Tuesday, 25 de April de 2017

Indicador Político

Indicador Político

El esfuerzo del Instituto Belisario Domínguez del Senado para editar el Atlas de la Seguridad y la Defensa del 2016 fue inútil y la reciente ola criminal no conmueve a nadie. La negativa de diputados y senadores para legislar sobre seguridad interior mostró la nula capacidad de los legisladores para entender la crisis de seguridad pública como crisis de legitimidad y poder del Estado.

Si bien la autoridad policial en la ciudad de México ha dado un paso audaz en reglamentar el uso de la fuerza contra la protesta social para garantizar derechos, ahora corresponde a los manifestantes autorregularse para garantizar la convivencia y evitar que la capital estalle cualquier día en violencia callejera.

El principal problema que enfrenta la inseguridad es el dominio mediático de las circunstancias. Ahora que se niega la ley de seguridad interior para forzar al retiro del ejército de las labores vinculadas a la seguridad nacional contra el crimen transnacional, hay datos que debieran alarmar.

La gran evaluación del saldo hasta la fecha de la guerra del Estado contra el crimen organizado que comenzó en 1984 (guerra y criminalidad) se puede plantear en una pregunta capciosa: si hay más delincuentes dados de baja, ¿por qué ha aumentado la violencia?

Está científicamente comprobado que el PRI es el único partido que se tropieza muchas veces con la misma piedra, aunque también hay evidencia comprobable que el problema no es la piedra sino el partido.

La crisis en la gestión de gobernadores de los tres principales partidos es, quiéranlo o no, responsabilidad directa del presidente de la república en turno en el sistema presidencialista. El trabajo fue fácil cuando el presidente ponía gobernadores, pero fue complicado cuando los gobernadores se pusieron a mismos.

El sorpresivo arresto del exgobernador veracruzano Javier Duarte de Ochoa en un tranquilo hotel de Guatemala tiene una serie de detalles que pudieran explicarlo:

Justo el día en que se instaló formalmente el comité coordinador del Sistema Nacional Anticorrupción, en la Procuraduría General de la República ocurrieron tres hechos que evidenciaron que ese organismo nació muerto:

Como era de esperarse, López Obrador está entendiendo la realidad: una cosa es que hasta ahora haya estado solo en los medios y otra que ya se perfilaron sus contrincantes para el 2018; y una cosa es sentirse iluminado y otra cosa que sus dichos generen respuestas críticas de los potenciales electores.

Las cifras sobre agresiones y asesinatos de periodistas no deben sorprender: obedecen a la responsabilidad incumplida del gobierno federal y de los gobiernos locales. Del 2000 al 2016, los años de la alternancia que debieron llevar a la democracia, la impunidad de los agresores de periodistas llegó a 90 por ciento por la incapacidad de la fiscalía de la PGR para atender y desahogar las agresiones contra la libertad de expresión.

La verdadera batalla por el Estado de México que comenzó el domingo se dará entre Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador en tres puntos clave: estructura electoral, recursos económicos y victoria mediática.

La presentación de los pre-criterios de política económica para el cierre del 2017 y algunos indicios del 2018 de elecciones presidenciales carece de sorpresas: confirma, entre muchas otras cosas, que la economía mexicana padece un estancamiento estructural que lleva el PIB a niveles de mediocridad.

La larga temporada de caza de periodistas comenzó el 30 de mayo de 1984 cuando el periodista Manuel Buendía, columnista de Excélsior, fue abatido a tiros en la tarde al salir de una comida. Sus columnas comenzaban a profundizar el auge del narcotráfico en México y estaba a punto de revelar nombres de funcionarios involucrados en la protección a cárteles.

Como ha ocurrido en sus candidaturas anteriores, Andrés Manuel López Obrador ha perdido no sólo puntos electorales sino apoyos por su incapacidad para pensar antes de hablar. Sus ataques al ejército fueron, obviamente, aprovechados por sus adversarios, y ahora el candidato presidencial único de Morena se dice víctima de un compló.

A pocos días de haber decretado la expropiación del petróleo, el presidente Lázaro Cárdenas anunció la reforma del Partido Nacional Revolucionario para transformarlo en Partido de la Revolución Mexicana; la novedad estuvo en los sectores corporativos pero la sorpresa fue la poner al ejército como el cuarto sector del PRM; es decir, fuerzas armadas al servicio del partido en el poder.

Horas después de sumar adeptos del salinismo, el zedillismo y el empresariado promotor y beneficiario del modelo económico neoliberal por su discurso económico de continuidad, Andrés Manuel López Obrador regresó a lo suyo y sus amenazas de revertir todas las reformas peñistas le hizo perder esas simpatías conservadoras porque al final de cuentas es un populista sin remedio.

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