Ninguna batalla está ganada de antemano, porque si lo estuviera, pues por definición no habría batalla. Es la incertidumbre del bando ganador lo que le da sentido y a menudo los pronósticos se equivocan. Pasa en lo deportivo, en lo político, en lo electoral y en cualquier tipo de competencia.
Excepcionales son las batallas que, dándose por perdidas de antemano, se libran y se ganan arriesgándolo todo. Es lo que encumbra a los héroes, porque la gloria se encuentra en dar la batalla y ganar sin esperanza de triunfo.
Inglaterra, el país de los Beatles, 007 y Harry Potter, el de innumerables guerras y héroes en su historia, el que estuvo en el bando ganador de las guerras mundiales y el que tiene a su mayor héroe nacional en el Almirante Nelson, a quien dedicó el obelisco que representa el centro de Londres.
El Almirante Horacio Nelson ganó una sola batalla, pero ganó LA batalla que todo mundo daba por perdida en 1805. Una victoria marítima que destruyó el sueño de Napoleón de invadir Inglaterra y le dio a Britannia otro siglo de dominación en el mar.
En el pináculo de su imperio y luego de hacerse del control de España, Napoleón Bonaporte conformó la Armada Franco-Española: por lo menos 33 navíos de línea y siete fragatas, suficientes para derrotar a la Armada Inglesa. Y en los astilleros de España se construían más barcos, por lo que Inglaterra andaba escaso de tiempo antes de que la franco-española fuera más grande.
El Almirante Nelson partió a dar cacería a los franceses y españoles en vez de esperarlos y los encontró afuera de Cabo de Trafalgar, cerca de Cadiz. Se encontraba en doble desventaja: con menos barcos y en un territorio que sus rivales conocían mejor.
Nelson diseñó el plan de batalla más audaz de la historia de las batallas navales: puso su fragata a toda velocidad para avanzar en línea recta rumbo a la formación franco-española para quebrarla. Todos los demás barcos ingleses se colocaron detrás de Nelson en línea recta, como si fuera una especie de flecha que avanzaba a toda velocidad recibiendo los cañonazos de los 33 barcos al mando del Almirante Villanueve.
Fue una maniobra histórica de sacrificio. La fragata Victory de Nelson resistió el fuego intenso y el propio Almirante fue herido de muerte y trasladado a su camarote para agonizar. Sin embargo, resultó todo un éxito pues partió en dos la formación franco-española, sin que los otros 32 barcos ingleses sufrieran daños y con todos sus cañones listos para disparar.
En cuestión de tres horas, la Armada Inglesa pulverizó a la franco-española que tuvo que defender dos frentes. Pero lo más increíble es que Nelson, agonizando en su camarote, continuó dirigiendo la batalla naval, pues tenía en su mente la formación de cada uno de los barcos de Napoleón.
Desangrándose por la bala que lo impactó, siguió dando órdenes a los suyos hasta que la mayoría de los barcos franceses habían sido hundidos y los españoles capturados. De los 33 buques que entraron a la batalla, 23 fueron hundidos o capturados.
Fue un desastre para Napoleón, que abandonó la idea de invadir Inglaterra y tuvo que concentrarse en la Europa Continental hasta que se lo ocurrió invadir Rusia y lo perdió todo.
El Almirante Nelson supo que había ganado y casi inmediatamente murió. Su cuerpo fue embalsamado, llevado a Londres y enterrado con todos los honores, ganándose la gloria eterna enmarcada en el Obelisco que corona Trafalgar Square que conmemora la batalla naval más sangrienta de la historia.
Todo esto viene a cuento porque en México se libra la batalla de nuestros días, la Reforma Eléctrica, y un poblano se encuentra al frente de ella con la duda de si podrá ganarla. A Ignacio Mier le faltan diputados para ganar la votación que garantizará que los mexicanos no paguemos recibos de 3 mil pesos en una década, como le pasa a los españoles que entregaron su mercado energético con la promesa de competencia y energías limpias.
En Puebla muchos desean que Nacho Mier pierda, aunque eso signifique que pierda México.
El PRIARD ha dicho otra vez que no y toda la fuerza de la 4T enmarcada en el mitin de Claudia Sheinbaum, ayer en el Monumento a la Revolución, no parece suficiente ni los llamados de López Obrador a que sean buenos mexicanos.
Al mismo tiempo se libra la batalla de la Revocación de Mandato, que los empresarios ya saben perdida y mejor apuestan a deslegitimar con poca participación.
Es tiempos de definiciones y esta es la gran batalla de nuestros días.
¿Es Ignacio Mier un Horacio Nelson con un plan audaz y arriesgado para ganar?
