Wednesday, 21 de April de 2021

Lunes, 09 Marzo 2015 01:31

La dramática expedición al Pico de Orizaba que en 1959 dejó tres momias

Luis Espinosa Ruiz asegura que no necesita esperar los resultados del ADN de los restos que permanecen a más de 5 mil metros de altitud sobre el nivel del mar en el Pico de Orizaba para saber que los cuerpos pertenecen a sus de tres compañeros de expedición que fueron tragados por un alud en 1959. Unas botas marca TenPac y un suéter rojo son las prendas que necesita para identificar a Enrique García Romero, “El Calavera”, su amigo y guía del ascenso en el que perdieron la vida cuatro poblanos. 

  • Alberto Melchor Montero / @_BetoMM

Mientras los restos momificados permanecen a más de 5 mil metros de altitud, en el Citlaltépetl, Luis Espinosa Ruiz asegura que no necesita esperar los resultados del ADN para saber que los cuerpos pertenecen a sus tres compañeros de expedición que fueron tragados por un alud en 1959. Unas botas marca Ten Pac y un suéter rojo son las prendas que necesita para identificar a Enrique García Romero, “El Calavera”, quien era su amigo y guía del ascenso en el que perdieron la vida cuatro poblanos. De la misma fúnebre expedición, la familia Espinoza Camargo reclama a Juan, un joven de 17 años de edad.

 

“En ese entonces no había tantas cámaras ni videos, pero los recuerdo porque eran mis amigos y compañeros”, explicó Luis Espinosa en entrevista exclusiva para CAMBIO, y además reveló cada detalle de la expedición hecha en noviembre de 1959 y sus argumentos sobre la identidad de las cuatro personas que murieron en la montaña.

 

Fuimos 16 alpinistas, perdimos a 4 compañeros

 

Descolgando cuadros de fotografía que por años estuvieron en la pared de su casa como una evidencia de sus casi 40 años de experiencia como alpinista y miembro de la Legión Alpina de Puebla, Luis Espinosa narra la partida de los 16 montañistas desde la ciudad de Puebla y con rumbo a la cumbre del Pico de Orizaba, el volcán más alto de México.

 

Como era una tradición, llegaron a Tlachichuca y se registraron en La Antigua Flor, tienda de conveniencia que llevaba una bitácora de los visitantes y alpinistas que emprendían el ascenso por la cara norte del volcán con la ayuda de la familia Reyes o los Canchola, que hasta la fecha se dedican a prestar sus servicios como guías.

 

“Llegamos a Piedra Grande, que era antes de llegar a Las Mulas. El 1 de noviembre llegamos en la noche, formamos el grupo de ascensión. El primer grupo salió a las 3:30 de la madrugada —del 2 de noviembre—, el segundo grupo una hora más tarde. El primer grupo iba al cráter, el segundo grupo iba a media montaña, llegaban a 5 mil y ya bajaban”.

 

Mientras que el segundo grupo estaba conformado por nueve alpinistas, entre ellas tres mujeres; en el equipo que pretendía llegar a la cima iban siete alpinistas, todos ellos varones, y guiados por Enrique García Romero, conocido en el grupo como “El Calavera” por sus pómulos salidos y labios gruesos.

 

Era seguido por Juan Espinoza Camargo, el menor de los alpinistas; Manuel Campos Pérez, “El Indio Verde”, por su excelente condición física; Alberto Rodríguez, Darío Huesca, Marco Antonio Fernández y Luis Espinosa Ruiz, conocido en su equipo como “El Sargento Pedraza”. Un grupo experimentado que había realizado 10 ascensos en la temporada previa.

 

Pasado el mediodía del 2 de noviembre, el equipo llegó cerca del cráter gracias a las buenas condiciones del glaciar, pero cuando llegaron a una grieta de casi dos metros de abertura tuvieron que encordarse para cruzar. Por motivos de seguridad, el encordado no debe de ser mayor a cuatro personas, por lo que lo que Enrique García, Juan Espinoza y Manuel Campos formaron un grupo para cruzar la fisura.

 

Cuando el reloj marcó las 12:15, “viene un estallido con un movimiento incontrolable de toda la capa e inicia el alud”. Luis Espinosa explica que una posibilidad es que los tres alpinistas hayan propiciado con su propio peso que se debilitara la capa de hielo, y como ellos estaban del otro lado de la grieta, la nieve los empujó al fondo y después los sepultó.

 

Hubo además un cuarto alpinista que aún no cruzaba la falla, Alberto Rodríguez, fue arrastrado por la fuerza de la nieve y murió por asfixia cuando su cabeza quedó presionada entre la nieve y la roca. Tras recuperarse del shock, descendieron y avisaron al segundo equipo el trágico suceso, por lo que el 3 de noviembre volvieron a escalar para rescatar el cadáver de Rodríguez, pero los otros tres fueron sepultados por la nieve.

 

Las botas nuevas de El Calavera

 

Con 24 años de edad, Enrique García Romero, “El Calavera”, se desempeñaba como maestro de secundaria en el Colegio Salesiano Trinidad Sánchez Santos de la 3 Norte, donde retando al destino, anunció a sus alumnos que escalaría el Pico de Orizaba y que si moría, les heredaría sus botas nuevas para que imitaran su amor por el alpinismo.

 

“Yo las conozco porque él iba estrenando botas, cuando ya le entró la pasión por el deporte, compró unas botas Ten Pac”, explica Luis Espinosa y añade que el día del ascenso, “El Calavera” llevaba un suéter rojo entre su indumentaria para cubrirse del frío.

 

La idea de que los cuerpos momificados pertenecen a sus compañeros de expedición desaparecidos, se sustenta con otro hallazgo que tuvo lugar hace tres años por uno de sus amigos guías en la misma región, quien halló una mochila azul, la cual era usada por Juan Espinoza Camargo y que en su interior llevaba aún los escudos del Socorro Alpino Mexicano y restos de una botella de refresco Orange Crush, la cual llevaban para ayudarles a controlar el azúcar de su organismo.

 

Autoridades deben de apoyarse en los guías de la región para el rescate

 

Apenas en 1997, Luis Espinosa hizo su último ascenso al Pico de Orizaba con 60 años de edad, por lo que su experiencia lo hace pensar que aunque las condiciones climáticas son adversas, es necesario que las autoridades recurran a los guías locales para ser asesorados o apoyados en el operativo de rescate.

 

“Gerardo Reyes, uno de los guías de Tlachichuca, tiene un equipo especial, es un cuatro por cuatro pero grande, y es un vehículo alemán que se trajo y lo reconstruyó. Lo usa para los rescates porque ha habido muchos en la cara norte”.

 

Aunque el rescate de su compañero Alberto Rodríguez se hizo usando una camilla y deslizándolo en el hielo, reconoce que las condiciones pudieran no ser las óptimas para realizarlo en estos momentos, pues donde antes había hielo ahora existe un pedregal a causa del deshielo del glaciar y el calentamiento global.

Last modified on Lunes, 09 Marzo 2015 03:48