Sábado, 16 de Octubre del 2021
Viernes, 05 Marzo 2021 04:24

Con un ojo al 2021 y otro al 2024: el plan Chelís

Con un ojo al 2021 y otro al 2024: el plan Chelís Escrito Por :   Arturo Rueda

Si Claudia Rivera se reelige, gana, y se convierte en candidata a la gubernatura, Alejandro Armenta puede despedirse de su sueño de ser gobernador. Tendría que esperarse otros seis años, en 2030, cuando tendrá 61 años. No es imposible sino improbable.


 

Nadie lo dice en voz alta, pero la disputa por la candidatura de Morena a la presidencia municipal de Puebla capital ocurre en la lógica de la sucesión de Luis Miguel Barbosa en 2024.

 

No es sorpresivo. La elección intermedia siempre se juega pensando en el trampolín futurista de la próxima gubernatura. 

 

Claudia lo juega así: sabe que si, pese a su desprestigio, logra la candidatura y si por un accidente del destino se reelige al ganarle a Eduardo Rivera Pérez, en automático se convierte en la candidata a la gubernatura en 2024. Las reglas de paridad de género van a ponerse de su lado.

 

Si Claudia Rivera se reelige, gana, y se convierte en candidata a la gubernatura, Alejandro Armenta puede despedirse de su sueño de ser gobernador. Tendría que esperarse otros seis años, en 2030, cuando tendrá 61 años. No es imposible sino improbable.

 

Cualquier otro aspirante a la gubernatura del género masculino, al igual que Armenta, queda descartado para 2024. Se llame Nacho Mier, Gabriel Biestro, Eric Cotoñeto o etcétera. Good bye a todos.

 

Al primero que no le conviene que Claudia Rivera sea la candidata a la alcaldía y pueda reelegirse es a Alejandro Armenta. Sabe que no todo en la política se puede controlar. Y si se equivoca de maniobra, puede salir perdiendo

 

Pero tampoco le conviene que Biestro sea el candidato, ya que si de alguna forma le gana a Lalo Rivera, se convierte en aspirante a la gubernatura, el delfín de Barbosa, y ese grupo se fortalece.

 

Desde esa perspectiva, ni melón ni sandía, sino que mejor El Chelís del otro día. Es el proyecto que ha convencido en la Comisión de Elecciones de Morena. 

 

Al ex entrenador del Club Puebla lo ven como una tercera vía que evita la polarización entre los claudiosos y los barbosistas. Sin grupo propio, en caso de ganar no sería un riesgo para 2024. Y si pierde, pues sólo pierde él, pero no se fortalece ninguno de los rivales de Armenta.

 

Así se ha jugado siempre en las intermedias: pensando en la sucesión.

 

Cuando Guillermo Jiménez Morales logró imponer a Jorge Murad Macluff como edil a mitad del sexenio, prácticamente era el sucesor hasta que se le atravesó Mariano Piña Olaya, enviado por su amigo De la Madrid.

 

En 2001, Mario Marín hizo huelga de brazos caídos para que Carlos Alberto Julián no ganara la alcaldía, ya que eso lo ponía en la antesala de la gubernatura. Luego de que perdiera el delfín de Melquiades Morales, se le abrió camino franco para llegar a Casa Puebla.

 

Algo así ocurrió en 1996. La derrota monumental de Germán Sierra ese año en la búsqueda de la alcaldía dejó a Melquiades Morales como la mejor opción para suceder a Manuel Bartlett, a quien no le interesaba imponer delfín, sino dejar como herencia a una nueva clase política.

 

La elección más anómala es la de 2008: a Blanca Alcalá la mandaron a perder con Toño Sánchez Díaz de Rivera, pero el objetivo era rescatar votos para salvar el Congreso. Ahí se colocó Zavala como plurinominal, pero como el PRI arrasó, las cuentas no le salieron, Zavala no entró al Congreso.

 

Sin embargo, Blanca nunca se la creyó y no entró a la disputa de fondo por la candidatura del PRI en 2010. Quizá ella sí le hubiera ganado a Moreno Valle.

 

En 2013 Moreno Valle envió a Gali a buscar la alcaldía, pero el objetivo real era posicionar como minigobernador para 2016. Fue tan buen producto que ganó una y otra. Junto con Marín, es el único que logró ser presidente municipal de la capital y gobernador.

 

Así que parece que la decisión se decanta por la tercera vía, que es El Chelís.

 

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