Martes, 22 de Septiembre del 2020
Martes, 21 Abril 2020 02:33

Es increíble lo que está pasando

Es increíble lo que está pasando Escrito Por :   Gabriel Sánchez Andraca

LA PANDEMIA DEL COVID-19 Y LO QUE HA TRAÍDO CONSIGO en el mundo parece increíble.


 

              La total paralización de las grandes capitales como Paris, Roma, Berlín, Moscú, México, Nueva York y Washington, Madrid, etcétera, no había ocurrido desde la Segunda Guerra Mundial, en los años cuarenta del siglo XX; el temor que la pandemia ha provocado en amplios sectores de las naciones desarrolladas y subdesarrolladas es algo inédito. El confinamiento de grandes sectores de la población era desconocido para la mayor parte de la humanidad.

 

              Permanecer en cuarentena recluidos en casa, ciudades sin servicios de hoteles y restaurantes, con la inmensa mayoría de los comercios cerrados; sin servicios de ningún tipo, con todas las empresas industriales, comerciales y de servicios paralizadas, es algo que nadie imaginaba que podría ocurrir.

 

              El temor a la enfermedad contagiosa, al desplome de la economía, que se incrementa en las personas de la tercera edad que sufren enfermedades crónicas; el temor por lo que pudiera ocurrirles a los niños, a los jóvenes, a todos, en un futuro próximo, es causa de estrés y de otros males nerviosos.

 

              ¿Qué va a pasar después de que termine la cuarentena que ha sido ampliada por un mes más?

 

              POR LO PRONTO, EN NUESTRO PAÍS, EN NUESTROS ESTADOS, ha salido a la luz algo que no conocíamos aunque sospechábamos: la enorme debilidad de nuestro sistema de salud. Sin hospitales suficientes, sin médicos y enfermeras suficientes, casi sin especialistas, sin medicamentos, sin equipos médicos, sin instrumental.

 

              Desde hace diez años, los gobiernos estatales han dispuesto alegremente de los presupuestos de salud pública para derrocharlos alegremente en bonos, en viajes, en diversiones en general, pues nadie cuida lo que no le cuesta y esos recursos, que como muchísimos más no se usaron para lo que estaban destinados por qué era la costumbre producto de la corrupción de la que tanto habla el presidente López Obrador, que ahora entendemos porque ha sido su obsesión.

 

              Esta crisis que ahora padecemos, ¿hará cambiar el rumbo de la atención a la salud en nuestro país? Pues esperamos que sí, porque no tendríamos perdón como pueblo si siguiéramos consintiendo gobiernos corruptos, sin ningún sentido de responsabilidad social, sin el oficio político que se requiere para resolver problemas y no provocarlos.

 

              La política en nuestro país ha venido dando pasos atrás desde la llegada del neoliberalismo, cuando perdió el rumbo que en sus inicios tuvieron los gobiernos surgidos de la Revolución Mexicana.

 

              Lo ocurrido en 1918, el triunfo de un candidato que ofrecía una Cuarta Transformación del país para acabar con los corruptos, los apartidas, con los negociantes que iban tras un botín y no en busca de nuevos y mejores caminos para sacar a México de su atraso y postración, evitó, esto debe quedar bien claro, una revolución armada que si bien de hecho ya había estallado, carecía de objetivo político y se quedó solo en una violencia producto del empobrecimiento y atraso de millones de mexicanos.

 

             El surgimiento de grupos delincuenciales, de narcotraficantes, la inseguridad que se ha vivido en el país desde hace más de 30 años; los asesinatos de un cardenal de la iglesia católica, de un candidato presidencial del PRI cuando ese partido era todavía todopoderoso; el asesinato de un ex gobernador y alto dirigente priísta en plena ciudad de México, todo eso y más, eran claros indicios de descomposición social, pero también de irritación, de la impotencia que un pueblo empobrecido por la falta de oportunidades, por la desigualdad existente entre la población mexicana, desigualdad que superó a la existente durante la época de la colonia española.

 

            Estamos de acuerdo en que la inseguridad y la violencia, se desataron por la incapacidad de un gobierno panista para resolver los problemas que tenía enfrente y para justificar su desaseada elección, pero sólo aprovechó las circunstancias existentes derivadas del pésimo sistema económico, de la corrupción y derrumbe de los partidos políticos y de la falta de civismo de la población en general. Por eso, lo que iba a ser una revolución social, derivó en inseguridad y criminalidad y de todo lo que esto conlleva.

         

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