Saturday, 24 de August de 2019


La locomotora de las candidaturas comunes ya se echó a andar




Escrito por  Arturo Rueda
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En semejante estado de indefensión, no parece extraño que el morenovallismo les vaya a aventar la locomotora como un ejercicio máximo de poder. Los dos actores dominantes de la fracción panista van a aprovechar para cobrar facturas: Aguilar Chedraui a Giorgana, y Eukid a Pablo Fernández del Campo. El objetivo es la máxima humillación.

“Ladrón que roba a ladrón, tiene cien años de perdón”. Mientras el PRI, asociado al PAN, ejecuta el robo del siglo en materia energética aprovechando el coma futbolero que vivimos los mexicanos por Brasil 2014, otro despojo político semejante se prepara en Puebla, siempre guardadas las proporciones. Antes del 30 de junio, justo cuando México podría jugar los octavos de final en contra de Holanda, el morenovallismo va a aprobar la adecuación a la reforma política. Y no va a haber razón que valga: no sólo las candidaturas comunes van a ser aprobadas, sino también, la posibilidad de que éstas puedan operar entre un candidato y una coalición, tal como se encuentran actualmente reguladas en el Código Electoral local.

 

 

“Agua y ajo”, dijo la senadora Alcaláante la inminente aprobación de esa figura envenenada. A aguantarse y a joderse. Porque al PRI poblano nadie le va a tirar un cable para impedir que antes del 30 de junio las candidaturas comunes aparezcan en la Ley Estatal de Partidos Políticos. Desde el Senado de la República se prohibieron en la legislación federal, pero se dejó en libertad a las entidades federativas para que legislaran según su mejor parecer. Por supuesto, en los estados donde el PRI tiene mayoría, pues “nanay”. Pero en Puebla solamente tienen 10 diputados. Y a veces ni eso.

 

 

La batalla de las candidaturas comunes es exclusiva de los priistas en el Congreso poblano. Pero parece que, salvo Víctor Giorgana y Pablo Fernández del Campo, nadie más le va a entrar. Con una derrota anticipada, ninguno de los pesos pesados del tricolor como Blanca, Doger, Lastiri o Deloya va a gastar capital político a lo tonto. Pero ese no es el problema: tampoco se ve que la delegada Angélica Araujo, quien brilla por su ausencia, vaya a asumir una responsabilidad en la conducción política o mediática para argumentar el por qué no deberían existir.

 

 

En semejante estado de indefensión, no parece extraño que el morenovallismo les vaya a aventar la locomotora como un ejercicio máximo de poder. Los dos actores dominantes de la fracción panista van a aprovechar para cobrar facturas: Aguilar Chedraui a Giorgana, y Eukid a Pablo Fernández del Campo. El objetivo es la máxima humillación.

 

 

¿Qué van a decir Pablito y Giorgana?

 

 

Que las candidaturas comunes son una aberración porque permiten la unión de partidos con ideologías contrarias. Ajá, como si el votante poblano fuera ideológico. ¿Qué otras cosas? Pues que a nivel federal no existen. Tienen razón, pero a nivel nacional no son tan tontos como en 2012 fueron los tricolores que sumaron su voto, empezando por Edgar Salomón Escorza. ¿Algún otro argumento? Pues que el morenovallismo los va a remadrear en 2016 si las aceptan. Y en eso se equivocan.

 

 

Una cosa es que las candidaturas comunes existan en la Ley de Partidos, y otra es que inevitablemente los vayan a madrear. Lo último depende del proceso político de la construcción de candidaturas.

 

 

Para esos efectos es importante recordar la negligente postura de Pablo Fernández del Campo y “el capo de Colima” Fernando Moreno Peña en 2013, cuando despreciaron la posibilidad de aliarse con el PSI de Carlos Navarro, quien únicamente pedía postularse a él mismo como diputado, a su hija Nadia como regidora y una docena de presidentes municipales. Pablito lo mandó con cajas destempladas, le dijo que su partido no valía nada y que no iban a negociar. Saliendo de la reunión, cuando Navarro iba rumiando su coraje, un emisario morenovallista le dijo que el gobernador lo esperaba. Moreno Valle sí les concedió sus peticiones, aseguró la participación del PSI y este minipartido fue determinante en varios triunfos.

 

 

El problema, entonces, fue en parte la figura de la candidatura común, pero también la negligencia de Pablo Fernández del Campo y del delegado Moreno Peña. Algo semejante ocurrirá en 2016 si es que el candidato a gobernador del PRI no es capaz de seducirlos, convencerlos o hacerles ver que aliados a ellos ganarán más.

 

 

Con la locomotora echada a andar, Giorgana y Pablito van a dar la batalla y también vergüenza porque los van a arrollar. Por esa misma razón es que todos los han dejado solos: la batalla está perdida y solamente van a provocar risa.

 

 

 

 

 

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