Sábado, 21 de Mayo del 2022

Leyenda de ‘El Espinazo del Diablo en Ciudad Universitaria’: el niñito que se ahogó en un pozo

Miércoles, 19 Enero 2022 13:37
Leyenda de ‘El Espinazo del Diablo en Ciudad Universitaria’: el niñito que se ahogó en un pozo

Algunas personas conocieron la leyenda del niño que se ahogó en un pozo en los terrenos donde está Ciudad Universitaria en Puebla, se dice que ese pequeño se aparecía y lloraba todas las noches.

Adaptación: Paola Sánchez Rodríguez

@Diario_Cambio



Cuenta la leyenda que hace más de cincuenta años, en los terrenos donde se construyó Ciudad Universitaria, perteneció a un grupo de ejidatarios quienes fueron indemnizados por el Gobierno del Estado para poder expropiar los ejidos. Pero hubo uno de ellos que no quiso vender su terreno.


Al poco tiempo de que sucedió la expropiación, el dueño que se había negado a vender su terreno falleció, y al no tener parientes que reclamaran el predio, pasó a manos del gobierno, en el que empezaron a construir el edificio de la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas. Aunque, nadie se había percatado de la existencia de un pozo que estaba cubierto.


Durante aquella época, C.U. se encontraba en una zona bastante alejada de la ciudad, por lo que aún no contaba con servicios de luz, así que como era de esperarse se veía un panorama bastante lúgubre. Por tal motivo, dejaban a personas encargadas de la obra para que vigilaran durante la noche y evitar el robo de materiales, maquinaria y demás.


Un hombre, a los pocos días de haber sido contratado, decidió renunciar, advirtiendo que en la medianoche aparecían siluetas fantasmales y se escuchaba a un niño llorar, lo que ponía los pelos de punta.


Ante el escepticismo, nadie le creyó al trabajador, sin embargo, lo curioso del asunto, es que ningún vigilante duraba, señalando siempre la misma historia: “me voy porque en este lugar espantan”.


El encargado de la obra, cansado de tantas versiones, contrató a un nuevo grupo de veladores, los cuales cada uno se encargaría de una tarea en especial. Uno cuidaría la varilla, otro la arena y el último el ladrillo.


Sin embargo, la situación terminó de la misma manera, todos los veladores renunciaron y contaron que habían visto apariciones fantásticas y escucharon ruidos extraños.


Fue entonces que llegó un valiente velador, el cual aparte de ser escéptico se burlaba de los relatos de sus ex compañeros.


La primera noche que pasó ahí, escogió un salón de clases que estaba casi terminado y colocó su catre. Espero que la oscuridad envolviera la ciudad para así disfrutar de una bella noche con luna.


Al paso de las horas, el silencio presente se quebró con el llanto de un niño, del cual logró observar la figura de un varón cubierta por una abundante cabellera.


Sin dudarlo, el velador se arrodilló, se persignó y puso a rezar, desapareciendo de su vista aquella figura.


Arrepentido, el hombre renunció y contó lo sucedido a sus compañeros. El encargado de obra, harto de las apariciones, decidió visitar a uno de los vecinos más antiguos de aquellos terrenos, preguntando sobre la vida de quienes habían sido dueños de esas tierras.


Le contaron sobre la existencia de un pozo, mismo que se encontraba en el lugar de las apariciones. En el que, tiempo atrás, el hijo del dueño del terreno se cayó hasta el fondo del pozo y se ahogó. Pero nunca pudo ser rescatado.


El padre era albañil, así que él fue el encargado de tapar el pozo y convertirlo en la tumba de su amado hijo.


Cabe resaltar que este era el motivo de las apariciones y los lamentos, pues era el niño que lloraba todas las noches.


Información obtenida de: Libro Puebla en la Memoria: recuerdos, añoranzas y testimonios.

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