Tuesday, 10 de December de 2019


No en balde diputados y senadores son lo más bajo de la escala social




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Javier Lozano, Blanca Alcalá, Javier López Zavala, Enrique Doger, Marisa Ortiz, Jesús Morales, Ana Isabel Allende y compañía llegaron a sus curules y escaños mintiendo. Nunca prometieron subir impuestos. Nunca prometieron destruir el IFE. Nunca anunciaron la modificación de los artículos 27 y 28 constitucionales para privatizar la industria energética. ¿Cuáles serán las consecuencias de sus mentiras?

A mi indignación patriota por la #ReformaEnergética contraataca, con toda la lógica de la realpolitik, un inteligente lector: en una sociedad democrática, las mayorías mandan. Si PRI y PAN tienen los votos suficientes en el Congreso para acometer la reforma constitucional de los artículos 25,27 y 28 es consecuencia del resultado electoral de julio de 2012. Es decir, el centro-derecha, como lo ha hecho, tiene legítima facultad de imponer su modelo de desarrollo pese a la oposición de la izquierda. El argumento parece contundente. En la democracia se gana y se pierde, y ni modo, aquellos que pensaban que el Estado debe mantener el sector energético como monopolio y área estratégica, perdieron las elecciones. Nada que agregar. O quizá sí.

 

 

El argumento tiene una falacia: las elecciones no las ganaron quienes creen que el sector privado debe manejar el sector energético del país, y además, poner de golpe y porrazo a competir contra ellas a Pemex y CFE. Me explico: ni Enrique Peña Nieto, ni los candidatos a diputados federales y senadores del PRI, en ningún momento, ofrecieron en campaña la privatización que votaron en los dos días anteriores. Tampoco lo hicieron los candidatos del PAN. Nadie, en ningún momento, ofreció reformar los artículos 25, 27 y 28 de la Constitución. Echar abajo una de las Decisiones Políticas Fundamentales.

 

 

Es muy sencillo explicar por qué, por ejemplo, ni Blanca, ni Lucero, ni Lozano, ni ninguno de los candidatos ofrecieron la reforma de los artículos 27 y 28 constitucionales: porque ante una medida tan impopular, hubieran perdido. Nadie habría votado por aquel que ofreciera desmantelar a Pemex y CFE. Todos ellos ganaron, sí, pero mintieron a sus electores.

 

 

Pero la mentira en el sistema político mexicano cada vez tiene menos consecuencias. No en balde diputados y senadores son las autoridades con menos credibilidad, peor calificadas del país. Güevones, corruptos, insensibles, mentirosos contumaces. Asumir una representación es parte del escalafón del poder, pero pocos salen bien librados para desde ahí aspirar a posiciones mayores. Son en estricto sentido la clase político, pero también una elite cada vez más lejana del pueblo que los elige.

 

 

Así que haiga sido como haiga sido, PRI y PAN, el PRIAN, tenía la mayoría para modificar el proyecto de país, mientras que una izquierda desordenada, divida, enfrentada, fue incapaz de oponerse. Su frente legislativo careció de credibilidad luego de tantos meses transando en el seno del Pacto por México. Su frente de protesta lució escuálido pues el único líder social del país cayó enfermó. La movilización careció de eficacia.

 

 

El resto de la sociedad, excepto la elite de poder y los curiosos de Twitter, ni fú ni fá. Alienados por la religión, miles de ellos arriesgan la vida en peregrinaciones a la Villa para adorar a la Guadalupana. Veremos si la Virgen los ayuda en 2014 ante los aumentazos que se avecinan. Los otros esperando ansiosos la final América-León, cruzando apuestas a ver cuál de los dos equipos ganará un torneo devaluado. Así se anestesia la sociedad mexicana, con futbol y religión.

 

 

Para revertir la #ReformaEnergética, más allá de aferrarse una consulta popular, la izquierda deberá asaltar el poder de forma democrática para poder reconstruir lo que México ya había logrado en 1938: un proyecto de nación autónomo en economía y política. ¿Cuándo podrá ocurrir eso? El futuro es incierto: el proyecto de López Obrador se agota. En el horizonte no se divisa un líder capaz de sustituirlo, mezcla de credibilidad, austeridad y carisma popular. ¿Quién es el héroe que se avienta?

 

 

Javier Lozano, Blanca Alcalá, Javier López Zavala, Enrique Doger, Marisa Ortiz, Jesús Morales, Ana Isabel Allende y compañía llegaron a sus curules y escaños mintiendo. Nunca prometieron subir impuestos. Nunca prometieron destruir el IFE. Nunca anunciaron la modificación de los artículos 27 y 28 constitucionales para privatizar la industria energética. ¿Cuáles serán las consecuencias de sus mentiras?

 

 

Está en manos de todos los poblanos hacer un ejercicio de memoria colectiva. No dejar que se imponga el olvido. Pagarán con su carrera política. En algún momento volverán a buscar el voto. Unos quieren llegar a la gubernatura, otros se conforman con la mini. Varios de ellos querrán ser alcaldes o senadores.

 

 

A todos hay que darles la misma respuesta: que vayan y que privaticen a su chingada madre, como lo hicieron con la Patria.

 

 

 

 

 

 

 

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