Thursday, 21 de November de 2019


La sospechosa obsesión de Fernando y Pablo




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El escenario político en Tehuacán es, ni más ni menos, que una tragicomedia.

Mientras los candidatos de “Puebla Unida” avanzan cuadra por cuadra con brigadas de activistas y recorren la región tapizando con propaganda, el priismo, la llamada “coalición 5 de Mayo” está en la inmovilidad.

 

Los protagonistas y agentes del tricolor simulan que realizan una campaña, pero en realidad están a la expectativa y en espera de las sentencias que se dicten en los tribunales electorales.

 

Mientras que los abanderados de “Puebla Unida” avanzan por todas las calles, los presuntos aspirantes de “5 de Mayo” esperan sentados frente a los estrados.

 

Es el espectáculo de la inmovilidad.

 

La historia deja de ser un juego político para convertirse en un episodio de humor involuntario.

 

Este proceso parece una narración del comediante “Tres Patines”.

 

Hagamos un recorrido por los hechos.

 

El Congreso del estado a través de Mario Riestra Piña confirma la formal inhabilitación de Álvaro Alatriste hasta septiembre de 2013, pese a esto el ambicioso aspirante publica en un desplegado una carta de “no inhabilitado”.

 

Frente a esto la Procuraduría de Justicia denuncia al susodicho por falsificación de documentos oficiales.

 

Sin empacho la dirigencia estatal del tricolor representada por Fernando Moreno Peña y Pablo Fernández del Campo impulsan el registro de Alatriste, mismo que el Instituto Estatal Electoral rechaza, argumentando que es “inelegible”.

 

El “mostro” y sus abogados impugnan al IEE ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), pero fallan al invocar el fuero federal, por lo que la solicitud es enviada al tribunal local.

 

Mientras tanto en el mismo Tribunal Electoral del Estado de Puebla (TEEP), la candidata registrada Ernestina Fernández de Alatriste enfrenta dos impugnaciones formales; la primera de Alberto Ruíz Pérez y la segunda de Edgar Benítez Gálvez.

 

Ambos acusan que Ernestina no cumplió con los requerimientos del “proceso interno” del tricolor; no realizó el “curso” para aspirantes, ni se registró en tiempo y forma.

 

El escenario, repetimos ha dejado de ser una contienda electoral, para convertirse en una tragicomedia.

 

Pero los personajes protagónicos en este montaje no son Ernestina Fernández de Alatriste y Álvaro Alatriste Hidalgo, mejor conocido como el “mostro”.

 

Los verdaderos primeros actores en esta parodia se llaman Fernando Moreno Peña y Pablo Fernández del Campo quienes están obsesionados, sospechosamente obsesionados en sacar avante la candidatura de alguno, de cualquiera de los Alatriste.

 

Las preguntas se hacen obligadas, inevitables:

 

¿Por qué esta obsesión?

 

¿Cuáles son los verdaderos móviles de Fernando y Pablo?

 

¿Qué intereses les llevan a tomar las ambiciones de Alatriste como eje toral del proceso en Tehuacán?

 

¿Qué intereses se ocultan detrás de esta tragicomedia?

 

Hay un episodio que conviene recordar.

 

Fue en el año 2001 cuando un polémico agente de Tehuacán acusó a Jesús Morales Flores de vender a Álvaro Alatriste la candidatura a la alcaldía; Chucho respondió con una formal denuncia penal por “Difamación”.

 

El tiempo limó las asperezas y el episodio quedó como parte del anecdotario político. Pero conviene recordarlo ahora que Fernando Moreno Peña y Pablo Fernández del Campo a capa y espada defienden lo indefendible: la salud jurídica de Alatriste.

 

Pareciera que Moreno y Fernández consideran que Alatriste o su esposa Ernestina son los únicos priístas que pueden ser abanderados, que no hay otros cuadros, que simplemente no existe la posibilidad para otro militante del tricolor.

 

Mientras Ernestina y Álvaro esperan frente a los estrados del tribunal electoral, la maquinaría tricolor está en la inmovilidad.

 

La de Fernando y Pablo es una “mostro-obsesión”.

 

Tan inexplicable como sospechosa.

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