Saturday, 05 de December de 2020


Resultado vs marcador




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Los meses de junio y julio son meses de vacaciones y pretemporadas en casi todas las ligas. Digo “casi” porque la MLS es de las pocas ligas del mundo en la que se juega de marzo a octubre sin descanso (éste será un tema para otra columna).

El tiempo de vacaciones para muchos jugadores, en especial los que pertenecen a selecciones nacionales, se ha acortado considerablemente debido a la gran cantidad de torneos en estas fechas, Copa Confederaciones, Copa Oro y Mundial Sub 20, como sucedió en este año. Por este motivo, vacaciones más cortas, por todos los avances científicos en torno a la preparación física de los jugadores de futbol, y copiando el modelo que siguen desde hace tiempo los equipos europeos, la planeación en la etapa de pretemporada ha cambiado.

 

 

Hace unos años, la pretemporada en los equipos de Primera División (me referiré únicamente a lo que sucede en México) comenzaba con trabajo de montaña una semana, posteriormente trabajo de playa 1 semana y al final, en la etapa más próxima al comienzo del torneo, trabajo técnico-táctico con algunos partidos amistosos, 2 semanas. Todos estos tiempos son aproximados. Hoy por hoy, los clubes mexicanos en su etapa de pretemporada desde los primeros días tienen juegos de preparación, generalmente contra equipos de menor nivel al comienzo, y gradualmente se va incrementando la calidad de los oponentes hasta llegar a enfrentarse a equipos de la misma división dos o tres semanas previas al arranque del torneo.

 

 

En mi experiencia he podido comprobar que esta metodología de entrenamiento que se está utilizando actualmente, en la que se mezcla en un mismo ejercicio el trabajo físico, el técnico y el táctico tiene grandes beneficios. Este método de trabajo recibe el nombre de “periodización táctica”. Existen infinidad de ejercicios en los que se puede trabajar estos tres aspectos, pero obviamente, el entrenamiento que tiene más similitud con la competencia (partido oficial), son los partidos amistosos.

 

 

Es verdad que tener partidos de preparación de carácter amistoso desde los primeros días de pretemporada es de gran ayuda al cuerpo técnico para comenzar a comunicar la idea de juego que se pretende, darse cuenta qué jugadores pueden acomodar en las distintas posiciones, corregir detalles tácticos desde el comienzo, trabajar detalles técnicos con presión, y algo que es importantísimo y que hace feliz a los preparados físicos, los jugadores desarrollan todas las capacidades metabólicas (resistencia, fuerza, velocidad, potencia, etcétera) en situaciones reales de competencia. Por otra parte, quizá el lado negativo si no se maneja de forma adecuada, en lo que respecta a los aspectos psicológicos, que sabemos que también se deben de entrenar, las cargas de estrés en los jugadores y cuerpo técnico son elevadas debido a la competencia versus rivales externos.

 

 

Desde que se ha adoptado este modelo de preparación en los equipos mexicanos, las pretemporadas han comenzado a ser grandes generadoras de estrés tanto para jugadores, cuerpo técnico y directivos. El estrés en sí no es malo, es un mecanismo de sobrevivencia de los seres humanos, se vuelve negativo cuando nos domina y nos impide actuar de forma productiva. Un generador de estrés importante son los marcadores, aunque sean encuentros no oficiales, no conozco un sólo entrenador o jugador que sea indiferente a la derrota, sea cual sea la competencia, de ahí la frase muy futbolera “no me gusta perder ni en las canicas”.

 

 

Es aquí donde el título cobra sentido. El gran problema dentro de los equipos, problema principalmente del que es culpable el cuerpo técnico es el de diferenciar el MARCADOR del RESULTADO. Del marcador es lo que se ve en la pizarra, 2-1 ganamos, 1-0 perdimos, etcétera, y el resultado son todas las consecuencias y conclusiones que se pueden obtener de un partido, en las que el marcador es importante pero NO es primordial.

 

 

Esta diferencia entre marcador y resultado va de la mano con el planteamiento de objetivos que el cuerpo técnico, jugadores y directiva deben de acordar en cada una de las etapas del torneo, en este caso en la etapa de pretemporada. Se debe de estipular, antes de comenzar la preparación, qué espera el cuerpo técnico de los jugadores para cada uno de los juegos amistosos, ya sea únicamente soltar las piernas, objetivos de posesión del balón, tener un número específico de llegadas al marco rival, mantener el “cero”, o establecer el objetivo de ganar.

 

 

El establecer objetivos claros, de los cuales todos los miembros del grupo estén enterados, ayudará a restar estrés si los marcadores no son favorables, ya que dentro del grupo se tendrá en claro cuáles son las metas y tiempos para alcanzarlas. Únicamente teniendo los objetivos bien claros, frases como “el marcador es lo de menos en esta etapa”, “la pretemporada es para darnos cuenta de los errores”, “es normal que no hayamos ganado” y otras frases que escuchamos en declaraciones de futbolistas, directivos y entrenadores en referencia a derrotas en partidos amistosos, son verdaderas y tienen validez.

 

 

No me cabe la menor duda que si no se manejan de forma correcta los marcadores de partidos de preparación, al llegar el comienzo del torneo, el peso psicológico de estas derrotas les cobrara factura. Dos ejemplos muy claros que vemos en esto días (aclaro que no tengo la información de cómo se esté manejando internamente en cada uno de los clubes) son los de Chivas de Guadalajara por un lado y Pumas de la UNAM en el otro extremo. Los primeros, Chivas, han ganado los cinco partidos de preparación, incluido un clásico. En cambio, los Pumas han perdido sus cuatro encuentros de pretemporada. Pienso que no llegarán con la misma confianza y seguridad a la Jornada 1 a enfrentar a Santos y a Puebla, respectivamente.

 

 

Pueden objetarme lo que gusten de esta relación entre partidos de preparación y encuentros oficiales, pero psicológicamente está comprobado que los equipos se acostumbran a perder o a ganar, más todavía cuando no se tienen claros los objetivos. Si no, pregúntenle a los jugadores  y cuerpo técnico, integrantes de la Selección de la Copa Oro, la cantidad de dudas e inseguridades que tienen hoy por hoy, después de haber perdido dos de sus partidos de preparación contra equipos de “menor calidad” y comenzar con el pie izquierdo su participación oficial.

 

 

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