Viernes, 03 de Diciembre del 2021
Viernes, 01 Octubre 2021 01:37

Hitler no ha vuelto... por ahora

Hitler no ha vuelto... por ahora Escrito Por :   Francisco Baeza Vega

A principios de 2020, cuando la pandemia de COVID-19 comenzaba a causar estragos en Europa, Angela Merkel advirtió, muy seria, que la lucha contra el ‘bicho’ sería para los alemanes "el mayor desafío desde la Segunda Guerra Mundial". Hay de dos: frau Merkel sabía algo que nosotros no o de cara a las elecciones del año siguiente ejecutó un brillante movimiento táctico para alejar el debate público de los temas espinosos donde la ultraderecha había anclado exitosamente en 2017, a saber, la inmigración, la seguridad o el empleo (o ambas).


 

Si fue la segunda, la estratagema funcionó perfectamente: de principio a fin, la campaña electoral estuvo centrada en el coronavirus, en el manejo de la crisis de la pandemia y en la reactivación económica, y hasta en el cambio climático, dejando para el primer partido ultraderechista moderno en entrar al Bundestag poco más que un inocuo discurso antivacunas. En ese terreno fértil, por cierto, los Grünen crecieron y crecieron, y crecieron... hasta darse de bruces contra el asfalto debido a las pifias de sus dirigentes, desaprovechando de fea manera una oportunidad inmejorable para asaltar el poder.

 

Después de sus extraordinarios resultados en las elecciones de 2017, en fin, el AfD, apenas quedó tablas en 2021; relegados mediáticamente sus temas favoritos, sin siquiera la odiada canciller en la boleta para dirigir contra ella sus dardos más venenosos, obtuvo resultados mixtos: según si se mira la stein medio llena o medio vacía, los cinco millones de votos obtenidos significan la consolidación de su piso electoral (así lo veo yo) o el estancamiento, cosa grave según el viejo adagio, porque el que no avanza, retrocede (así prefieren verlo la mayoría). De cualquier modo, pasar de ser la tercera fuerza política a la quinta en un santiamén no se ve bien en su currículum.

 

Ante la ausencia de banderas que permitieran marcar la agenda política, los ‘ultras’ cayeron en la tentación en la que han caído (estrepitosa, penosamente) muchos de sus similares europeos: tratar de reescribir la historia. La instrumentalización del pasado es una apuesta electoral riesgosa, se sabe; la mayoría de los votantes prefiere discutir sobre su presente y algunos más osados sobre su futuro antes que abrir armarios posiblemente repletos de cadáveres. Intentar atraer a las urnas a los nostálgicos del nazismo es un error estratégico repetido:

 

Buscando restar importancia histórica al régimen nazi y a sus jerifaltes y minimizar la responsabilidad colectiva alemana de los hechos bochornosos ocurridos en su época; alguna vez, cierto líder del AfD afirmó que Adolf Hitler había sido "sólo una caca de pájaro en la gloriosa historia de Alemania". La brutal declaración causó náuseas, pero no le generó nuevos adeptos. Claramente, el debate sobre si los alemanes actuales deberían cargar con la responsabilidad de las acciones de sus abuelos está zanjado. Contra esa muralla se estrella cualquier intento de hurgar en el pasado.

 

Dicen los alemanes que sin memoria no hay país. El reconocimiento, la aceptación de su pasado, es la piedra angular del Estado alemán, en ésta se fundamenta su sistema de valores, su democracia, su defensa irrestricta a los derechos humanos. En este no hay cabida para expresiones agresivas... por ahora.

 

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