Lunes, 12 de Abril del 2021
Martes, 30 Marzo 2021 03:32

Mi mamá y Rodrigo Abdala

Mi mamá y Rodrigo Abdala Escrito Por :   Arturo Rueda

Es una mujer de esas que nunca se ha dejado arrastrar por los fenómenos de masas. Que conoce los riesgos, pero que antepone su dignidad por encima de todo. Forjada en los viejos tiempos.


 

Mi mamá decidió no vacunarse.

 

Así de simple.

 

Dijo que no tiene prisa.

 

 

Ella se enfermó de COVID en agosto y sus anticuerpos ya se le agotaron, pero decidió aguantar vara a sus casi 73 años.

 

Le tocaba ayer, por ser residente de Puebla capital en unas de las 550 colonias enlistadas por la delegación de Bienestar.

 

Es una mujer de esas que nunca se ha dejado arrastrar por los fenómenos de masas. Que conoce los riesgos, pero que antepone su dignidad por encima de todo. Forjada en los viejos tiempos.

 

El proceso de vacunación que puso en marcha Rodrigo Abdala aquí en el estado ha tenido todo menos eso: dignidad para los adultos mayores. Para nuestros padres y abuelos.

 

Los han hecho hacer filas por horas.

 

En la madrugada, durmiendo en el frio y en el viento.

 

Los han hecho desfallecer insolados, deshidratados y exponerse a contagiaderos por aglomeraciones.

 

No se trata de que en todo el país haya ocurrido el mismo caos.

 

En CDMX tienen una logística bien definida, con lugares, fechas, horarios, letras de apellidos.

 

Lo mínimo, pues.

 

En Tabasco se han podido ir a vacunar en coche. Tipo Gringolandia.

 

Pero en Puebla todo se ha hecho mal por cortesía de un pelmazo llamado Rodrigo Abdala que sólo hace quedar mal al gobierno de AMLO y a la Cuatro T.

 

Ayer, aunque se preveía el caos y la aglomeración, ni siquiera se le ocurrió poner baños de SaniRent a las afueras de Ciudad Universitaria.

 

No hubo un despliego de darles, por lo menos, agua o café para resistir. Mucho menos un lunch.

 

Pudo organizar un drive thru aprovechando el circuito interno de CU.

 

Pudo haber hecho muchas cosas, pero el hubiera es el verbo de los pendejos.

 

La gente que tenía turno de 18:00 horas, que llegó dos o tres horas ante la incertidumbre, acabó pasando alrededor de la medianoche.

 

En promedio, 8 horas de maltrato e indignidad.

 

Y todo, además, para poner la vacuna más corriente del mercado farmacéutico: la china Sinovac, cuya efectividad es del 50 por ciento o menos. Así lo escribió ayer Federico Arreola.

 

En Chile pusieron de esas vacunas chinas y hoy lloran por el nivel de contagios.

 

Son vacunas… chinas.

 

Todavía fuera una Pfizer…

 

Hugo López-Gatell informó ayer que al finalizar marzo sólo 852 mil mexicanos tienen el esquema completo.

 

Habían prometido que al finalizar marzo se habría vacunado a todos los adultos mayores.

 

Contra la tercera ola de la pandemia, contra la llegada de las mutaciones, ni siquiera el 1 por ciento del país se encuentra protegido.

 

Es una decisión que le puede costar la vida, pero antes muertos que sencillos.

 

Mi mamá decidió no vacunarse.

 

Prefiere hacerlo en CDMX o en Tlaxcala.

 

También decidió mandarlos a chingar a su madre.

 

Felicitaciones, Lupita.

 

Esos son güevos.

 

Hiciste bien.

 

  • LO MÁS LEÍDO

  • Regionales: Minuto a Minuto