Sábado, 16 de Octubre del 2021
Martes, 02 Marzo 2021 04:03

Venta de lugares en la fila: el negocio de la 4T con la vacunación

Venta de lugares en la fila: el negocio de la 4T con la vacunación Escrito Por :   Arturo Rueda

Son versiones imposibles de confirmar, chismes: el caos en el proceso de vacunación es a propósito porque sirve para que los funcionarios de la delegación y los siervos de la nación que integran las brigadas Correcaminos hagan negocio con las vacunas. O no con las vacunas directamente, sino con la fila para acceder a ellas.


 

Entre el calvario que fueron los dos días de vacunación en San Andrés Cholula, una de las imágenes que destacó fue la del ex gobernador Tony Gali sentado como un abuelito común y corriente, uno más, para recibir su dosis. Se tomó fotos con el personal del sector salud y todos quedaron admirados por su sencillez.

 

A esta bonita historia, sin embargo, le falta un pedazo: al ex gobernador Gali se le vio sentado esperando la inoculación, pero nadie lo vio hacer fila. De pronto ya estaba dentro del Centro Escolar Toxqui. 

 

¿No tuvo que dormir a la intemperie como un vagabundo, tal como sí lo hicieron miles de abuelitos poblanos? ¿Gozó de alguna especie de privilegio?

 

¿Envió a un propio a hacer fila por él para que no se agobiara?

 

¿Por qué otros políticos como Ana Tere documentaron todo su viacrucis, desde que se formaron en la noche hasta que salieron de ahí inoculados?

 

¿Por qué Gali estaba fresco como lechuga?

 

El episodio del ex gobernador, en versión chisme, señala que desde la súper delegación del Bienestar que comanda Rodrigo Abdala se venden lugares en la fila a los ricachones de Puebla. Y que incluso hubo casos de manoseo de vacunas, cuando no desaparición y hasta robo de los frasquitos.

 

Son versiones imposibles de confirmar, chismes: el caos en el proceso de vacunación es a propósito porque sirve para que los funcionarios de la delegación y los siervos de la nación que integran las brigadas Correcaminos hagan negocio con las vacunas.

 

O no con las vacunas directamente, sino con la fila para acceder a ellas. 

 

Que se trata de un caos a propósito, que sirve para hacer negocios. Igual que los becarios fantasmas, que los Centros de Trabajo fantasmas, y que los abuelitos fantasmas, todos ellos irregularidades detectadas por la ASF en la Cuenta Pública 2019.

 

Y que como se trata de un caos a propósito, que deja dinero con la venta de lugares y hasta de dosis, no se va a arreglar ni pronto ni lento. Que ese caos le conviene a Rodrigo Abdala, el súper delegado.

 

Podría optarse por un sistema de citas previas como ocurre en CDMX donde no hay aglomeraciones ni los abuelitos se ponen en peligro. De hecho es lo que pide el gobernador Barbosa, quien en su estilo sardónico subrayó ayer que el gobierno estatal tiene que llegar a arreglar el problema que otros generan. Que él resuelve mientras Abdala huye.

 

Pero Abdala, en el mejor de los casos, es tan incompetente que no puede impulsar ese sistema de citas. Si no lo ha logrado en el caso de los pagos de las becas a los ancianitos, a los que tiene formados para cobrar en el centro de la ciudad, ¿cómo podría arreglarse para la vacunación?

 

Entre incompetencia y negocio, apueste por este último. 

 

A Abdala le interesa que haya filas, aglomeraciones. Sea en los alrededores de los Centros de Salud como el CESSA de Tlaxcalancingo, del centro Escolar Toxqui, o la gran empresa que imagina llenando el Estadio Cuauhtémoc o el Universitario de la BUAP.

 

Filas, más filas, y más filas.

 

Entre más aglomeraciones haya, entre más desesperación haya, los lugares que comercian sus operadores de la delegación del Bienestar, tendrán más valor económico. Hasta subasta habrá en el mercado negro.

 

¿Cuánto puede llegar a pagar un ricachón porque le aseguren su lugar en la fila, que es asegurar su vacuna?

 

¿Diez, veinte, treinta mil pesos? Un negociazo redondo.

 

Por eso se niega a soltarle el proceso de organización al gobierno de Barbosa o a los municipales, como lo exigió ayer Karina Pérez Popoca.

 

La desesperación por las vacunas es una mina de oro.

 

Un negocio brutal e inesperado que, de la nada, le cayó a Rodrigo Abdala, que no cambiará en nada su caótica logística, según platicó ayer en Oro Noticias, donde se atrevió a pedir que los ciudadanos se alisten como voluntarios mientras él ejecuta el negocio inimaginado para sus jefes de Palacio Nacional.

 

El negocio más sucio e inmoral del que se tenga memoria.

 

El negocio de la vida por vacuna o de la muerte por coronavirus mientras corre la desesperación, que a lo largo de la historia de la humanidad ha sido la peor consejera.

 

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