Saturday, 27 de February de 2021

Reacción de Brasil me inspiró: Snowden

Miércoles, 18 Diciembre 2013 12:09
  Edward Snowden invita a Brasil a formar un frente contra la vigilancia indiscriminada.  



Hace seis meses, me salí de la sombras de la Agencia de Seguridad Nacional del Gobierno de Estados Unidos para pararme frente a la cámara de un periodista.



Compartí con el mundo evidencias que prueban que algunos Gobiernos están construyendo un sistema de vigilancia global para de forma secreta observar cómo vivimos, con quiénes hablamos y qué decimos.



Me paré frente a la cámara conscientemente, sabiendo que la decisión me costaría a mi familia y mi hogar, y que pondría en riesgo mi vida. Estaba motivado por la creencia de que los ciudadanos del mundo merecen entender el sistema bajo el que viven.



Mi mayor temor era que nadie escuchara mis advertencias. Nunca había estado tan feliz de haberme equivocado. La reacción en ciertos países ha sido particularmente inspiradora para mí, y Brasil es ciertamente uno de ellos.



En la NSA, yo fui testigo, con una creciente alarma, de la vigilancia de poblaciones enteras sin ninguna sospecha de que se estaba haciendo algo malo, y amenaza con convertirse en el mayor reto para los derechos humanos en nuestro tiempo.



La NSA y otras agencias de espionaje nos dicen que por nuestra propia "seguridad" (por la 'seguridad' de Dilma, por la 'seguridad' de Petrobras') nos han revocado el derecho a la privacidad e irrumpido en nuestras vidas. Y lo hicieron sin preguntarle al público de cualquier país, incluso el suyo.



Hoy en día, si usas un celular en Sao Paulo, la NSA puede y sigue tu ubicación: hacen esto 5 mil millones de veces al día con personas de todo el mundo.



Cuando alguien en Florianopolis visita un sitio de internet, la NSA registra cuándo sucedió y qué hiciste ahí. Si una madre en Porto Alegre llama a su hijo para desearle buena suerte en su examen de la universidad, NSA puede mantener ese registro de llamada durante cinco años o más.



Incluso tienen registrado quién está teniendo un amorío o viendo pornografía, en caso de que necesiten dañar la reputación de quien sea su objetivo.



Senadores estadounidenses nos dicen que Brasil no debería preocuparse, porque esto no es "vigilancia", es "recolección de datos". Ellos dicen que lo hacen para mantenernos seguros. Están equivocados.



Hay una enorme diferencia entre programas legales, espionaje legítimo, aplicación legítima de la ley (en la que individuos se convierten en objetivos bajo sospechas razonables e individualizadas) y estos programas de vigilancia masiva que ponen a una población entera bajo un ojo que lo ve todo y guarda copias para la eternidad.



Estos programas nunca se trataron de terrorismo: se tratan de espionaje económico, control social y manipulación diplomática. Se tratan de poder.



Muchos senadores brasileños están de acuerdo, y me han pedido que los ayude en sus investigaciones sobre presuntos crímenes contra los ciudadanos brasileños.



He expresado mi voluntad de ayudarlos cuando sea apropiado y legal, pero desafortunadamente el Gobierno de Estados Unidos se ha esforzado para limitar mis posibilidades de hacer eso (¡fueron tan lejos como obligar el aterrizaje del avión presidencial de Evo Morales para evitar que yo viajara a América Latina!).



Hasta que un país me otorgue asilo político permanente, el Gobierno de Estados Unidos seguirá interfiriendo en mis posibilidades de hablar.



Hace seis meses, revelé que la NSA quería escuchar a todo el mundo. Ahora, todo el mundo está escuchando también y levantando la voz. Y a la NSA no le gusta lo que está escuchando.



La cultura de vigilancia global indiscriminada, expuesta a debates públicos e investigaciones reales en cada continente, está colapsando.



Hace apenas tres semanas, Brasil hizo que el Comité de los Derechos Humanos de Naciones Unidas reconociera por primera vez en la historia que la privacidad no termina donde las redes digitales comienzan, y que la vigilancia masiva de inocentes es una violación a los derechos humanos.



La marea ha cambiado, y finalmente podemos ver un futuro donde podemos disfrutar de seguridad sin sacrificar nuestra privacidad. Nuestros derechos no pueden ser limitados por una organización secreta, y los funcionarios estadounidenses nunca deberían decidir la libertad de los ciudadanos brasileños.



Incluso los defensores de la vigilancia masiva, aquellos que no se dejarán convencer sobre que nuestras tecnologías de vigilancia han sobrepasado peligrosamente controles democráticos, ahora están de acuerdo en que en democracias, la vigilancia sobre el público debe ser debatida por el público.



Mi acto de consciencia inició con un argumento: "No quiero vivir en un mundo donde todo lo que digo, lo que hago, a quien le hablo, cualquier expresión de creatividad o amor o amistad es registrada. Eso no es algo que estoy dispuesto a soportar, no es algo que estoy dispuesto a construir y no es algo bajo lo que estoy dispuesto a vivir".



Días después, fui informado de que mi Gobierno me había hecho apátrida y quería encarcelarme.



El precio de mi discurso fue mi pasaporte, pero lo volvería a pagar: No seré quien ignore el crimen para buscar el confort político. Prefiero quedarme sin patria que sin voz.



Si Brasil escucha sólo una cosa de mí, déjenme que sea ésta: cuando todos nosotros nos unamos contra las injusticias y en defensa de la privacidad y los derechos humanos básicos, podremos defendernos de hasta los sistemas más poderosos.



El diario Folha de Sau Paulo publicó esta carta escrita por Edward Snowden.



Fuente: Reforma

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