Wednesday, 02 de December de 2020


Sobreactivación




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Sin llegar a ser un lector empedernido, siempre me he acercado a los libros para ampliar mis conocimientos sobre temas que me interesan.

Desde que estoy dentro de este entretenido mundo del futbol he continuado con esta costumbre, como diría un viejo conocido “analfabeto no es aquella persona que no sabe leer, analfabeto es aquella persona que sabiendo leer no lo hace”. De mis autores preferidos, siguiendo con el tema del futbol, son, sin duda Vicente del Bosque y Marcelo Bielsa. Sin embargo, en estas últimas semanas me ha dado por leer acerca de Psicología del Deporte, sin duda una ciencia que dentro del futbol está creciendo a pasos agigantados.

 

 

Al ir leyendo acerca de los temas y conceptos que la Psicología del Deporte aborda, me topo con ejemplos y situaciones que se viven a diario dentro de la cancha, pero que, al no tener la información científica, simplemente nos quedamos con que son coincidencias o temas sin explicación alguna. Un ejemplo claro, del cual escribo el día de hoy, es el concepto de “sobreactivación”, es algo que lo he visto en repetidas ocasiones a jugadores de todos los niveles. La sobreactivación, para la gente que no tiene los conocimientos científicos, su equivalente sería a la clásica frase “le ganaron las ganas”.

 

 

Para que quede un poco más claro explicaré, de forma sencilla y según lo que yo entendí, lo siguiente: el estrés (como ya lo había mencionado en alguna columna anterior) en sí no es malo, todo mundo quiere evitarlo, pero en realidad no es para nada negativo. Dentro del futbol, por ejemplo, el estrés produce que se activen nuestras piernas y que la cabeza esté bien despierta, en otras palabras, el estrés produce la activación, tanto a nivel físico como psicológico.

 

 

Sin embargo, cuando existen dosis altas de estrés (esto suele pasar cuando el jugador piensa que no tiene recursos suficientes para hacerle frente a determinada situación) viene la sobreactivación. Esta sobreactivación tiene tres formas:

 

·         Ansiedad: el jugador tiende a precipitarse en sus acciones y actuar torpemente.

·         Ira: el jugador pierde la consciencia y descarga toda su adrenalina contra lo que se cruce (un rival, una pared, un banderín, etcétera).

·         Depresión: se manifiestan en los jugadores con múltiples quejas, molestias crónicas o aislamiento.

 

 

Me pareció atinado dar esta breve explicación un tanto científica antes de aterrizar en el ejemplo al cual quiero llegar. Esta semana, jornada 1 de nuestro torneo, específicamente el sábado por la noche, pudimos observar un ejemplo claro de sobreactivación en un jugador. Me refiero al caso concreto del “Kikín” Fonseca. Para el que no tuvo oportunidad de verlo, León recibía a Atlante, minuto 1 de juego, el “Kikín” (jugador que no tiene fama de mal intencionado) va a presionar al defensa, llega tarde y le da un “caballazo”, foul, tarjeta amarilla. Minuto 9, un jugador del Atlante busca mandarle un pase a Fonseca, el pase queda corto, el defensor de León anticipa la jugada, y en su afán de luchar y recuperar el balón nuestro protagonista vuelve a llegar tarde, se barre de forma impertinente, marcan foul y lo sancionan con su segunda tarjeta amarilla, se va expulsado.

 

 

Quizá si este par de jugadas hubieran sido al minuto 68 y al 85 con marcador en contra, sin duda los motivos de la conducta serían otros, pero como se dieron las circunstancias, es un claro ejemplo de sobreactivación. Un jugador cuando inicia el torneo tiene muchas metas individuales, demasiada ilusión, quiere “comerse el mundo”, lleva dos meses sin jugar, está exageradamente motivado, si el cuerpo técnico no se percata de esto, es muy posible que sucedan desgracias como lo que le sucedió al Atlante.

 

 

Es labor del cuerpo técnico (por lo que he leído de preferencia se debe de contar con un especialista, un psicólogo del deporte) lograr que cada uno de sus jugadores, antes del comienzo del partido, se encuentren en su nivel óptimo. Este nivel óptimo al que me refiero, es diferente para cada uno de los jugadores, por esta razón a la hora de motivar a los futbolistas hay que hacerlo con mucha cautela, porque algo que para unos es pan, para otros puede ser veneno.

 

 

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