Miercoles, 15 de Agosto del 2018
Miércoles, 16 Mayo 2018 03:22

Aquí el más pendejo también es millonario

Aquí el más pendejo también es millonario Escrito Por :   Arturo Rueda

Desde el sueldo mensual se muestran diferencias brutales. Un poblano promedio ingresa al año unos 42 mil pesos (3 mil 500 mensuales). Luis Miguel Barbosa, en su último año como senador, y tomando en cuenta todas sus mentiras patrimoniales, se embolsa 1 millón 800 mil pesos, alrededor de 150 mil mensuales. La disparidad es brutal, lo que demuestra que la política es un gran negocio para los políticos.


 

En entrevista tumultuaria con los periodistas de Milenio, Ricardo Anaya acepta sin desparpajo que gana alrededor de 400 mil pesos mensuales, casi cinco millones de pesos al año. Es decir, a sus 39 años vive de sus rentas en un país en el que el salario promedio es de entre 2 mil 500 pesos y 3 mil 500 pesos. Esa es la distancia entre los políticos y los ciudadanos promedio: ellos ganan por miles y millones mientras que nosotros casi mendigamos.

 

Las declaraciones 3de3 son un ejercicio de transparencia incompleto, pero un primer indicador financiero para entender cuan distante es la realidad económica entre políticos y ciudadanos. De entrada, los tres candidatos a gobernador cuentan con un patrimonio superior a los 14 millones de pesos entre inmuebles, cuentas bancarias, vehículos y participaciones accionarios.

 

¿Cuántos poblanos podría decirse que cuentan con ese patrimonio promedio? ¿De 6 millones de poblanos cuántos tendrán arriba de 10 millones de pesos? No parece factible que ni el 10 ni 5 %, quizá un 3 %: unos 18 mil poblanos o 15 mil poblanos. ¿Me estoy yendo muy lejos o mis cálculos son conservadores?

 

Desde el sueldo mensual se muestran diferencias brutales. Un poblano promedio ingresa al año unos 42 mil pesos (3 mil 500 mensuales). Luis Miguel Barbosa, en su último año como senador, y tomando en cuenta todas sus mentiras patrimoniales, se embolsa 1 millón 800 mil pesos, alrededor de 150 mil mensuales.

 

La disparidad es brutal, lo que demuestra que la política es un gran negocio para los políticos. Barbosa, en su último sueldo reportado, gana 4,500 % más que un ciudadano poblano promedio. ¿Cómo podemos ver la misma realidad?

 

La millonariarez de nuestros políticos no distingue partidos ni colores ni afiliaciones.

 

Moreno Valle ganó 1 millón 700 mil en su primer año como ex gobernador, alrededor de 140 mil mensuales.

 

Alejandro Armenta reportó al IMCO ingresos por 2 millones 721 mil pesos al año, más de 220 mil al mes. La agricultura sí le deja al candidato al Senado.

 

En el último año, Martha Erika Alonso ganó 1 millón 700 mil pesos, alrededor de 140 mil al mes y prácticamente lo mismo que su esposo Rafael Moreno Valle. Entre los dos se meten una buena lana.

 

Enrique Doger es de los “pobrecitos” porque su ingreso anual no llega al millón, sólo 886 mil pesos que eran su percepción mensual como delegado del IMSS, alrededor de 70 mil pesos al mes.

 

Guillermo Deloya, un auténtico don nadie, dice que gana un millón 500 mil al año, alrededor de 125 mil al mes.

 

Otro ejemplo pavoroso es Juan Carlos Natale. La suma de sus ingresos anuales entre la diputación local y sus servicios de “asesoría” a varias empresas, se embolsa 2 millones 200 mil pesos al año, más de 180 mil pesos al mes.

 

Y así los demás. José Juan se mete un millón de pesos al año. Lalo Rivera 1 millón 130 mil. Guadalupe Arrubarrena 1 millón 400 mil. Nancy de la Sierra un millón al año.

 

Un candidato a diputado federal del Frente, Rosalio Zanatta, declara ingresos anuales por 668 mil pesos, alrededor de 55 mil al mes.

 

La política más pobre de Puebla es la recién llegada Claudia Rivera Vivanco, quien reporta ingresos anuales de 297 mil pesos, casi 25 mil al mes. Y ese salario “humilde” de todas formas sigue muy lejos del ingreso de un poblano promedio.

 

Aquí la pregunta es quién de los políticos no es millonario, sino quién no. Hasta el más pendejo es millonario. Sus bolsillos están bien llenos, mientras los de la mayoría de la población vacíos. La brecha de desigualdad entre gobernantes y gobernados comienza con su ingreso. Se trata de una élite que ha hecho lo necesario y lo imposible para gobernar a una minoría empobrecida para que no pueda rebelarse.

 

Y mencionamos la 3de3 como primer indicador, pero que puede resultar muy lejano de la realidad cuando los periodistas comenzamos a rascarle. Por ejemplo, la fortuna de Barbosa ya contabilizando el valor comercial de sus tres terrenos en La Vista de Tehuacán podría alcanzar los 40 millones de pesos. Y eso que tiene un patrimonio muy “normal”.

 

Y todavía alguien se pregunta por qué gana López Obrador con esa ventaja.

 

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