Jueves, 15 de Abril del 2021
Miércoles, 07 Abril 2021 03:31

La titirina

La titirina Escrito Por :   Arturo Rueda

No se trata de reducir el papel de la académica e hija de un mártir universitario. Tampoco es que se dude de su capacidad o su comprensión de los asuntos públicos. Se trata de que Claudia no le dará a Argelia poder de decisión sobre funcionarios y mucho menos sobre políticas públicas.


 

Puebla hoy tendrá nueva presidenta municipal, pero que nadie se ilusione.

 

Que Argelia Arriaga se siente hoy en la silla no significa que gobernará durante los siguientes sesenta días. Será presidenta municipal en la forma, no en el fondo, porque no tendrá poder para tomar decisiones ni autoridad para cambiar el rumbo de una administración desprestigiada.

 

Mucho menos ahora que se trata de un gobierno desmantelado, en el que sus principales figuras se retiraron bajo el amparo de sus ambiciones o del apoyo a la jefa para la búsqueda de la reelección.

 

En las últimas semanas se fueron el secretario de Administración, el titular de Gobernación municipal, la secretaria general, la directora de Comunicación Social, varios regidores y algunos cargos de segundo nivel.

 

Si era un gobierno malo, ahora será peor con una estructura desmantelada y una alcaldesa sin capacidad de decisión, atada de manos permanentemente por la presencia de Andrés García Viveros, el auténtico senescal del reino.

 

Andrés, su hermanito, era la primera opción para quedarse como alcalde suplente, pero el escándalo de los acosos sexuales lo volvió inviable mediática y políticamente.

 

Sin el cargo, Claudia Rivera seguirá gobernado a través de interpósita persona. No de Argelia Arriaga, sino de su hermanito Andrés García.

 

 

No se trata de reducir el papel de la académica e hija de un mártir universitario. Tampoco es que se dude de su capacidad o su comprensión de los asuntos públicos.

 

Se trata de que Claudia no le dará a Argelia poder de decisión sobre funcionarios y mucho menos sobre políticas públicas.

 

La quiere como una titirina, pero nada más.

 

Para demostrar que tiene capacidad de decisión, Argelia tendría que nombrar a sus propios funcionarios. Deshacerse de Andrés, de Román Romano, de Lourdes Rosales o hasta del tesorero.

 

Recomponer comisiones del cabildo.

 

Cancelar acciones polémicas como la remodelación del zócalo o el derrumbe del mercado de Amalucan.

 

Mejorar la relación con el gobierno de Barbosa destituyendo a Lourdes Rosales.

 

Nada de eso ocurrirá, lo que lleva a concluir que Argelia Arriaga, sentadita en la silla de la alcaldesa, solamente será una espectadora de lo que Claudia y Andrés decidan en la sombra.

 

Y claro, una firmona, porque prestará su firma quién sabe para cuántos asuntos oscuros que después le podrían atraer responsabilidades administrativas.

 

Claro que todo Puebla desearía lo contrario: una alcaldesa que, aunque sea por sesenta días, corrija el rumbo y gobierne mejor. Que deje un buen recuerdo.

 

Pero lo que hoy debuta es el gobierno de Claudia sin Claudia dando la cara.

 

Que nadie se haga ilusiones.

 

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