Thursday, 18 de July de 2019


México, el país prometido




Escrito por  Irma Sánchez
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Mientras más leo todo lo que se dice y escribe por parte del gobierno federal sobre mi México lindo y querido, más me convenzo de que la cigüeña se portó muy buena onda conmigo al depositarme en un país prometido.

Mi problema es que nací, crecí y produzco en un país “muy prometido” y que a decir por mis canas y arrugas, ya no me va a tocar disfrutarlo como lo describen.

 

 

Sí, disfruto la paz y el orden que todavía se vive en mi ciudad de Puebla, que no se llama ni Tlatlaya ni Ayotzinapa.

 

 

Sí, disfruto que puedo decir esto y muchas otras cosas, a diferencia de otras capitales, tanto de México como de otros países, en donde periodísticamente se escribe con un enfoque como si se tratara de un comunicado oficial.

 

 

Sí, disfruto que voy a una tienda y hay de todo y hasta lo que no me imagino. El problema es que no me alcanza para comprar todo lo que quisiera.

 

 

Sí, disfruto del sol, del calor y hasta del frío, pese a que reconozco que a muchos no les calienta el sol y la cobija no les alcanza.

 

 

Sí, disfruto de mi ciudad con obras que la hacen maravillosa, de primer mundo, pese a que al circular un día a la media noche sobre una avenida sin cemento hidráulico, un bache me rajó la llanta del auto.

 

 

Sí, disfruto observar cuántos niños con su uniforme único salen de los colegios, pese a que conozco casos en los que a través de un democrático volado los papás tuvieron que definir qué hijo iba a la escuela porque no alcanzaba para pagar cuotas inventadas por los paterfamilias, uniforme, zapatos y larguísimas listas de útiles escolares.

 

 

Sí, disfruto cuando escucho que hay vacantes de empleo, aunque me conmueve tener noticias de que hay quien hace meses no logra colocarse y pese a tener estudios universitarios hoy se gana la vida dignamente lavando coches.

 

 

Disfruto tantas cosas, pero lamento que los funcionarios mexicanos hayan revertido la estrategia que según cuenta la leyenda, “los españoles nos vinieron a vender espejitos” los cuales ahora nuestros funcionarios mexicanos van a venderlos al mundo.

 

 

Esto usted lo puede comprobar con tan solo leer cualquier publicación mexicana que habla esta semana sobre la famosa reunión en Davos, Suiza, donde están congregados los líderes económicos del mundo, ante quienes los representantes del gobierno federal, el secretario de Energía y los directores de Pemex y de la CFE y el gobernador del Banco de México, han ido a jurar que México sólo con la India son las dos únicas economías emergentes que cuentan con reformas estructurales que otorgan una plataforma de crecimiento de “largo plazo” que garantiza la inversión con su retorno.

 

 

Pero todavía más, que “inversionistas de todo el mundo ven a México como la mejor opción para invertir, con todo y sus problemas internos”.

 

 

Pero lo que más han destacado fuera del país, es que en México ya aterrizamos las reformas estructurales, pese a que nosotros no vemos claro. Lo importante es que con tan solo informar sobre las reformas, ya garantiza un futuro promisorio.

 

 

Y oiga usted, este futuro promisorio ya quiero que se llegue, porque se me está yendo la vida y no veo claro.

 

 

Es decir, a la mejor la gente de mi generación pedimos “presente promisorio” ya no más “futuro promisorio” porque seguiremos heredando sólo una promesa a las siguientes generaciones con la obligada pregunta… y nosotros ¿cuándo?

 

 

Esto no es un ejercicio sólo de queja.

 

 

Es un ejercicio muy serio de revisión para fortalecer la fe antes de que los espejitos ahora nos los vendan los funcionarios federales a los mexicanos que estamos en lista de espera para entrar a una mejor etapa en la que haya oportunidades para todos, justicia para todos, poderosos e indefensos.

 

 

 

 

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