Tuesday, 04 de August de 2020


Cooperacha para los finos gustos del líder sindical




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En un escenario político complejo, Pacheco Velázquez reacciona como los pobres venidos a más: con boato, exceso y músculo, así como para demostrarle a Moreno Valle, a Tony Gali y al mundo que está más fuerte que nunca, que es más feliz que nadie, y que no lo asusta haberle mentido y traicionado a quien será su patrón empleador por los próximos cinco años

Los líderes sindicales se sufren aquí y allá. 24 años toleramos los excesos y abusos de Elba Esther Gordillo. Por las mismas andamos con Romero Deschamps, aunque la reforma energética lo puso en el despeñadero como condición para aprobarla. Sobran en todo el país, y conforme se eternizan en la dirección de la organización, se desquician al entenderla como su patrimonio personal. Así es Israel Pacheco Velásquez, llegado a la Secretaría General del sindicato de burócratas en tiempos del alcalde Mario Marín, y que con más de una década en el cargo perdió los parámetros de la realidad. “El Faraoncito” le llaman entre los cotilleos de los agremiados que sufren sus ansias de grandeza, honores, y claro, dinero. Mucho dinero. Sí, el Elba Esther Gordillo de por aquí cerquita.

 

 

Pacheco Velázquez alimenta una idea fantasiosa desde hace unos años. Su cumpleaños debe ser fuente de regocijo general para toda la organización, y por tanto, todos los agremiados deben contribuir a su felicidad. De modestas contribuciones al principio, la cuota fue subiendo hasta que este año se deschavetó. Hace unos años ambicionaba un reloj fino. Ahora quiere más: una camioneta de lujo valuada en 700 mil pesos. Y nadie mejor para pagarla que los agremiados que deben ser generosos con su líder.

 

 

La cuota obligatoria para los 2 mil 400 agremiados al sindicato de burócratas del Ayuntamiento es de 350 pesos por cabeza, no importando su rango salarial, adscripción o tiempo en la organización. Pero la infamia va a más: ese dinero fue descontado del bono anual que se les otorga en esta fecha para la compra de útiles escolares. En otras palabras: no importa que los niños no lleven a la escuela todos los cuadernos, mientras Pacheco Velázquez tira rostro en su camioneta nuevecita de paquete.

 

 

El sempiterno líder del sindicato del Ayuntamiento no para ahí: además de todo, también debe haber pachanga. A eso se destinan los restantes 140 mil pesos para un fiestón en el Centro Expositor el próximo viernes, donde se cumplirá el ritual de cada año cuando le entreguen su regalo. Cual muchacha emocionada por ganar el concurso de Señorita México, Pacheco Velázquez se hará el sorprendido ante la generosidad de sus agremiados al recibir la camioneta que él mismo ordenó que le compraran. Por supuesto, brindará —sin alcohol porque presume de no beber— por el magnífico presente y futuro de la organización, así como de todas las conquistas laborales obtenidas en su década al frente del sindicato.

 

 

En eso se equivoca: el sindicato del Ayuntamiento no pasa por un buen momento. Hace dos años que los agremiados no reciben su aumento salarial por la necedad de Pacheco Velázquez de condicionar la negociación laboral al otorgamiento de 400 nuevas bases, por lo que el número de agremiados llegaría a 2 mil 800. No sólo el sindicato se engrosaría, sino que además recibiría más regalos de cumpleaños. El cielo es su límite.

 

 

El gobierno municipal de Eduardo Rivera no ha dado a torcer su brazo en la entrega de las 400 nuevas bases, ya que en su interpretación de la ley, sólo deben entregar 200. Pero Israel no cede aunque para ello deban sufrir los agremiados al no recibir el aumento que merecen por ley, que la administración riverista quiere entregar, pero que el líder sindical no acepta hasta que le den sus bases. Pocos cosas ha hecho bien Lalo, y una de esas es no ceder a la extorsión.

 

 

Tampoco es que la organización vaya a tener un futuro promisorio: Israel Pacheco coqueteó con los dos bandos en disputa por la alcaldía a ver quién le pagaba más. El morenovallismo dejó de pujar, e Israel Pacheco fue a entregarse a Enrique Agüera —dicen— por 5 millones de poderosas razones y un amor inconfesable al interior de la BUAP. Todavía le prometió a Gali su apoyo, pero a través de los delegados bajó la orden de apoyar al PRI. Cuando fue descubierto, en Casa Puebla pegaron el grito en el cielo por la traición. Y ya se sabe que el gobernador desprecia sobre todo a aquellos que no cumplen su palabra.

 

 

En un escenario político complejo, Pacheco Velázquez reacciona como los pobres venidos a más: con boato, exceso y músculo, así como para demostrarle a Moreno Valle, a Tony Gali y al mundo que está más fuerte que nunca, que es más feliz que nadie, y que no lo asusta haberle mentido y traicionado a quien será su patrón empleador por los próximos cinco años. La estridencia de su festejo cumpleañero es la reacción natural de quien sabe trae la soga puesta en el cuello.

 

 

Dan tristeza los agremiados del sindicato del Ayuntamiento que sufren a diario al “Faraoncito”. Tienen dos años sin recibir aumento. Los manejan como un rebaño político de acá para allá. Y todavía les arrebatan su bono para útiles escolares para cooperar para la pachanga del Faraón Israel I. Además, claro, su regalazo de una camioneta de 700 mil pesos. Nada mal para un trabajador con sueldo oficial registrado en nómina de 6 mil 789 pesos con todo y prestaciones.

 

 

 

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