueba de balas. Ninguna lo es.

 

Parece verdad de Perogrullo, pero la política es la ciencia de la oportunidad y los políticos son oportunistas: es decir, buscan el momento adecuado para cambiar de lealtad. Y eso le pasó a ‘El Bronco’: quien lo capturó es el mismo amigo a quien cuatro años antes impulsó como Fiscal.

 

Es decir, un día se puede ser Fiscal Carnal, y al otro Fiscal Enemigo, ya que llega un nuevo gobernador.

 

La lección es obvia pero importantísima: equivocarse en los procesos sucesorios es un hecho fatídico. Dice el argot de los políticos que nadie elige sucesor, sino carnicero. Que lo único que se elige es un carnicero de matanza o de corte fino tipo sashimi.

 

Sobran ejemplos de gobernantes, gobernadores y presidentes que se equivocaron en la sucesión y pagaron con la intranquilidad eterna de verse en la cárcel. Es el risky bussines de la política.

 

‘El Bronco’ es el más reciente ejemplo de sucesiones fallidas. Jaime Rodríguez se convirtió en el primer gobernador sin partido, y tanto impulso popular generó que hasta se dio el lujo de pedir licencia al cargo de gobernador de Nuevo León en 2018 para competir por la Presidencia de la República, también de manera independiente o sin partido.

 

Para alcanzar la candidatura recurrió a la triquiñuela de comprar firmas y desplegar una estructura nacional de recolección pagada con recursos públicos de Nuevo León mediante esquemas de factureras y triangulación de recursos, según investigación de Código Magenta. En esa red aparece un viejo conocido de los poblanos, Sergio Castro, y entre los suministradores de recursos una empresa de Emilio Maurer. Uf.

 

Un joven candidato a senador de MC, sin mucha perspectiva de triunfo, denunció penalmente el hecho e hizo campaña con la promesa de que el entonces gobernador con licencia pagaría con cárcel ese uso de recursos. Nadie le hizo mucho caso al entonces cuasi desconocido Samuel García, que ese año ganó su senaduría y comenzó a labrar su ascenso al Gobierno del Estado.

 

‘El Bronco’ regresó al gobierno de Nuevo León y pasó los siguientes tres años sin pena ni gloria. Se dedicó a navegar, y por ser “sin partido” no metió a fondo la mano en ninguno de los partidos para construir un candidato a sucesor que hiciera frente a Samuel.

 

Al final, simpatizó con todos y quiso apostarle al oscuro candidato tricolor, Adrián Ruvalcaba, que empezó la carrera en segundo sitio y así la terminó. Fue rebasado por Samuel García que se convirtió en gobernador.

 

‘El Bronco’ se confió, pensó que se le había olvidado a Samuel la promesa de encarcelarlo. Se sentía protegido porque el Fiscal que impulsó al cargo le guardaba las espaldas, quien seguramente le juró la lealtad eterna de que en su momento borraría todo.

 

Ya capturado por los elementos de la Agencia Estatal de Investigación, el Fiscal le mandó el mensaje a su amigo el ex gobernador: “no se pudo carnalito, me apretaron”.

 

El costo de equivocarse en la sucesión es la cárcel, y cuando menos, perder la tranquilidad en que la familia, amigos y funcionarios cercanos no serán perseguidos.

 

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