Sunday, 09 de May de 2021


Corrigiendo sobre la marcha




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El fin de semana que acaba de terminar se jugó la Jornada 6 del Torneo Apertura 2013. Seis partidos, 540 minutos fueron suficientes para que dos directivas tomaran la decisión de que su equipo con el director técnico que tenían no iba a dar más.

En ambos casos, Puebla y Chivas, el cese de los DT viene también precedido por el torneo anterior, lo que quizá, aunque no creo que justifique la decisión, pero los encargados de “mandar” en ambos clubes, tienen más evidencia para justificar su accionar. Estos dos cuerpos técnicos que han sido removidos de sus puestos son sólo los primeros casos de algunos otros más que seguramente se van a dar, teniendo en cuenta que para la siguiente jornada mínimo otros tres están en la “cuerda floja”.

 

 

El 95 por ciento de los casos en los que se decide “darle las gracias” al entrenador es por malos resultados, el otro 5 por ciento es por cuestiones extraordinarias, muy poco comunes como alguna enfermedad o pésima relación con la directiva (escribo pésima, porque si la relación únicamente es “mala” pero los resultados que se obtienen son buenos, las directivas suelen aguantarse las faltas de respeto). Cuando ocurre esto en cualquier equipo, cuando el cuerpo técnico en turno es despedido y llega uno nuevo, para todos es sabido que la conducta de todos los jugadores cambia, ya que comienza una nueva historia para el futbolista, en la que el que ya había convencido al DT anterior que tenía que ser titular, ahora tienen que demostrarlo otra vez, y en los casos de los que eran suplentes tienen la esperanza de “gustarle” al nuevo entrenador y ganarse un lugar en el cuadro inicial.

 

 

Lo escrito en las líneas anteriores es la justificación de la frase “equipo que estrena entrenador gana”, situación que se repite y repite casi como una ley. En el primer partido que dirige un cuerpo técnico que llegó de relevo a medio torneo, todos los jugadores están más atentos, receptivos, cooperadores, motivados más de lo normal. Ese extra genera que el equipo incremente su nivel de juego hasta un punto en que normalmente les alcanza para ganar el primer partido.

 

 

Repito, la novedad, el “estrenar” DT únicamente alcanza para el primer juego, a partir de la segunda semana de trabajo es cuando se comienza a ver la realidad del equipo. Es justo ahí donde se ve la capacidad de los sujetos que han sido contratados para que, sobre la marcha, compongan el rumbo del equipo, o, si el equipo andaba perdido, darle un rumbo definido.

 

 

El nuevo DT llega al equipo cuando está en crisis, es decir, cuando está en un momento decisivo en el cual el equipo se puede ir para arriba o para abajo. Es lógico que el único antídoto para que el equipo se vaya hacia arriba son los buenos marcadores. Es justo esta, la clara encomienda que la directiva, ya sea de forma frontal o entre líneas, les da un “tienes que ganar”. El “tienes que ganar” que se les exige es una idea del mundo occidental, mercantilista, en la que lo único que se busca es la producción, el resultado, sin parar a observar los costos que esto puedo tener, pero en el puesto de DT que cada vez está más competido, no hay de otra más que aceptar esta responsabilidad y encararla con inteligencia.

 

 

Para mi gusto, para lograr los buenos resultados que se nos exigen, en este caso en situaciones de bastante presión en la que se deben de obtener puntos lo antes posible, y con un plantel que no fue elegido por nosotros, se deben de hacer dos cosas principalmente:

 

 

La primera de estas dos cosas que yo haría la explicaré con un ejemplo. Supongamos que el equipo que te están entregando es una gran torre de juguete construida a base de los pequeños cubos que se van uniendo, el famoso Lego. A tí, DT, te entregan esta torre, tú no la construiste ni elegiste las piezas, pero has aceptado el reto que con las mismas piezas tienes la capacidad de construir algo más espectacular.

 

 

El primera paso, sin aún meter mano, sería analizar desde afuera esta torre. Ya con el estudio perfectamente hecho, procedería a separar cada una de sus piezas hasta desarmar la torre en su totalidad, o si crees que te podría servir alguna columna o detalle de esta torre para tu futuro proyecto, puedes aprovecharla y conservarla. Ya con las piezas (jugadores) separadas, esparcidas sobre la mesa, y con las columnas o detalles de la obra previamente construida (quizá conservar la línea de 3, o la sociedad que hacían los contenciones) que decidiste conservar, se haría un segundo análisis pieza por pieza para ver el mayor provecho que se le podría sacar. De esta forma, el último paso sería, ya con el conocimiento, lo más cercano a la realidad de lo que te puede dar y donde puedes explotar mejor cada uno de estos cubos, comenzarías a colocarlos uno a uno, siguiendo tus planos para lograr crear tu rascacielos.

 

 

Lo otra cosa que yo haría, no importa el orden, no quiere decir que la que mencioné en el párrafo de arriba vaya primero, sería regresar a las conductas bases, back to basics. En la introducción escribía acerca de esta mentalidad occidental reflejada en el deporte en lo que lo único que importa es la producción los resultados. Al “regresar a las conductas bases”, me refiero a darle mucho más importancia a los pequeños pasos que te acercan a los buenos marcadores. Se suele cometer el error de obsesionarte con únicamente conseguir el marcador, descuidando que para que esto sucede se deben juntar un sin fin de detalles que se pasan por alto.

 

 

Al llegar a un equipo, es importante premiarle al jugador por cada conducta de acercamiento, por pequeña que sea, pero que se de cuenta que va por el camino correcto. La suma de estos acercamientos generará que la conducta final, en este caso el día del partido, sea mucho más posible conseguir el marcador favorable.

 

 

 

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