Saturday, 15 de May de 2021


Invocar al marinismo o la desesperación de Gali




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En el año 2010 Moreno Valle recorría la entidad bajo dos grandes tutelas: la de su madrina Elba Esther Gordillo y la del entonces presidente Felipe Calderón.

La campaña de Rafael era un despliegue de recursos que rebasaban al aparato marinista que pretendía impulsar a López Zavala.

 

 

Sin embargo era una campaña sin una estrategia propia.

 

 

Mientras tanto el priismo estaba en una nube de soberbia y petulancia.

 

 

No había, no existía la más remota posibilidad de que el PRI perdiera la elección.

 

 

Eso decían y aseguraban.

 

 

Sobre la mesa del Comité Estatal una docena de encuestas anticipaban la inminente victoria del PRI.

 

 

Fue por esos días cuando Jorge Castañeda Gutman le sugirió a Moreno Valle hacer de la elección un referéndum sobre el marinismo.

 

 

Es decir, si Puebla debía seguir o no con el marinismo como gobierno.

 

 

La perspectiva de Castañeda no era equivocada.

 

 

No bastaba con atacar a López Zavala, ni su origen chiapaneco; había que concentrarse sobre Mario Marín y hacerlo la figura central de la elección.

 

 

Preguntarle a los poblanos ¿quieren un futuro con Marín o sin él?

 

 

Toda la estrategia propagandista, todo el aparato morenovallista se lanzó a la yugular de Marín.

 

 

Los resultados de los consejos de Castañeda son parte de la historia de Puebla.

 

 

Conviene recordar esto ahora que Mario Marín Torres vuelve a ser invocado.

 

 

A estas alturas rememorar a Marín con las ansias de “exorcizarlo” de Puebla es un síntoma que vale la pena analizar.

 

 

¿Por qué resucitar a Marín en este momento?

 

 

¿Es aún un agente que tenga “efecto” en el “imaginario colectivo”?

 

 

Es decir ¿realmente alguien se acuerda de Marín?

 

 

La realidad es que a estas alturas sacar a Marín de su ostracismo es un recurso desesperado.

 

 

Esto nos habla de que la campaña de Tony Gali no tiene la ventaja que sus panegiristas aseguran.

 

 

Pero sobre todo nos indica que el morenovallismo no ha encontrado una estrategia.

 

 

No hay una receta propia para esta elección intermedia. Volvieron a tomar la añeja receta de 2010.

 

 

Y esto es síntoma de que las cosas no van del todo bien.

 

 

Por su parte Enrique Agüera pudiera evocar el “efecto Calderón” e incluso el “factor Elba Esther” en contra de Gali.

 

 

Pero no lo ha hecho. Ni lo hará.

 

 

Agüera está haciendo una campaña “light”, baja en calorías.

 

 

La realidad nos muestra que Enrique no se pone los guantes porque tiene miedo, un profundo de miedo que por momentos llega a inmovilizarlo y lo lleva a hacer una campaña que parece sacada de los años setenta.

 

 

No.

 

 

Es definitivo, Agüera nunca se pondrá los guantes, no acusará a Gali de pertenecer al mismo partido que Felipe Calderón, ni dirá que este es un gobierno elbista.

 

 

Y no lo dirá por una simple razón: por miedo.

 

 

Y un político con miedo es exactamente igual que un boxeador temeroso.

 

 

Alegato en defensa de Morris

 

 

Las “buenas conciencias” del quehacer político, se escandalizan por la parodia que ha surgido en las redes sociales con el “candigato Morris”.

 

 

Un joven de Xalapa le tomó una foto a su gato que se llama “Morris” y abrió una página de Facebook donde apunta:

 

 

“Información: El candigato Morris se postula para que votes por él este 7 de Julio. Ante la cantidad de ratas que acechan esos puestos solo un gato podrá poner orden. El candigato no promete nada más que los demás candidatos: Descansar y retozar.

 

 

Biografía: Nace En Xalapa, duerme, caga, mea y come. Juega. Duerme mucho.

 

 

Es el perfil ideal para ser un candidato a la Alcaldía: es el Candigato.

 

 

Hizo una calcomanía para el medallón de su vehículo”.

 

 

Efectivamente la foto de “Morris” aparece en el auto de su dueño.

 

 

El fenómeno ha llegado al grado de que la página de Facebook de “Morris” tiene 100 mil “likes” o seguidores.

 

 

Para dimensionar este fenómeno de las redes basta apuntar que Enrique Agüera tiene 68 mil likes y Tony Gali 67 mil.

 

 

Por supuesto sabemos que estas cifras se pueden “truquear” a través de “expertos” en redes. Esos “asesores” que cobran jugosas comisiones por inflar fenómenos en el ciberespacio; lo mismo lanzan un infundio por Youtube, que crean “hashtag” o etiquetas en contra de un candidato.

 

 

Todo se maneja a través de “consultorías especializadas” en redes sociales. Por lo que estas cifras de Agüera y Gali no son confiables.

 

 

Pero el candigato “Morris” no tiene 300 o 400 mil pesos para entregarlos a un asesor en redes. Sus números son reales.

 

 

Al cierre de esta columna el felino candidato tiene exactamente 104 mil 634 seguidores.

 

 

Y repetimos, las “buenas conciencias” se escandalizan y señalan que esa parodia del “candigato Morris” denigra la política.

 

 

Lo que conviene preguntarse es ¿quiénes son lo que denigran a la política?

 

 

Hoy basta prender cualquier noticiero de radio o televisión, abrir cualquier periódico para quedar asqueado con las pruebas salvajes de corrupción panista, priísta, perredista o ecologista.

 

 

Toda la clase política está en franco estado de putrefacción.

 

 

La inmundicia, la obscena corrupción llega a niveles inimaginables.

 

 

Ayer en Tehuacán la escritora Elena Poniatowska dijo: “México es un país enfermo de corrupción e infectado de violencia, pero el latido de su juventud lo mantiene vivo”.

 

 

Un país enfermo de corrupción, una sociedad que mira con incredulidad y desprecio a los políticos ya sean panistas, priístas, perredistas o ecologistas.

 

 

En este contexto el “candigato Morris” es la expresión sociológica de un pueblo hastiado y asqueado de su clase política.

 

 

“Morris” es la expresión de una sociedad desesperanzada y fastidiada.

 

 

Nuestro correo es el mismo de siempre [email protected] , sin mx.

 

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