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Martes, 28 Agosto 2018 02:07

¿Por qué cayó el PRI?

¿Por qué cayó el PRI? Escrito Por :   Gabriel Sánchez Andraca

La caída del PRI, después de casi 80 años de haber ejercido el poder absoluto en este país, tiempo en el que gobernó desde la más humilde presidencia auxiliar hasta la Presidencia de la República, no se debió a una sola causa, fue, como dijeran los clásicos, “multifactorial”.


 

           Influyeron muchas cosas: el autoritarismo presidencial, la ausencia de líderes con carrera y sensibilidad política, la abundancia de tecnócratas en el gobierno, la ambición de familias completas para ocupar los puestos de elección popular, el abandono de la militancia a la que no se le reconocía ningún mérito (excepto en época de elecciones) y el abandono de la política económica basada en nuestra realidad social, sustituyéndola por el neoliberalismo impuesto por el presidente estadounidense y la primera ministra inglesa (Reagan y Thatcher, respectivamente) además de otras.

 

            Los presidentes nacionales del PRI eran impuestos por el presidente de la República y por lo general, la designación recaía en militantes probados de muchos años atrás y rodeados de políticos experimentados, con entrenamiento y sensibilidad política. Eso ya no ocurrió en los últimos tiempos, sino hasta que sintieron que el agua les llegaba al cuello. Fue entonces cuando entró el ex gobernador de Guerrero, René Juárez Cisneros, sustituyendo al desconocido y desconocedor del medio político priista, Enrique Ochoa Reza, pero ya era demasiado tarde. El mal ya estaba hecho.

 

           En los estados los dirigentes eran impuestos por los gobernadores y por lo general llegaban, no los mejores, no los más ameritados, sino los amigos con oficio político o sin él, con sensibilidad política o sin ella.

 

           Desde hace algunos años, el PRI se fue convirtiendo en una réplica del PRD dividido y enfrentado en su vida interna y por tanto, ineficaz para mantener a una militancia, que fue ejemplo de disciplina o sumisión, unida y preparada para ganar elecciones.

 

          Desde la llegada al poder del grupo tecnocrático priista, encabezado por Carlos Salinas de Gortari, empezó la debacle. Todavía en el poder, Salinas empezó a debilitar a los tres sectores que conformaban los pilares del priismo: el sector popular prácticamente se desmanteló y perdió a los sindicatos tan poderosos que lo conformaban, como el del IMSS y gran parte de la burocracia, federal y estatal.

 

           Después saldrían los maestros y otras organizaciones que le daban vida a la CNOP o sector popular.

 

            La CROM, que fue la poderosa central obrera en tiempos de Plutarco Elías Calles, casi desapareció, era sólo un membrete. La FROC definitivamente se declaró fuera del PRI y dio a sus miembros la libertad de pertenecer al partido que quisieran y sólo la CTM se mantiene dentro de la órbita priista, pero casi sin entusiasmo, sin demostrar lo que en otros tiempos fue.

 

          El sector campesino fue abandonado a su suerte como han sido abandonados los campesinos de todo el país y su presencia en el PRI ya casi no representa nada. El que fue llamado voto verde ahora se ha convertido en el voto azul o amarillo, a juzgar por el gran número de municipios rurales que ganan los partidos de oposición.

 

           Los puestos públicos, sobre todo los de representación popular, que ya vimos que eran muy privilegiados, eran para familiares y amigos cercanos de los gobernantes o de los líderes partidistas. El paso estaba cerrado para militantes con méritos suficientes para obtenerlos.

 

           El resultado era lógico: el surgimiento de Morena, como partido representante de la izquierda o de la supuesta izquierda, arrastró a todos a su favor.

 

           Los ‘dirigentes priistas’ se sorprenderían de la cantidad, decenas o centenas de miles de los otrora militantes disciplinados o sumisos y agachados del priismo tradicional, yendo a votar por los candidatos de Morena.

 

          Se habla de la ‘migración hormiga’ de los perredistas hacia Morena, pero poco se dice de los militantes priistas que hacían lo mismo, pero en mucho mayor cantidad. Los militantes del PRI no son dados a presumir sus rebeliones contra su partido. El castigo que imponen a sus malos dirigentes, a los que los han mantenido olvidados, relegados y utilizándolos cuando los necesitan es a través del voto. Eso hicieron cuando Moreno Valle, salido de las filas del PRI, aspiró a la gubernatura por una alianza PAN-PRD y eso mismo hicieron contra el morenovallismo, en las pasadas elecciones federales y locales.

 

            ¿El regreso del PRI es imposible? No, pero ese partido deberá reinventarse. Ha sido un partido hegemónico y autoritario y debe tener la humildad de volverse democrático en su vida interna. Establecer reglas para reconocer y premiar a sus militantes destacados. Los descendientes de los políticos o funcionarios importantes tendrán todo el derecho de aspirar a ser como sus padres, pero no por ser sus hijos o sobrinos o yernos (porque hasta los yernos salen beneficiados) de quien son, sino por sus propios méritos.

 

             La política es un oficio para el que deben tenerse vocación y cualidades como la sensibilidad política y social y el oficio, es decir, el entrenamiento de varios años en la actividad política, pues la práctica hace al maestro.

 

             En política no hay imposibles, pero si un partido desplazado por la voluntad del pueblo, cansado de abusos y atropellos de los que estaban arriba, pretende su regreso al poder, hay que transformarse. Los priistas de viejo cuño ya no tendrán cabida en el nuevo México que se está formando. El objetivo de Morena es el desmantelamiento del sistema priista por otro que pueda responder a las necesidades de los millones de mexicanos que han estado al margen del progreso y de la justicia en este país. Posiblemente no logre todo lo que se ha anunciado, pero sí se logrará un cambio del que ya no habrá marcha atrás.

 

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