Miercoles, 22 de Noviembre del 2017
Indicador Político

Lo más grave de los engaños de Ricardo Anaya, Alejandra Barrales, Dante Delgado y el Frente es que están diciendo lo que no harán en la presidencia, pero que están haciendo en la realidad.

Cuando hizo su último intento por pactar la sucesión de 1994 con el presidente Salinas de Gortari, Manuel Camacho Solís acudió a Los Pinos con una tarjeta en la que señalaba sus compromisos: todo con el ex presidente, cuidar a su familia y darle espacio internacional a Joseph-Marie Córdova Montoya.

 

Cuando pudo decirle a Camacho Solís por qué no había sido el candidato, Salinas de Gortari le dijo que él, Camacho, se había aislado en el gabinete y no representaba una alianza de grupo.

 

Ahí sí, sobre la marcha de la sucesión de 1994, se fijaron de nueva cuenta los parámetros de toda designación del candidato presidencial priista: la continuidad personal del presidente saliente y su familia, la continuidad de proyecto y la continuidad del grupo.

 

Por tanto, todos los presidentes salientes dicen que auscultan a la sociedad para percibir si los aspirantes tienen compromisos sociales y todos sin excepción dibujan un retrato hablado que destaca patriotismo, honestidad, compromiso social y patriotismo, pero al final de cuentas el presidente saliente escoge a su sucesor en función de sus propios intereses.

 

Díaz Ordaz, Echeverría, López Portillo y De la Madrid pulsaron la posibilidad de cambiar candidato ya en campaña porque los designados no se comprometieron con la continuidad. Colosio fue asesinado después del discurso del 6 de marzo con el que rompió con la transexenalidad neoliberal salinista; y Zedillo fue leal con el proyecto salinista, aunque hubo de romper con Salinas por el ambiente de insistencia en su complicidad con el asesinato de Colosio bajo el modelo del “beneficiario del crimen”.

 

López Portillo, De la Madrid, Salinas y Zedillo llegaron a su sucesión con dos candidatos que reasentaban las dos opciones: la complicidad y continuidad transexenal y la ruptura política. El caso más específico fue Manuel Camacho Solís, quien jugó abierto y dejó muy en claro que respetaría a Salinas pero no le daría continuidad a su equipo ni al proyecto económico neoliberal porque el país estaba padeciendo -de mayo de 1993 a junio de 1995- una profunda crisis de sistema político.

 

La teoría política del sistema aconsejaba, cuando menos hasta 1976, que el nuevo candidato y el nuevo grupo de poder fuera generoso con el anterior y les diera posiciones a todas las corrientes. Pero desde 1976 todos los candidatos hubieron de definir lealtades.

 

A ello se agregaba otra variable decisiva: desde 1982 todos los presidentes quisieron gobernar más allá de sus seis años reglamentarios. Y aunque el entrante llegó a carecer de grupo -como López Portillo-, los conflictos sucesorios rompieron alianzas, lealtades y complicidades.

 

Y la tercera variable ha tenido que ver con el hecho de que, a pesar de las promesas de lealtades, cada nuevo presidente es un jefe de grupo y que la condición de unidad y cohesión del nuevo grupo es justamente el proceso de sucesión presidencial.

 

Todos los nuevos presidentes llegaron con el juramento de lealtad y dependencia del ex presidente, pero a la hora de jurar el cargo se transformaban en un nuevo grupo.

 

De ahí que todo presidente saliente tiene un conflicto de conciencia: su sucesor promete hasta lo indecible con tal de llegar, pero luego no sostiene sus promesas. Peña Nieto, como todo presidente saliente, está viendo que no existe ninguna complicidad tan sólida como para garantizar continuidad.

 

Así que los presidentes se parten la cabeza pensando cómo dejar atadas las cosas, pero nada garantiza la lealtad.

 

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Política para dummies: La política es el ejercicio de las lealtades falsas, aunque prometidas.

 

Sólo para sus ojos:

 

  • Focos de alarma en los equipos de independientes. Se complica el proceso de recolección de firmas. De los 40 que quieren ser candidatos presidenciales, sólo dos podrían llegar: Jaime Rodríguez El Bronco y Margarita Zavala de Calderón. Y ya comienzan a plantearse dudas porque el umbral marcado por el INE es muy alto. El desgaste en exposición pública, recursos para pagar a activistas y estructura electoral es mayor a la que pudieran juntar en dinero para financiar esas actividades.
  • En el fondo, el equipo mexicano que renegocia el tratado comercial está esperanzado a que Donald Trump sea destituido o no gane la candidatura para la reelección o pierda las elecciones del 2020. Pero si Trump sobrevive y gana, entonces México estará sin posibilidades de desarrollo porque el PIB sin el tratado podría ser de 0% promedio anual.
  • Dicen en los pasillos del poder que el ex presidente Salinas de Gortari está deslizando su disponibilidad para colaborar en la defensa del Tratado, pero que de Los Pinos dijeron que no gracias.

 

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@carlosramirezh

 

Cada seis años los expertos en secretos de la política sucesoria priista creen descubrir el agua tibia. Un columnista publicó el martes que “el presidente ya decidió” apenas el fin de semana el nombre de su sucesor. Y, dice el analista, “fuentes indudables” se lo dijeron, se supone que al oído sólo a él.

Si la aprobación del marco macroeconómico 2018-2024 y el presupuesto de egresos de la Federación constituyen la verdadera sucesión presidencial, entonces al país le esperan siete años más de mala suerte.

Preocupados por el corto plazo, actores políticos, partidos y analistas no se percataron que la sucesión presidencial del 2018 se resolvió a las 4:02 de la madrugada del viernes: la aprobación del presupuesto de egresos para 2018 y el aval automático a los Criterios Generales de Política Económica definieron el perfil del próximo presidente de la República.

Preocupados por adivinar las cartas presidenciales tapadas para adelantarse a la cargada de intereses y rebasada la autoridad electoral por la burocratización del INE, el crimen organizado a niveles estatales y municipales ya tiene el control de las estructuras políticas.

Al PRI se le están acomodando los astros: el Frente Ciudadano por México perdió la oportunidad de definir primero un programa de transición a un nuevo régimen político y se quedará como una frágil alianza legislativa; el responsable del fracaso se llama Ricardo Anaya Cortés, presidente nacional del PAN, quien se ha empeñado en ser el candidato presidencial del Frente PAN-PRD-MC.

Si una de las facultades metaconstitucionales decisivas del Presidente de la República salido del PRI (Jorge Carpizo) es la designación del candidato-sucesor inmediato, hay una articulada: dejar armado un grupo de poder para incidir en los siguientes seis años después, dos sucesiones en una. Es el modelo del presidencialismo de Álvaro Obregón que el presidente Peña Nieto tomó como eje de su tesis de licenciatura.

De acuerdo con las cifras oficiales, los votantes por edades van a ser determinantes en el saldo electoral. Y ahí hay cuando menos tres grupos:

Autoexiliado desde mayo del 2015 primero en París y luego en los EEUU, el ex jefe de gobierno capitalino Marcelo Ebrard anda en busca de un espacio político en el próximo proceso electoral. Su pertenencia al grupo de Andrés Manuel López Obrador ha disminuido al mínimo porque arrastra irregularidades en su gestión en el GDF 2006-2012.

Si sigue las reglas escritas y no escritas del sistema político priista y se ajusta a la liturgia del poder institucional, entonces el candidato presidencial 2018 efectivo del presidente Enrique Peña Nieto es el secretario de Educación, Aurelio Nuño Mayer.

Si la elección de gobernador de Coahuila va a ser un elemento catalizador de su autoridad política y moral, entonces el Instituto Nacional Electoral se perfila como el factor de incertidumbre y parcialidad en las elecciones presidenciales. El tira-tira con el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación va siendo una lucha perdida por el INE.

Diez días después de una carta de setenta y cuatro intelectuales, líderes de organizaciones civiles y artistas dirigida al Frente Ciudadano por México para que tomaran en cuenta a los ciudadanos, los liderazgos del PAN-PRD-MC abrieron las puertas del Frente Ciudadano –aún sin ciudadanos, a ciudadanos– para intentar un esfuerzo de ciudadanización.

A partir del axioma de que el poder se ejerce o se padece, el PRI ha comenzado a abrir todas sus cartas institucionales, pragmáticas y de autoridad del ancien régime para exhibir al adversario.

La advertencia fue hecha con anticipación: el PRI iba a meter ‘las narices’ y todo lo que se pueda hacer para dividir el voto. Muchas de las firmas de los independientes serán de priistas ‘prestados’ sin garantizar el voto efectivo. Si de las decenas de aspirantes llegan cinco, el voto se va a fragmentar y el PRI podrá ganar con menos votos.

La oposición perredista-morenista se engolosinó y adelantó las vísperas con la apertura del caso del fiscal contra delitos electorales y su efecto en la renuncia de Raúl Cervantes a la PGR. Por tratar de pescar al exdirector de Pemex Emilio Lozoya, esa oposición ya perdió esas posiciones que iban a ser fundamentales para el tiempo político de Peña Nieto después de entregar la presidencia a su sucesor el próximo primero de octubre de 2018.

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