Martes, 22 de Agosto del 2017
Miércoles, 15 Marzo 2017 01:28

La inconsistencia del cambio: electores bipolares

La inconsistencia del cambio: electores bipolares Escrito Por :   Jose Zenteno

Las encuestas publicadas o filtradas en los últimos días dan cuenta de un reposicionamiento del PRI en los estados donde habrá elecciones de gobernador. Tanto en el Estado de México como en Coahuila y Nayarit, las distancias entre los principales candidatos opositores y los candidatos priistas están en rango de empate técnico. En enero, hace apenas 2 meses, el efecto del ‘gasolinazo’ había desplomado al tricolor y sus probabilidades de triunfo estaban muy disminuidas en las 3 entidades. Hoy todo indica que habrá una competencia cerrada.


A diferencia de lo que ocurre en las contiendas por los gobiernos estatales, la carrera por la presidencia de la República se mantiene en condiciones francamente desfavorables para el partido en el poder. La alta desaprobación del presidente Enrique Peña Nieto y la falta de resultados en aspectos claves como la economía, la inseguridad, la corrupción o la relación con el gobierno de Donald Trump, en este momento inhiben la competitividad de quien fuese candidato del PRI.

 

¿Qué pasó? ¿El PRI en los estados puede competir pero no a nivel nacional? ¿Los electores son bipolares o están desorientados? ¿Cuál es la lógica detrás de las preferencias políticas de los mexicanos? ¿La sociedad quiere un cambio o no lo quiere? Ni locos ni bipolares, al parecer son factores locales los que están siendo ponderados por los electores en los estados, mientras que en el contexto nacional la demanda de cambio se mantiene más consistente. Otra explicación podría encontrarse en la incidencia electoral de los operadores de programas sociales en esas entidades donde el PRI gobierna. También, algunos podrían observar que los grupos políticos en el tricolor están alineados y trabajan por un mismo propósito, lo que en 2016 no ocurrió ya que había la intención de sacar a Manlio Fabio Beltrones de la competencia por la candidatura a la presidencia de la República. Otros podrán argumentar que hay un voto oculto que por diversas razones no se muestra en este momento y que será ese voto el que finalmente derrotará al PRI.

 

Lo cierto es que la situación en los estados donde habrá elecciones no puede explicarse fácilmente, incluso el contexto nacional tampoco es tan claro a pesar que hoy el PRI quedaría en tercer lugar. La clase política, analistas, periodistas e investigadores, estamos aferrados a un modelo incapaz de explicar una realidad que ya cambió. Afirmar que la gente está enojada, harta, agraviada o deprimida y que por esas razones demanda un cambio, es cierto, pero existe algo más que aún no identificamos. El problema se presenta cuando en las encuestas encontramos un alto porcentaje de informantes que demandan cambio y al mismo tiempo afirman que votarán por la continuidad del PRI.

 

El cambio político es un consenso en nuestro país pero el significado del cambio es lo que está muy lejos de definirse. Desde la perspectiva del votante priista, el cambio es suficiente con tal que el candidato de ese partido provenga de un grupo político distinto al del gobernador en turno o que en su plan proponga un cambio de prioridades en las políticas. Otros, un poco más simples, demandan una personalidad diferente a la del gobernador saliente; si es viejo lo quieren joven, si es autoritario lo quieren sensible y cercano, si es tradicional lo quieren moderno, si es de tez blanca lo prefieren de tez morena. Algunos más sofisticados valoran aspectos ideológicos, éticos, la preparación, experiencia y capacidad del candidato o de su equipo de colaboradores.

 

Desde la perspectiva de los electores de Andrés Manuel López Obrador la expectativa de cambio significa dos realidades diametralmente opuestas. Unos anhelan un cambio nunca visto por las nuevas generaciones donde el gobierno se conduzca con honestidad y vele en todo momento por el interés del pueblo, quizá con un sesgo hacia la izquierda pero eso no es tan significativo. Otros anhelan el cambio hacia atrás, esperan que AMLO regrese al modelo de gobierno nacionalista del México postrevolucionario, ese modelo que en los 50 y 60 le dio al país estabilidad y progreso.

 

El votante panista también tiene anhelo de cambio. Unos aspiran a la consolidación de la economía de mercado y a la liberación de todos los sectores para que la iniciativa privada pueda aprovecharlos. Otros votan por el PAN porque desean un cambio hacia un Estado conservador que incorpore los valores de la filosofía cristiana. También los votantes de los partidos pequeños e incluso los votantes de candidatos independientes, todos albergan expectativas particulares de cambio.

 

Los anteriores ejemplos demuestran que el cambio tiene múltiples significados y se presenta con matices diferentes. Hay tantas opciones de cambio que difícilmente podremos alcanzar a definirlas todas y además ninguna es patrimonio exclusivo de un segmento de la población. La oferta del cambio ya no unifica la voluntad de la mayoría como lo hizo en el 2000 con Vicente Fox.

 

Conforme profundizamos en el estudio de las preferencias electorales, encontramos que México ha entrado a una especie de cuarto oscuro donde los electores andan a tientas y se guían por sus instintos. Los instrumentos tradicionales de investigación política no son capaces de explicar esta nueva realidad y quizá sea por ello que muchas empresas encuestadoras fallaron en sus estimaciones durante el 2016. Estamos obligados a entrar en una fase creativa que nos permita construir un nuevo modelo de investigación política. Ello equivale a la necesidad de un fotógrafo de cambiar la lente de su cámara ya que el ángulo, la luz y el objeto cambiaron, y la lente actual produce fotografías borrosas.

 

Nosotros ya estamos trabajando en esa nueva lente.

 

 

 

 

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