Friday, 14 de August de 2020


Los diputados poblanos sesionaron ayer




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En sesión de periodo extraordinario, los diputados del Congreso local sesionaron ayer para aprobar la reforma energética.

 

Protegida la sede legislativa por un amplio cerco policiaco que se instaló desde la tarde del sábado en las calles aledañas al edificio morisco de la 5 Poniente, no fue suficiente para impedir que se agrediera y se impidiera la entrada del diputado Lauro Sánchez López, a la sesión, quien fue jaloneado por muchos de los miembros de Morena y PRD, que trataban de impedir la reunión de los legisladores.

 

 

Entre 400 y 500 personas se reunieron en los alrededores del Congreso local, pero la Policía impidió que pudieran avanzar más allá de lo permitido.

 

 

Se sabía que la aprobación iba a ser ayer mismo, con lo que Puebla se suma a las más de 15 entidades cuyos congresos locales ya habían aprobado las reformas constitucionales a los artículos 25,27 y 28 de nuestra Carta Magna.

 

 

Nuestros diputados se durmieron un poco. Puebla no está entre las entidades que aprobaron casi de inmediato la reforma energética. Ya entró casi a la mitad del proceso en todo el país. Claro, los diputados estaban en receso (de vacaciones) y hubo necesidad de proceder a convocar a periodo extraordinario, lo que llevó algo de tiempo, pero al final, se incorporaron.

 

 

Falta para ver sus efectos

 

 

Los analistas y comentaristas de la prensa de la ciudad de México no se ponen de acuerdo. Unos dicen que el año entrante empezarán a sentirse los beneficios de las reformas estructurales y otros lo dudan.

 

 

Quienes lo dudan, dicen que lo más difícil no ha sido la aprobación de nuevas leyes, sino ponerlas en práctica. Para esto, señalan, el presidente Enrique Peña Nieto requiere de funcionarios de gran capacidad, pero sobre todo, de gran sensibilidad política y social.

 

 

Si esto no se da, si los funcionarios son incapaces de actuar con el conocimiento y la sensibilidad que se requiera, se va a provocar un problema mayúsculo, pues ya se están viendo las reacciones de los diversos sectores sociales.

 

 

Hay sectores que se sienten agredidos, despreciados. El descontento es mayor, debido al grave problema económico que confrontan millones de ciudadanos mexicanos que tienen empleos precarios o que sencillamente no los tienen.

 

 

Muchos priistas no están muy convencidos de las bondades de las reformas, sobre todo de la energética, pero bueno, alientan la esperanza de que las cosas mejoren, aunque recuerdan también las privatizaciones de la banca, de teléfonos, de los ferrocarriles, de las autopistas, etcétera. En todos los casos se dijo que el país iba a prosperar como nunca, y la verdad es que nuestra economía ya está en manos de españoles y gringos; nosotros los mexicanos tenemos que conformarnos con un banco mediano y otros chiquitos de reciente creación. Es decir, la banca nacional ya no es nacional sino propiedad de banqueros extranjeros.

 

 

¿Irá a pasar lo mismo con el petróleo? Ojalá no, pero la duda está en el aire.

 

 

Por lo pronto, la renta petrolera con la que el gobierno federal cubría muchas de las necesidades del país se reducirá enormemente y no habrá suficientes recursos para satisfacer las necesidades nacionales.

 

 

Este es otro país

 

 

Cuando regresemos al mundo real, después de las fiestas decembrinas, nos encontraremos un país distinto del que conocimos en los años que siguieron a la Revolución mexicana.

 

 

Ni los dos gobiernos panistas, más por ineptitud que por falta de ganas, pudieron hacer un cambio tan dramático del andamiaje jurídico con el que se iniciará 2014.

 

 

La reforma educativa, la reforma de comunicaciones, la reforma hacendaria, la reforma laboral, la reforma energética y en breve la reforma política, dicen que eran necesarias para hacer despegar al país a mejores condiciones sociales, económicas y políticas.

 

 

Pero nos han dicho tantas cosas y han cumplido tan pocas, que si en esta ocasión, no se cumple con lo prometido, hay un grave peligro de estallido social. Esperemos que no se llegue a eso.

 

 

 

 

 

 

 

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