Viernes, 18 de Septiembre del 2020
Martes, 18 Agosto 2020 02:21

Extra, extra: ¡recaudación hasta nuevo aviso!

Extra, extra: ¡recaudación hasta nuevo aviso! Escrito Por :   Silvino Vergara

«Si va a ver una quiebra de una empresa, que sea el empresario el que asuma la responsabilidad, o los socios o accionistas». Desde el Palacio Nacional


 

Deudas y más deudas, rentas vencidas, créditos sin pagar, promesas empresariales sin cumplir, tarjetas sobregiradas; ese será el futuro en México en los próximos meses o, para algunos analistas, en años. Unos calculan tres años, otros son más pesimistas y sostienen que serán aproximadamente diez los de recuperación. En tanto, muchos de los negocios prepandemia no volverán a ver la luz, otros lo harán por la denominada economía informal, lo mismo que muchos de los empleados que no lograrán encontrar nuevamente un trabajo, menos aun de tipo formal, con las respectivas prestaciones sociales. Desde luego que, para muchos, se tratará de una “bendición” la imposibilidad de encontrar un trabajo, pero la gran mayoría encontrará empleos informales. Todo esto y más les sucederá a los empleados mexicanos y empresarios nacionales, a aquellos que no tienen otra opción más que arreglárselas para poder subsistir.

 

En tanto sucede esto, también hay muestras de solidaridad. Muchas de las empresas más o menos estables están obsequiando desayunos o comidas a los más necesitados. Hay quienes se están organizando para obsequiar despensas, otros se las han ingeniado para otorgar descuentos en los productos necesarios para contener la pandemia, unos más apoyan con medicamentos e insumos a los más necesitados. Y, en casos extremos, como en algunas de las ciudades en Latinoamérica, concretamente en Colombia, la gente confinada que no tiene para comer, ponen una bandera o una prenda de color rojo en la fachada de sus casas y departamentos, como señal de que no cuentan con alimentos ni, menos, con dinero para adquirirlo para que, de esa forma, otros en mejores condiciones acudan a entregar alguna despensa.

 

Otros casos de solidaridad es lo que sucede en Centroamérica o en las ciudades de Brasil, concretamente, en las denominadas favelas de este último, donde las bandas que, durante años, se han matado entre sí, con la pandemia han firmado una especie de tregua para no matarse y, por el contrario, se han solidarizado con reglas, como impedir que extraños entren a esos barrios para, con ello, tratar de contener el contagio en esos lugares.

 

En nuestro territorio, no obstante, ante estos extremos que se están presentando de crisis, por un lado, de plena subsistencia y, por otro lado, de muestras de solidaridad, resulta que, dentro de las declaraciones hechas desde el Palacio Nacional, se ha sostenido, entre otras decisiones, que: «si va a haber una quiebra de una empresa, que sea el empresario el que asuma la responsabilidad o los socios o accionistas». Lo cual, independientemente de que da para un análisis académico profundo, porque —dicho sea de paso— si el Estado no ayuda directamente a sus propios nacionales que han caído en desgracia, con la ayuda que hiciera a dueños de empresas, éstos harían lo propio con sus empleados y los proveedores que les rodean. Lo cual, con un mínimo de sentido común, sería la mejor forma para detonar la ayuda requerida para recuperar la economía nacional. Sin embargo, fuera de ese análisis, la pregunta central sería entonces, ¿para qué está el Estado?

 

Lo cierto es que, tal declaración, es una invitación a algo así como decir: «Extra, extra: ¡recaudación hasta nuevo aviso!»; pues lo cierto es que, de permitirse la quiebra de las empresas, lo que causa esto es un incremento en la economía informal y una disminución en la recaudación de las contribuciones. Para muestra, muchos ejemplos. Aquel que cuenta con una fonda o un restaurante en un local comercial, paga renta y el arrendador paga los impuestos por ese ingreso; éste, al contar con ese local, paga los derechos de las licencias al Ayuntamiento respectivo, paga la energía eléctrica y demás insumos con el impuesto al consumo, y, si acaso cuenta con trabajadores, éstos cuentan, por lo menos, con los servicios de seguridad social; y aquel propietario de dicha negociación, también llamado «empresario», paga el impuesto sobre nómina de la entidad federativa en donde se encuentre. Por supuesto, para cumplir con todas esas obligaciones, debe de contar con los servicios de una contadora o contador, al cual le debe pagar honorarios y, como consecuencia, los impuestos que eso causa. Sin embargo, después de cinco meses de parálisis, ese negocio, junto con sus propietarios, tendrá que entregar el local, malvender el mobiliario; y, si el talento de aquel “empresario” son los guisados y la comida, tendrá que seguir haciéndolos en casa para dejar de contar con todos esos pagos de contribuciones y toda la parafernalia requerida; incluso se deshará de empleados con las prestaciones oficiales. Por lo cual, con esta política de «que quiebre el que tenga que quebrar», se da un mensaje muy claro, cuya consecuencia inevitable es: «Extra, extra: ¡recaudación hasta nuevo aviso!» Por cierto, faltó decir lo mismo del salón de belleza, del taller del plomero, del carpintero y de demás «empresarios».

 

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