Martes, 14 de Agosto del 2018
Cúpula

En la política los denuestos se cobran. Los agentes políticos encuentran que -tarde o temprano- hay espacio para sacar del baúl los agravios. En años recientes ha quedado de manifiesto que entre Martha Erika, Rafael Moreno Valle y Fernando Manzanilla Prieto hay facturas que hierven, queman, que están al rojo vivo.

Para nadie es un secreto, no es infidencia alguna. Los afectos entre ella y él son de sobra conocidos. El triunfo electoral del 2010 sería impensable, incomprensible, sin el factor de la maestra.

El ánimo de Miguel Barbosa Huerta es semejante al de un volcán en erupción, un sismo, un tsunami. No se vislumbra sombra alguna de debilidad o tibieza. Si por él fuera seguiría peleando durante meses y meses. Hoy queda claro que le apuesta a llevar este conflicto poselectoral hasta enero o febrero; a que Puebla caiga en un vacío de gobernabilidad al designar un gobernador interino y que esta crisis se prolongue por seis o siete meses más, con el enorme costo que esto conllevaría.

Pocos temas son tan sensibles a los poblanos como seguridad pública y delincuencia. Debe insistirse que esto no es un tema local. La crisis de inseguridad y violencia azota a todo el país. Es la consecuencia del abandono deliberado, premeditado, en que Felipe Calderón y Peña Nieto hundieron al país. Sólo basta comparar la situación de Puebla con la de otras capitales vecinas: Xalapa, Cuernavaca, Chilpancingo, Toluca…

En medio del marasmo poselectoral en que Puebla se encuentra hay una isla en la que todo transcurre con mesura y armonía; con institucionalidad y equilibrio.

Jueves, 19 Julio 2018 03:03

Carrancá: el costo social del desastre

Aunque el ánimo oficial es festivo en torno a la unción de Martha Erika Alonso, la fría realidad es que este conflicto poselectoral va para largo. El alegato de Miguel Barbosa Huerta pasará por tres instancias: el Instituto Electoral del Estado, el Tribunal Electoral del Estado de Puebla y finalmente el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación; es decir, nos referimos a -por lo menos- dos meses de litigio.

¿Alguien sabe qué hicieron Pablo Fernández del Campo, Ana Isabel Allende o Jorge Estefan durante el pasado proceso electoral? ¿En qué regiones operaron? ¿Qué aportaron a la campaña de su candidato a gobernador?

La crisis se aviva. Durante varios días Andrés Manuel López Obrador se mantuvo distante del conflicto poselectoral de Puebla. Únicamente había hecho un exhorto a no caer en la violencia y provocaciones. Pero la tarde del miércoles 11 el presidente electo de México se refirió concretamente al conflicto y señaló “Para nosotros Barbosa es el gobernador electo”.

La versión causó un evidente sobresalto. La tarde del sábado 7 de julio, en el búnker morenovallista recibieron informes de la concentración que Morena preparaba para el día siguiente. Los organizadores son los que ya conocemos: Nancy de la Sierra, José Juan Espinosa, Alejandro Armenta, Fernando Manzanilla. El tenor en el que se estaba convocando era el mismo en que se realizó el asalto al Hotel MM. Una concentración dispuesta a todo, absolutamente a todo.

El pasado primero de julio López Obrador obtuvo una victoria histórica con una votación abrumadora. Tan sólo las cifras de la elección y la nueva conformación de las cámaras alta y baja nos hablan de un acontecimiento sin antecedentes para un partido de oposición. Pero los altos índices de popularidad de Andrés Manuel no siempre fueron los mismos. Y para esto baste recordar el periodo de la toma de Paseo de la Reforma en los días que siguieron a la elección de 2006.

Desde siempre las reacciones poselectorales han sido la ‘sal y la pimienta’ de estos procesos. La historia de México consigna al pintoresco personaje Nicolás Zúñiga y Miranda quien en cinco ocasiones contendió contra José de la Cruz Porfirio Díaz Mori y en todas se declaró vencedor. Desde entonces y hasta la fecha los sainetes poselectorales son la sazón de toda jornada.

La dimensión de esta jornada va más allá de un mero proceso electoral. Durante los últimos 30 años México fue gobernado por las premisas y las tesis del neoliberalismo. Esto tuvo sus inicios en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, continuó con Ernesto Zedillo; cambió de color con las fallidas administraciones panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón. Pero regresó en una versión salvaje y descarnada del priismo con Peña Nieto: el sueño húmedo del mismo Salinas.

Estamos en la era de las redes sociales. Menospreciadas por algunos, magnificadas por otros, estas nuevas herramientas de comunicación e interacción son un fiel termómetro para estudiar las sociedades de nuestro tiempo. Debe subrayarse que en México las redes sociales son un privilegio al que no tienen acceso los sectores más desprotegidos y marginados. Pero aun así nos presentan una perspectiva que es elocuente del sentimiento y ánimo social.

Hace unas semanas en esta Cúpula apuntamos que la clase empresarial mexicana había mostrado un profundo temor, un miedo atípico al proceso de transición presidencial. Sobre el tema de la inseguridad que azota a todo el país, pero que lesiona de manera especial a algunas entidades el Consejo Coordinador Empresarial y la Coparmex pidieron al presidente de la República una respuesta inmediata, pero ésta nunca llegó.

Desde el surgimiento de su esencia como nación, el pueblo mexicano tiene una propensión al pensamiento maniqueista. El mexicano vive entre dos planos antagónicos e irreconciliables: el bueno y el malo; el pobre y el rico; la dicha o la desgracia; la pureza o la degradación. Los grandes guionistas del cine mexicano lograron asimilar el pensamiento nacional y plasmaron en las cintas esa dualidad que vive el pueblo.

El sábado 2 de junio Puebla se conmocionó luego del doble homicidio de carácter político perpetrado en una carretera de la Sierra Norte. Sujetos, hasta el momento no identificados, privaron de la vida a Juana Iraís Maldonado Infante, candidata a diputada local, y a Erika Cázares, regidora en funciones. El hecho causó una ola de indignación, de aflicción y auténtica solidaridad con los deudos.